Otras voces: George Orwell y la realidad

Encuentro estos párrafos de George Orwell en el blog de Daniel Gascón. Están escritos en 1946. Podrían ser de 2013

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La cuestión es que todos somos capaces de creer cosas que sabemos que son falsas, y luego, cuando finalmente demuestran que nos equivocamos, de retorcer sin pudor los hechos para mostrar que teníamos razón. Intelectualmente, es posible realizar este proceso durante un tiempo indefinido: la única pega es que tarde o temprano una creencia falsa choca con la dura realidad, normalmente en un campo de batalla.

Cuando uno mira la esquizofrenia predominante en las sociedades democráticas, las mentiras que se deben contar para conseguir votos, el silencio sobre los asuntos importantes, la distorsión de la prensa, resulta tentador creer que en países totalitarios hay menos patrañas, que se afrontan más los hechos. Allí, al menos, los grupos dominantes no dependen del favor popular y pueden enunciar la verdad cruda y brutalmente. Goering podía decir ‘Armas antes que mantequilla’, mientras que sus rivales demócratas tenían que envolver la misma idea en cientos de palabras hipócritas.

En realidad, sin embargo, la evitación de la realidad es en general la misma en todas partes, y tiene en general las mismas consecuencias. Al pueblo ruso se le enseñó durante años que estaba mejor alimentado que todos los demás, y los carteles de propaganda mostraban familias rusas sentadas ante una comida abundante mientras el proletariado de otros países moría de hambre. Luego, a causa de la guerra, millones de rusos corrientes recorrieron Europa, y cuando vuelvan la evitación original de la realidad habrá de pagarse con fricciones de distinta clase.

Ver lo que tenemos delante de las narices requiere una lucha constante. Una forma de ayudar a hacerlo es llevar un diario, o, en todo caso, mantener algún tipo de registro de las opiniones que tenemos sobre acontecimientos importantes. De otro modo, cuando los acontecimientos destruyen una creencia particularmente absurda, uno puede simplemente olvidar que la tuvo. Las predicciones políticas suelen estar equivocadas. Pero incluso cuando uno hace una correcta, descubrir por qué tenía razón puede resultar muy iluminador. En general, uno solo tiene razón cuando el deseo o el miedo coinciden con la realidad. Si uno se da cuenta de eso, no puede, por supuesto, librarse de los sentimientos subjetivos, pero puede, hasta cierto punto, aislarlos de su pensamiento y hacer predicciones fríamente, siguiendo el libro de la aritmética. En su vida privada, la mayoría de la gente es bastante realista. Cuando uno calcula el presupuesto de la semana, dos y dos son invariablemente cuatro.

La política, por otra parte, es una especie de mundo subatómico o no euclidiano donde es bastante fácil que la parte sea más grande que el todo o que dos objetos estén en el mismo lugar simultáneamente. De ahí las contradicciones y los absurdos que he señalado arriba, todos finalmente vinculados a la convicción de que las opiniones políticas que tenemos, a diferencia del presupuesto semanal, no tendrán que enfrentarse a la dura realidad.

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