En defensa de la cultura como negocio

La cultura no da trabajo. La cultura no sirve para pagar una hipoteca. ¿Quieres ser escritor, tal vez cantante? Muy bien, tu sácate unas oposiciones y por las tardes te dedicas a tu hobby. Porque no es más que un hobby, ¿verdad?

A fuerza de repetir este mantra, se ha convertido en verdad. O tal vez sea que los mayores ya saben que en España nadie respeta la cultura y es casi imposible vivir de ella. Mejor tener un colchón…

Tres de cada cuatro actores y actrices no pueden vivir de su trabajo. Han dedicado años de estudio y esfuerzo a una actividad que llena los corazones y las mentes de otras personas, pero no su cuenta bancaria. Cuando tu trabajo no sirve para pagar facturas, no es un trabajo.

Parecido sucede con los escritores. Son conocidos por sus libros, pero pagan las facturas con charlas, columnas o prólogos. Unas actividades que surgen del libro original y sirven para llenar la nevera.

Descubrimos que un actor al que se presuponía una estabilidad por salir en TV ahora sobrevive recitando poemas en el metro. La pobreza no conoce límites, no distingue de profesiones. Directoras de cine brillantes que han estado a punto de ganar un Goya deben dar clases para llegar a fin de mes.

¿Imaginamos a un trabajador de banca tan conocido por su trabajo en la oficina que le ofrecieran dar clases de economía y fueran esas clases las que realmente sustentaran sus finanzas?

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En este país la bohemia ha estado siempre mal vista. El mismo que disfrutaba con la música, la literatura o el cine despreciaba a los músicos, escritores y actores. ¡Qué contradicción!

De poco sirve decir que el arte eleva y completa a una sociedad, que es alimento para el cerebro; que sin escritores ni músicos ni personas que se transformen delante de una cámara todos estaremos un poco más vacíos. No, esas palabras no resuenan, ni siquiera llegan a entenderlas del todo. Vivimos en el capitalismo, guste o no. Y hay que hablar su lenguaje.

Tal vez haya que decir que la cultura es un contenido que el cliente puede consumir. Que hay millones de personas dispuestas a pagar una cantidad determinada por ver películas o leer libros. Ese dinero no sólo va destinado a los artistas; detrás de ellos hay mucha gente.

Detrás de un libro hay un escritor, un editor, maquetador, corrector, fotógrafo, responsable de prensa, distribuidor, señor que conduce el camión que va a la librería y librero (seguro que me olvido a muchos otros eslabones). De todas esas personas, sólo una es un creador, sólo una trata de vivir de su hobby, la escritura. Pero ese hobby crea puestos de trabajo, que hoy escasean.

Lo mismo sucede con el cine y la música, a mayor escala. La cultura también es un negocio, también crea empleo, sus trabajadores pagan impuestos y contribuyen a que la rueda siga girando.

Aunque sólo fuera por eso, las administraciones deberían dar el apoyo que se merece. Un apoyo que no tiene que ser sólo económico. Puede ser cambiando el relato, diciendo a los estudiantes que es igual de bueno ser artista que empresario o abogado, construyendo una educación artística sólida y completa…

Y tal vez, en un futuro, un padre no tiemble si su hija le dice que quiere ser artista.

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