Protectorado de soberanía suspendida

Interesante Carta de Pedro J. Ramírez en El Mundo. Coincido con él: España se acerca a la definición de “estado fallido”

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En materia económica, la Comisión Europea ha pasado a ser el verdadero gobierno de España, asumiendo unas labores de «guía» en sentido amplio que incluyen la definición de medidas a tomar, su imposición práctica y el control de su aplicación. El Ejecutivo de Rajoy ha quedado paralelamente relegado a una mera función instrumental, a modo de correa de transmisión o simple maquinaria administrativa.

España se ha convertido en un «Estado fallido», incapaz de valerse por sí mismo para garantizar su normal funcionamiento, como consecuencia de la baja calidad de su sistema político.

Está muy bien la coletilla retórica de que saldremos adelante porque España es una gran nación pero, a juzgar por experiencias que se acumulan a diario, más bien habría que admitir que a menudo parecemos uno de esos estados que, según el profesor de la Universidad de Boston Robert Jackson, deberían colgar un cartel en la frontera con el rótulo «Atención: este país puede ser peligroso para su salud».

Sólo los muchos que viven de eso niegan que el Estado de las Autonomías se ha pervertido en un disparate tan ridículo como gravoso y que la clase política ejerce sus competencias dentro de la más ineficiente e insultante endogamia. La combinación de ambos factores generó el sistemático latrocinio y hundimiento de las cajas de ahorros. Una y otra vez se repetía el mecanismo: la Comunidad correspondiente colocaba al frente de las entidades a servidores fieles, casi siempre incompetentes y a menudo venales, cuya única obsesión era favorecer a quienes a cambio favorecían a sus señoritos.

Todo eso sucedió dentro de una lógica partitocrática que sigue en vigor sin variación ni cuestionamiento alguno a la espera de nuevas cosechas de abusos y desastres. Ni los medios de comunicación ni el mundo empresarial o el de la cultura le importan demasiado (a Rajoy). Su fuente de poder y legitimidad es un partido que en la práctica tiene una de las dos únicas licencias de gobierno en el closed shop de nuestra democracia. Y el círculo se cierra en la medida en que la falta de democracia interna y el sistema de listas cerradas permite que esos de quienes únicamente depende Rajoy dependan a su vez únicamente de él. ¡Cómo no van a aplaudirle diga lo que diga: lo harían incluso si hablara en chino!

Todos los errores garrafales cometidos al formar un gobierno sin vicepresidente económico cuando más falta hacía, subir el IRPF en lugar del IVA, aplazar el Presupuesto hasta después de las elecciones andaluzas o afrontar la crisis bancaria a cámara lenta -no vayamos a hacernos daño- son fruto de esa lógica por la que el partido es el principio y el fin de todas las cosas. Y el cómodo ensamblaje del PP en ese sistema que secuestra de facto los derechos de representación política convierte en ilusorios los sueños regeneracionistas por mucha mayoría absoluta que pudiera avalarlos.

Emprender la reforma del Estado no garantiza el éxito, pero abstenerse de hacerlo hace mucho más probable el fracaso. Y en esa tesitura a Rajoy ya no le quedaría margen para mariposear sobre Pearl Harbor como hizo Zapatero, sino que tendría que asumir el mucho más deshonroso papel del plenipotenciario japonés que firmó la rendición a bordo del portaaviones norteamericano.

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