Derecho de admisión

Dos puntos de partida:

El 27 de marzo, Los Verdes ganaron las elecciones en Waden-Württenberg,  uno de los estados federales de Alemania. La amenaza de Fukushima y la gestión nuclear de Angela Merkel fueron claves para esta victoria. Aunque un político verde, Joschka Fischer, ya fue ministro de Exteriores de Alemania, es la primera vez que esta formación gobierna un estado federal.

Mañana, Perú celebra elecciones presidenciales. Los sondeos auguran la victoria de Ollanta Humala. Si no en la primera vuelta, sí en la segunda. Hace 5 años Humala era un radical alineado con Castro y Chávez. Hoy su discurso es mucho más moderado y ya no viste de rojo, sino de blanco. Según medios de comunicación, esta transición se ha realizado con la ayuda de Joao Santana, asesor de Lula Da Silva.

Un análisis:

El realizado por el semanario The Economist. Este periódico, que se define como liberal, considera que la victoria de los Verdes no es buena para Alemania y que, en cualquier caso, este partido deberá “normalizarse” para gobernar.

No es un análisis nuevo. La democracia formal no evita que pensemos (quizá de forma inconsciente) que unos partidos, unas personas, son más capaces para el ejercicio del poder que otras. En ocasiones, sin importar su ideología. Son demasiado radicales, demasiado ilusos, visten demasiado informal.

Ollanta Humala no podía ganar vestido de rojo; los verdes tienen que suavizar su discurso para gobernar. El primero necesita parecer “normal” y busca a un estratega para que le ayude, para que le asemeje a Lula, un político de izquierdas que no lo aparenta. Puede seguir en sintonía con Chávez con Castro, pero es mejor hacer creer que no.

Ollanta Humala en 2011

 

Ollanta Humala en 2006

 

 

 

 

 

 

 

Los verdes “deben ser más pragmáticos”, su oposición a la energía nuclear es “irracional”. Si no cambian de postura, su paso por el poder será malo para Alemania. Así, para gobernar deben abandonar ciertas posiciones, deben desideologizarse, deben dejar de ser Verdes y empezar a ser como el resto.

Los Verdes celebran su victoria

Este sentimiento es universal. En España también hay una percepción extraña entre la izquierda: que Izquierda Unida debería gobernar pero son demasiado idealistas. Si IU fuera más “normal”, tendría muchos más votos.

Hay que ser serios. El Gobierno es un asunto muy importante y no debe dejarse a los que son diferentes. No importa dárselo al centro izquierda o centro derecha: ellos son normales. No hay nada que temer.

Este pensamiento, que no sólo afecta a a política (de ahí esa obsesión en todos los ámbitos por ser normal y gustar a todos), impide que se produzcan cambios reales en la sociedad. Pensando únicamente en España, ¿de qué sirve votar a Equo o a Izquierda Unida si, una vez en el poder, van a actuar como sus predecesores?

Es un pensamiento peligroso.

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