Ernesto Sabato, argentino

Durante mucho tiempo, cada domingo por la tarde comprobaba en la Wikipedia que Ernesto Sabato todavía viviese. Ya no volveré a hacerlo.

Escribo estas líneas días después de conocer la noticia; y parece que en estos tiempos de inmediatez ya no tenga sentido hablar de lo sucedido días atrás. Y más si se trata de un escritor muerto. Pero era algo más.

Ernesto Sabato fue mi primer acercamiento a la literatura. y lo hice sin saberlo. Leí El túnel con 16 años, creyendo que leía una novela policíaca, a lo Agatha Christie. Lo devoré en unas horas y salí a la calle a pregonar la valía de ese argentino desconocido. (En el año 2007 asistí a una representación teatral de la novela. Una soberana decepción)

Un año más tarde encontré su nombre en un manual de literatura. No ocupaba un lugar importante, no era digno de fotografía, no era García Márquez ni Vargas Llosa. De él sólo decían: “Escribió 3 novelas, las suficientes”. Creo recordar que el autor del libro era Fernando Lázaro Carreter y en esa brevísima reseña del argentino encontré una profunda admiración.

Releí El túnel varias veces, antes de aventurarme a completar su obra. En la universidad pensaba: ”Debo darme prisa, quiero leerle antes de que muera”.

Leí con un año de diferencia Sobre héroes y tumbas y Abbadón el exterminador. Me costó muchos intentos completarlas. Leía 50 páginas y me paraba. Meses después volvía a la carga. Terminé las dos novelas como debe ser: de madrugada, febril y alucinado.

Uno de los personajes de El túnel es ciego. Dentro de Sobre héroes y tumbas se encuentra en Informe sobre ciegos, un largo capítulo que describe una terrorífica conspiración de invidentes. Sabato quedó ciego los últimos años de su vida. No creo que sea coincidencia. Quizá el castigo por revelar sus secreto fuera perder también la vista.

También piqué en sus ensayos, Antes del fin y El escritor y sus fantasmas. No me gustaron. O no tanto.

Todos los manuales de literatura hablan de Borges y de Cortázar. Parece que son los únicos grandes escritores de Argentina. Pero se equivocan. Borges es frío, metálico, sólo apto para intelectuales. Cortázar es infantil, juguetón; no se puede leer a Cortázar después de los 25 años. Sabato, por el contrario, es universal. Su obra es exigente, pero sus novelas también pueden leerse como como eso, como novelas. Funciona en diferentes registros. Cautiva al adolescente ávido de novedades y al lector maduro.

Habrá quien todavía no lo conozca. A esa persona le animo a abrir El túnel. Es un libro desgarrador, sumamente pesimista. Tanto que uno sale de él con alegría de estar vivo.

(Este blog trata de política; pero Ernesto Sabato merecía una excepción)
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Una respuesta a Ernesto Sabato, argentino

  1. Volveré a leer a Sábato, pero estoy en desacuerdo: Borges también es juguetón, y es un festín para la imaginación. Cortázar probablemente sea el mejor escritor de cuentos del siglo XX.

    Pero, para gustos, los colores, claro. De eso se trata.

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