Obviedades (no tan obvias) del sistema electoral

1.-

La mayoría de los ciudadanos no vamos a votar ni a Rubalcaba ni a Rajoy. Tampoco a Cayo Lara o Rosa Díez o Juantxo López de Uralde. ¿Por qué? Porque la mayoría de los ciudadanos reside fuera de la comunidad de Madrid.

Es una obviedad pero, como tantas otras, es necesario recordarlo. Hace unos días Jorge Romance escribía en su blog que los candidatos en realidad no son candidatos. Muy cierto. Alfredo Pérez Rubalcaba es el cabeza de la lista del PSOE por Madrid. Nada más. Y Mariano Rajoy es el cabeza de la lista del PP por Madrid. Esto significa que si el PSOE o el PP de Madrid lograra un único escaño, éste sería para Rubalcaba o Rajoy.

La sociedad ha asumido que estos cabezas de lista de la capital son los aspirantes a presidente del Gobierno. Y no tiene por qué. La Constitución dice que el Rey consultará con los grupos parlamentarios surgidos de las elecciones y propondrá un candidato. Esta persona debe cumplir dos requisitos: ser español y ser mayor de edad. Rubalcaba, Rajoy y millones de ciudadanos los cumplen.

Lo común es que los grupos parlamentarios propongan a sus líderes, es un pacto tácito. Pero podría no ser así. De hecho, el PP podría sugerir al rey el nombre de José María Aznar y, gracias a la probable mayoría absoluta, este señor podría volver a ser presidente.

2.-

También es común pensar que los diputados deben cumplir los deseos de la ciudadanía. Y no es así. Veamos por qué.

La Constitución reza:

Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo.

El mandato imperativo es una figura jurídica de los primeros tiempos del parlamentarismo. Este mandato obligaba a los representantes a seguir la voluntad de aquellos que les eligieron. Fue suprimido en la Revolución Francesa bajo el argumento de que los diputados representaban a la Nación, y la Nación no debe obedecer a nadie. En su momento fue una buena idea: así los diputados tenían libertad para legislar (algo que en aquellos años escaseaba). La pregunta es: ¿y ahora?

En la España actual rige el mandato representativo. En teoría los diputados son libres, pueden votar según su conciencia y nadie puede presionarlos o sancionarlos por votar en uno u otro sentido. Pero ya se sabe: en teoría funciona hasta el comunismo.

Bromas aparte, lo cierto es que hoy rige un peculiar mandato imperativo: el de las directivas de los partidos políticos. El diputado del PSOE por Zaragoza es, en principio, libre de apoyar o no las iniciativas de su grupo parlamentario. Pero en la práctica debe obedecer la disciplina de voto. Y quien no lo hace es castigado con una multa.

También existe un soterrado mandato imperativo cuando los diputados “barren para casa”, cuando quieren apoyar a sus ciudades, Comunidades Autónomas… Olvidan que representan a todos los ciudadanos, no sólo a los de su ciudad, no sólo a los de su comunidad, y no sólo a quienes les votaron.

Por estas razones, las listas abiertas son inútiles. Ya existen para el Senado y no cambian nada. ¿Quién conoce al diputado de su provincia? Y aun conociéndolo ¿de qué sirve, si va a votar lo que diga su partido?

3.-

La pregunta que surge al unir estas dos realidades (las listas y la disciplina de voto) es: ¿tiene sentido que existan tantos diputados? ¿Para qué queremos 150 diputados de un mismo partido si todos van a opinar igual? ¿No sería mejor que hubiera un diputado por partido y que su voto valiera más o menos según el apoyo recibido en las elecciones?

La contraargumentación es que los diputados son necesarios ya que constituyen la asamblea legislativa, de ellos nacen las leyes. De nuevo, en teoría sí. En teoría hay separación de poderes: las Cortes legislan y el Gobierno ejecuta estas leyes. Pero ¿se cumple? Da la impresión de que es el gobierno quien impulsa las leyes que luego son aprobadas por los diputados (que, claro está, deben votar siempre según las órdenes de su jefe). Eso, cuando no gobierna a golpe de decreto ley, sin pasar por las Cortes.

Por supuesto, no sugiero reducir a 5 o 6 el número de diputados. Es una exageración, pura retórica. No quiero diezmar el Congreso, pero sí sería bueno pararse a pensar en la contradicción entre ciertas costumbres y la ley.

Sólo entendiendo la divergencia entre teoría y realidad, comprendiendo cómo funciona el sistema de representación política podemos empezar a cambiarlo.

4.-

El 20 de noviembre sería bueno fijarse en los nombres que figuran en la papeleta que elijamos, para seguirles el rastro durante los próximos 4 años. No sea que en la fiesta de la democracia nos den garrafón.

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7 respuestas a Obviedades (no tan obvias) del sistema electoral

  1. Asawq dijo:

    ¿Puta retórica o pura retórica? jejeje

  2. eduardo dijo:

    Dirás que reducir el número de diputados a 5 o 6 es pura retorica, pero en realidad nos ahorraria una pasta descomunal. Pensar que UPyD pide aumentar el número a 400, en fin…

  3. Yo dijo:

    Pues oye, que quieres que te diga, yo reduciría el número a 1: yo.

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