A garrotazos

Escribir es abrir una puerta a las críticas. No importa que seas novelista, dramaturgo, periodista o bloguero. Hace 15 años, eran pocos los que se sometían a la crítica. Primero porque era relativamente escaso el número de personas que escribían; y segundo porque no era tan sencillo que las reacciones de los lectores llegaran a sus oídos.

Pero los tiempos han cambiado y hoy somos legión los que escribimos blogs, tuiteamos, o colgamos frases en nuestro muro. Y, al hacerlo, abrimos la puerta a todos los dispuestos a criticar cada palabra.

Estos párrafos vienen a colación de un post que escribí en mi blog de cine (Aprendiz de guionista) y después colgué en Espoiler (un híbrido entre blog y red social de visita obligada para los amantes de las series). Al parecer, el artículo en cuestión no gustó.

En él comparaba dos series policíacas: The Shield y The Wire. La segunda ha sido ampliamente elogiada y está considerada la mejor serie de TV; la primera es mucho menos conocida. Yo argumentaba que The Wire no era tan buena y que The Shield era superior en algunos aspectos. Que The Wire tenía momentos sublimes pero fallaba en conjunto; y que The Shield conseguía, sin aspavientos, llegar a cotas similares de calidad.

Como digo, no gustó. Pero más allá de tener alguna herida en mi ego, que la tengo, en las decenas de comentarios he podido ver un reflejo del nivel intelectual de España. Poniéndome en la piel del Javier Marías articulista, me gustaría señalar algunas de sus características.

Para empezar, aquí no se debate: se agrede, se ataca. Es raro que alguien argumente su opinión frente a quien piensa diferente. No suele decirse “Yo creo que tal por tal y por tal”. Al contrario, la descalificación personal sirve como sustituto. “Idiota, arrogante, bobo solemne, necio…”. Cualquier adjetivo sirve. Porque los bobos solemnes no pueden tener razón, ¿verdad? También se puede atacar directamente a la opinión: “Es es una tontería, no digas gilipolleces…”

La agresión verbal también puede servir de colofón. No hay nada como un buen insulto o una amenaza en el tono adecuado para terminar una discusión. En mi caso, un lector escribió: “No es por intentar joderte la vida, pero deseo fervientemente que nunca pases de ser aprendiz de guionista, a no ser que en globomedia o una de esas echen en falta a un zoquete más.” Me resulta increíble que una persona que no me conoce de nada me desee el fracaso profesional únicamente porque he escrito que su serie preferida no es tan buena como la pintan.

Quizá sea recurra a esta táctica para no buscar argumentos. Porque no es tan fácil. Discutir de forma civilizada las razones del otro obliga a repensar las propias, o a pensarlas por primera vez. Con lo que eso cuesta… Además, para entender realmente lo que el otro dice hay ponerse en su lugar. Se necesita empatía. Y de eso andamos cortos por estos lares.

Es más fácil escuchar sólo lo que se quiere oír, lo que uno ya piensa. Es más cómodo. Pero si se pone empeño se puede descubrir que el otro no está del todo equivocado, que tiene parte de razón, que desde ese punto de vista su idea no es tan descabellada. Claro: corre entonces el peligro de admitir que él tampoco estaba del todo en lo cierto, que no es infalible. Y eso nunca, ¿verdad?

Pero quizá para poder apreciar y defender algo (un libro, una idea, un país) hay que conocer sus fallos y aceptar que no es perfecto.

También sería bueno pensar por uno mismo, no limitarse a repetir lo dicho y escrito por otros. Las vacas sagradas no lo son por ellas mismas, sino porque alguien así lo ha decidido. Si la crítica no hubiera puesto por las nubes a The Wire, ¿tendría tantos fieles? Como me decía @dvdzgz, si Hernán Casciari (bloguero experto en series) hubiera escrito este post quizá habría tenido un recibimiento diferente.

Tampoco nadie admite que no comprende las palabras usadas por el otro. Es más sencillo reírse de las expresiones elegidas, aunque así demuestre su propia ignorancia. Hay quien no sabe la diferencia entre ofrecer y dar, quien no comprende una subordinada, quien piensa que escribir un texto elaborado es ser pedante. En este sentido, animo a leer el comentario 32.

La ignorancia es la madre de todos los debates. “Yo de eso no sé mucho pero”… y quien así habla lanza una ristra de opiniones fundamentadas en el vacío. O, aún peor, en lo que otros han pensado sobre ese tema. En el caso del post, había algún lector que admitía no haber visto The Shield, pero eso no le impedía asegurar que The Wire es mejor. Ya lo decía Azaña: “Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.”

Quizá la culpa no sea únicamente de los ciudadanos. ¿Acaso los políticos se tratan con respeto? ¿Acaso debaten de verdad? ¿Acaso agumentan, admiten errores, escuchan al otro? No, no y no. Tampoco los programas de televisión pueden tomarse como ejemplo. Lejos quedan los tiempos en que podía verse una tertulia civilizada, un debate serio. Ahora prima el espectáculo. Los argumentos deben exponerse en 59 segundos, hay que hablar para tontos, con palabras sencillas y eslóganes fáciles de repetir. Y, por supuesto, quien grita más, gana.

Conmigo que no cuenten.

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3 respuestas a A garrotazos

  1. Estoy de acuerdo contigo. Lo peor es que si haces análisis como éste, al final encima te pueden tachar de “intelectualoide”, que imagino que es del tipo de adjetivos que le dedicarán muchos imbéciles a Javier Marías.

    Lo más interesante es que, en el tema de las series, aún no hay una estética, un discurso académico, un grupo verdadero de expertos. Digamos que, como tipo de narración recientemente observada por la crítica “seria”, los modos de clasificar lo que es bueno y lo que es malo aún está en pañales. No ha pasado el tiempo suficiente, ni los análisis son tan abundantes como para afirmar, hasta de forma agresiva, que Mad Men, Los Sopranos, The Wire, etc, son obras maestras in-con-tes-ta-bles.

    Yo puedo o no estar de acuerdo con tu apreciación de The Wire, así como puedo estarlo acerca de esa lista de libros que colgaste por aquí. Y eso, en verdad, es bueno. Fomenta el debate. Te abre la ocasión, a tí, a mí, de dejar de aferrarnos a juicios “cerrados” sobre obras y autores. Y si no nos convencemos mutuamente, tampoco pasa nada. Al menos, habrá habido un diálogo.

    Pero hay que disentir con respeto. Precisamente, porque no somos Javier Marías, y eso es lo más llamativo de esto que te ha pasado: ¿alguno de los comentaristas se “prueban” como “críticos” con más “galones” que tú?

    En fin; ánimo. Sigue exponiendo tus opiniones. Y argumenta. Los otros, los que gritan e insultan, que sigan en esa espiral que nadie sabe a qué conduce…

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