Presentación de “Retrón” en Madrid

Ayer fue un día muy especial.

Apenas un mes después del lanzamiento, presentamos Retrón en Madrid. Y lo hicimos a lo grande: en el Espacio Fundación Telefónica, donde nos trataron de maravilla y en un auditorio fantástico.

En ese escenario estuve muy bien acompañado por mi editora, Oihana Iturbide, el periodista Antonio Martínez Ron y el científico Lluís Montoliu. Los tres son personas inteligentes, audaces, trabajadoras y, dato importante, muy divertidas.

Pero en las butacas estaba el resto del equipo de Next Door que ha hecho posible de un modo u otro la existencia de este libro. Una reunión familiar que nunca se había dado.

El día anterior, Antonio Martínez Ron publicó un nuevo capítulo del podcast Catástrofe Ultravioleta, en el que Montoliu y yo hablamos de ciencia, albinismo, de los caprichosos caminos de la genética y de la discapacidad. Todo con humor (acuñando términos como retrón-ninja) y arropados por el buen hacer del equipo de Catástrofe Ultravioleta. Podéis escucharlo aquí.

Llegada a Madrid y volando a RNE, para participar en Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García. Tras saludar al gran Pepe Cervera, entré en estudio para responder a entrevista valiente en la que, por fin, alguien preguntó sobre el aborto en caso de discapacidad. Aquí dejo el podcast, por si queréis saber lo que opino sobre el tema.

Por fin, una presentación (Fundación Telefónica la grabó y puede verse aquí) en la que hubo espacio para la reflexión y para el humor; para hablar de ciencia, de arte y de discapacidad; para preguntas y para muchas firmas (voy mejorando mi caligrafía).

Preparé un breve texto introductorio y algunos de los asistentes me pidieron que lo compartiera para leerlo con calma. Aquí está; espero que os guste y mil gracias a los que vinisteis. Espero vuestras opiniones :)

***

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?

En los libros figuran los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?

(…)

El joven Alejandro conquistó la India.

¿El sólo?

César venció a los galos.

¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?

Felipe II lloró al hundirse

su flota. ¿No lloró nadie más?

Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.

¿Quién la ganó, además?

Una victoria en cada página.

¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?

Un gran hombre cada diez años.

¿Quién paga sus gastos?

He querido recordar el poema de Bertolt Brecht porque sintetiza un mensaje que trato de enviar en el libro. Que el “si quieres puedes” y los ejemplos de superación son un mito. De igual manera que los reyes no ganaban guerras en solitario, tampoco aquellas personas con discapacidad triunfan en solitario, cuando lo hacen.

De un tiempo a esta parte nos intentan inculcar un modo de pensar que, en mi opinión, está alejado de la realidad. Ese mito de la persona hecha a sí misma, que parte de la nada y llega a conseguir sus sueños. Unos sueños que serán políticos, otros empresariales y otros vitales.

Los mitos suelen servir para controlar a una población y suelen son falsos. Creo que este mito en concreto busca fortalecer la creencia en el individualismo y disminuir la importancia de la sociedad en la vida de cada persona. Si triunfa, lo ha conseguido con su esfuerzo; si no, es que no se ha esforzado lo suficiente. La sociedad no ha influido en nada. La sociedad, como decía Margaret Thatcher, no existe.

Y sin embargo, sí existe. Y sí influye. Mi vida hubiera sido otra si mis compañeros me hubieran insultado, si nunca hubiera cogido gusto por la lectura, si mis padres no me hubieran animado a estudiar o viajar. También, si viviera en Estados Unidos y las operaciones que llevo encima hubieran supuesto la ruina de mi familia, o si viviera en un pueblo poco accesible a la silla de ruedas o en una gran ciudad, como Madrid, en la que tengo problemas para ir en Metro.

El azar reina sobre nuestras vidas, aunque a veces queramos ignorarlo y pretender que controlamos nuestros actos y decisiones.

Este mito de “si quieres puedes” es el que he intentado desmontar en las páginas de Retrón. Querer es poder (a veces). Si hubiera creído en él, si hubiera seguido la tónica de los coaches, de las personas que dan charlas motivacionales, sería un libro muy diferente.

Pero de lo que se trata es de añadir algo nuevo y eso, modestamente lo creo, lo hemos conseguido con Retrón.

Hay otro mito, casi un prejuicio, que quería combatir: es el de la compasión. Pobrecito, que no tiene brazos. Les contaré una anécdota, ya casi para terminar.

Una mujer en silla de ruedas, acompañada por su asistente latinoamericana, me vio por la calle. Pobrecito, dijo. La asistenta replicó: Usted qué sabe, igual es más feliz que nosotras. Y cerró, la anciana: ¿Cómo va a serlo, si no tiene brazos?

Me decía una persona que tras leer este libro ya no ve a los discapacitados con los mismos ojos. Ya no le dan pena.

El día que veamos una persona con discapacidad y no sintamos pena ni admiración, será un día bonito.

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