Realidad y relato. Patria y Knockemstiff

Este fin de semana he terminado dos libros que tenía pendientes desde hace un tiempo y los dos me han dejado una sensación similar. Uno es Patria, de Fernando Aramburu; otro Knockemstiff, de Donald Ray Pollock.

Patria ha nacido para ganar todos los premios y ser la novela más vendida del año. Digo vendida y no leída porque no es una lectura sencilla.

Aramburu se ha librado de las ataduras y ha hecho lo que ha querido, no sólo en la estructura sino en la forma de construir frases. Un estilo muy libre, que conjuga en un mismo párrafo la primera, tercera y aun segunda persona; que mezcla tiempos narrativos; se ayuda de preguntas, admiraciones y comentarios que sacan de la historia para, precisamente, avanzar en la historia sin preocupaciones.

A veces, sin embargo, me ha parecido impostado. Algo similar y mucho más atrevido hizo Juan Goytisolo hace 40 años. En ocasiones Patria me recordaba a ese estilo libre y directo y entonces la novela se resiente.

En cuanto a la historia en sí, hay quien dice que hay mucho estereotipo; y es cierto. Pero no porque la novela los cree, sino porque refleja una realidad cuajada de clichés. No soy ni mucho menos experto en el terrorismo etarra y su entorno, pero creo que refleja bien que unos y otros acabaron siendo meros personajes, copias de una forma de actuar.

Pocas novelas pueden sostenerse durante 650 páginas sin perder fuelle. Patria tampoco lo consigue, pero por muy poco; tal vez le sobren 70 páginas, no más. A cambio, ha logrado emocionarme como hacía mucho que no lo lograba ninguna novela. Curiosamente, las mejores páginas no son las que se refieren directamente a ETA, sino aquellas que muestran el declive de un matrimonio, la soledad de una viuda, la enfermedad de una mujer en su plenitud, el deseo de volar lejos de una estudiante o la pelea por normalizar una relación homosexual.

Knockemstiff también habla de estereotipos, en este caso de la América profunda. Sus personajes son Cletus, aquel pueblerino inculto, bruto y necio de Los Simpsons. Ray Pollock escribe un puñado de relatos que duelen al ser leídos.

Aquí no hay juegos narrativos. Sólo hechos obscenos, violentos, sucios y tristes. Personajes sin futuro que se repiten en diferentes relatos. Uno querría pensar que son sólo personajes inventados, que sus vidas no son así. Y es posible que exista cierta exageración, pero, de nuevo, no mucha. Estos blancos pobres, borrachos y violentos existen; trabajadores que se dejan la piel durante años para tener una casa endeble y una nevera con más cervezas que comida; jóvenes incapaces de salir del pueblo y cuya única diversión es el sexo sucio y el alcohol barato. Parias que necesitan culpa a alguien de su situación y, años después, acabarán por votar a un Trump cualquiera.

Quizá sobre algún relato, pues cansa tanta sordidez, pero no importa: al leer el cuento final todo cobra sentido y cierras el libro con la sensación de haber leído una obra redonda.

Knockemstiff y Patria son muy diferentes, pero tienen puntos en común. Ambos tratan de reflejar un lugar y unas gentes marcadas por una realidad que se impone sobre sus vidas, que las dirige casi, y de la que es muy difícil escapar.

Sólo la literatura puede intentar dar sentido a esa realidad, y ganar así la batalla del relato.

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