Page One: el declive del New York Times (y de muchos diarios)

1.-

“Describe tu aldea y habrás descrito el mundo”. Esta fase de Tolstói sirve de titular para este documental, que narra un año de vida en el New York Times. A través de las palabras de algunos de sus trabajadores, de los fiascos que comete y de los experimentos que pone en marcha para aumentar las ventas y los beneficios tenemos una visión global de la situación actual del periodismo.

El NYT fue fundado hace 160 años, acumula más de 100 premios Pulitzer y su web tiene 30 millones de visitas únicas cada mes. Aún así, sufre los mismos problemas que cualquier diario local. La publicidad ha caído en picado, las ventas en papel no dejan de descender y se suceden los despidos. Hay muchas razones para estos 3 males, pero pueden resumirse en una palabra: Internet.

Page One deja claro que la red ha hecho mucho daño al periodismo. No la demoniza, entiende que no hay vuelta atrás y que los pros superan con creces a los contras. Pero los anuncios por palabras ya no dan tanto dinero como hace 20 años; quien busca un coche, una casa o sexo no abre los clasificados del NYT, del Heraldo o de El País: entra en internet. A esto se suma la crisis económica, que ha obligado a las empresas a reducir su gasto en publicidad. Hay que recordar que el verdadero beneficio de un periódico no viene de la venta de ejemplares, sino de la venta de espacio publicitario; ahí está el ejemplo de los gratuitos…

Mientras, crece el número de ciudadanos que prefiere entrar en la web a comprar la versión en papel. Como la publicidad digital se paga a menor precio, y además está estancada, de poco sirven los millones de visitantes. Para rematar la faena, los navegadores permiten el bloqueo de anuncios para leer un diario sin ver un solo coche o banco (algo imposible en papel).

Sin embargo, una de las principales las claves de la decadencia del NYT y otros diarios es la pérdida de la calidad. No se suele hablar de ella -claro, no lanzan piedras a su propio tejado- pero es patente. El documental recuerda el caso de Jayson Blair, periodista estrella que basó su fama en el corta-pega de reportajes escritos por otros periodistas en diarios locales. Su dimisión puso en evidencia la falta de control de los editores del periódico. La credibilidad, la relación de confianza con los lectores se había roto. También se recuerda a Judith Miller, la periodista que aseguró que había armas de destrucción masiva en Irak. La administración Bush dijo que sus reportajes eran un motivo más para ir a la guerra.

La buena información, la seriedad en la selección de noticias, el mantenimiento de una misma línea editorial, la calidad de la escritura… Quien olvida estos elementos esenciales pierde lectores. Quien los cuida, gana. Si no, que se lo digan a The Economist.

2.-

El eje del documental es un ex cocainómano que pasó por la cárcel, crió a sus hijos en solitario con la única ayuda de la beneficencia y terminó por escribir sobre medios en el NYT. Se llama David Carr y no se muerde la lengua. Es cínico, directo e incisivo. Sus entrevistas son periodismo, no peloteo. No teme al futuro de los medios, pero lo ve muy negro.

Junto a él, escuchamos al ex director del NYT, Bill Keller, asistimos a reuniones de contenidos, vemos el ritmo diario de editores y reporteros y conocemos a Brian Selter, un joven que abrió un blog, tuvo éxito y fue contratado por el NYT para escribir sobre medios. El viejo y el nuevo periodismo. El tipo que no se fía de Twitter y el que trabaja con 5 pantallas en su mesa.

El bloque dedicado a los agregadores es muy interesante. La posición de David Carr es muy clara: son el enemigo. A su juicio, los fundadores de estas plataformas van de modernos, de gurús, pero sólo son ladrones. Vemos y escuchamos a periodistas de raza, a fundadores de agregadores de Estados Unidos y a responsables de Google News. En un momento dado, la comisión del Senado de EEUU interroga a Arianna Huffington y a una directiva de Google. John Kerry las acusa de torpedear la industria periodística, de enriquecerse a costa de otros. Qué envidia, tener un Parlamento dispuesto a hacer preguntas incómodas. Qué diferencia con el bochorno de la comisión de las cajas de ahorro…

Los últimos minutos de Page One están dedicado al hundimiento de Tribune, un conglomerado mediático propietario de 23 canales de TV y 12 diarios que se declaró en quiebra en 2008. A través de la investigación de David Carr, conocemos el proceso que llevó a este gigante a la ruina. Sirve como ejemplo de lo que no hay que hacer.

Un año antes de la quiebra, el magnate de la construcción (mejor dicho: de la especulación inmobiliaria) Sam Zell compró Tribune por 8 mil millones de dólares y se convirtió en presidente de la compañía. Desde entonces, se dedicó a conseguir beneficios a toda costa, sin importar cómo. Dirigía una empresa de comunicación pero podría haber dirigido una fábrica de cajas de cartón.

Cuando sólo se busca el dinero, se puede ganar mucho dinero; pero se acaba por perder la empresa.

El documental nos muestra una discusión entre Zell y varios trabajadores. Protestan por el tono de las noticias. Pero, dice Zell, si hay que dar porno o gatitos en Youtube, se da. Y punto. El periodismo salta por la ventana. Es la hora del entretenimiento. Si la gente prefiere leer sobre el tanga de Shakira que sobre la especulación sobre el arroz, hay que dar a la gente lo que quiere. ¿Les suena de algo?

¿Cuál es el futuro de los medios? Nadie lo sabe. El documental sobre expone una situación, no da recetas. Quizá una, aunque de forma velada: haz bien tu trabajo, haz periodismo de calidad, y el resto vendrá solo.

____________________

Page One se puede ver en Filmin

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Medios de comunicación y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Page One: el declive del New York Times (y de muchos diarios)

  1. aoller dijo:

    Pues sí, me parece muy acertado todo esto que dices. Todo reposa, sin embargo, sobre un supuesto implícito: “hay mercado para el periodismo de calidad”. ¿Es eso cierto? Quizás hoy en día aún lo haya, pero pienso que va a ir reduciéndose drásticamente.
    Cada vez más hay sólo espacio o para el “entretenimiento” basura o para la propaganda. No es ya que la gente demande sólo estos dos aspectos, sino que no concibe la existencia de una tercera vía. La mayor parte de la gente cuando busca información sólo busca confirmación. Si lo que lee no refuerza sus prejuicios, valores, etc. lo desecha. Esto vale para los dos lados del espectro político y se refleja, cada vez más, en la ausencia de debate político real tanto en el parlamento como en los medios. Los partidos se dirigen sólo a sus votantes potenciales, los medios igual.
    Si desde la educación se fomentara el pensamiento crítico, el debate de ideas, la discusión educada seguramente esto podría cambiar. Pero aquellos encargados de la educación, en gran medida, comparten los defectos anteriores y, los que no los comparten, se encuentran generalmente deasistidos e indefensos ante la falta de medios y de colaboración institucional o de los propios compañeros.
    En fin, pesimismo total.

  2. Pingback: Page One: el declive del New York Times (y de muchos diarios)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s