Mi hija llevará el apellido de la madre

A veces me da por imaginar el futuro. Me veo recogiendo a mi hija en el colegio y un profesor, al verme, me reconoce.

—¡Anda! ¿Es su padre? Como no lleva su apellido…

Más allá de los delirios que supone imaginarse un escritor reconocido, me gusta pensar que no se me identificará como su padre por un mero apellido.

Hace mucho, buscábamos los teléfonos de los compañeros de colegio por su apellido, asumiendo que la línea de teléfono fijo estaría a nombre del padre (cuánta tradición mal entendida hay en esa simple acción…). A partir de ahora, ya no tendrá por qué ser así.

No será obligatorio poner el nombre del padre ni tendrá preferencia legal. Pero me da la impresión de que muchas parejas continuarán con esa costumbre.

Nosotros decidimos hace ya un tiempo que un futuro niño llevaría el apellido de su madre. Por entonces no sabíamos nada de esta ley y vimos que no era tan sencillo; pero no importó.

Lo propuse yo, en parte harto de que me envíen penes por Twitter y Facebook, y de que al buscar mi nombre completo en Google y redes aparezcan noticias, foros y vídeos de homosexuales. No soy homófobo. Pero si busco una reseña de mi libro no me apetece encontrarme con un latinoamericano enseñando su pene erecto, maniático que es uno (si no me creen, hagan la prueba).

Pero el motivo principal era que no veía motivo alguno para esa costumbre. Si escogemos entre los dos el nombre, ¿por qué no el apellido?

Es casi una cuestión política (lo personal es político y esas cosas). Porque los hombres debemos también defender el feminismo en lo que nos afecta; y llevamos siglos de preferencias masculinas. Me parece arcaico que una mujer tome el apellido del marido al casarse, como sucede en Estados Unidos. Pero que un hijo tenga el apellido del padre es también machismo, aunque quizá en otro grado.

Hubo quien no entendió esta decisión, dijo que le parecía una tontería y que no veía la necesidad. Otros pensaron que era un capricho de mi mujer y yo, “calzonazos”, había cedido. Al contrario.

No se trata de preservar yo qué sé qué, sino de que nuestra hija tenga un nombre bonito, acompañado de un apellido acorde. Se va a llamar Vega y Vega Gay no suena nada bien. Pero aunque fuera Blanca, seguiría siendo Blanca Castelló.

Habrá quien piense (como este artículo de Libertad Digital) que el orden de los apellidos es una ocurrencia y no aporta nada. Si así fuera, ¿por qué escuece a ciertos hombres? Los detalles y los símbolos importan, y el orden de los apellidos es uno de ellos.

Así que, muy orgulloso, en octubre iremos al registro y escogeremos el apellido de la madre. Y cuando sea mayor y pregunte, le diremos que es una forma de avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres, para que también crezca con esa idea incorporada a su vida.

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4 respuestas a Mi hija llevará el apellido de la madre

  1. paulafigols dijo:

    ¡¡Felicidades por vuestra maternidad / paternidad y por vuestra decisión con el apellido!! Me parece un pequeño gran paso por la igualdad. Un abrazo

  2. L P Fabiani dijo:

    ¡Muchas felicidades por el embarazo desde el otro lado del mundo!

    Sabiendo que desde un punto de vista objetivo todas las soluciones tienen ventajas y desventajas, siempre es bueno saber cuál es el origen de que el apellido del padre tenga preponderancia, en qué momento histórico ésa fue la mejor solución para las circunstancias dadas, y cómo esa solución ha evolucionado en el tiempo. Sin ser un experto, creo que todo surge precisamente de la dificultad de demostrar una paternidad; el hijo no tenía siempre el apellido del padre, sino que el padre concedía su apellido (como privilegio) a aquellos hijos que reconocía como tales (hablo de costumbres mediavales, que es cuando surgen los apellidos españoles actuales; en Roma el sistema de los apellidos era completamente diferente). La madre, biológicamente, tenía muchas menos opciones de rechazar la maternidad (aunque las había) y la sociedad no realizaba una protección del menor y sus derechos como la que disfrutamos ahora (que también es mejorable, pero le da mil vueltas a la que ha habido durante milenios). El que tu padre te reconociera y otorgara el apellido era una honra frente a ser un bastardo. En algún momento dicha honra pasó a ser ley, para proteger a los hijos y obligar a los padres a reconocerlos, con todas las ventajas que ello conlleva tanto para el menor como para la madre. Y después, en algún momento, eso se consideró algo machista. Lo que ocurrió por en medio se me escapa.

    Personalmente me gusta el modelo portugués: los hijos toman el 1er apellido de la madre y el 2º apellido del padre (en ese orden). Esto hace que el apellido materno perviva por herencia femenina, y el apellido paterno perviva por herencia masculina, generación tras generación.

  3. Rafael Glez Marcote dijo:

    Enhorabuena!…muy orgullosos nosotros también de que nuestro peque lleve el apellido de la madre primero!

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