Réquiem por el Estado de bienestar

Parece que siempre ha estado allí, y sin embargo ha tenido una vida muy corta. Apenas 70 años. Menos que la esperanza actual de vida en el primer mundo. Y mucho menos en España, siempre en el furgón de cola.

Leo en la momumental Postguerra de Tony Judt cómo fueron sus orígenes y me entristece pesar que ya agoniza. Y pienso que, como tantas otras cosas, nació ya maldito, que entre sus características se encontraba aquella que lo haría inviable tan sólo unas décadas más tarde. Me explico.

En 1942, el gobierno británico encargó a William Beveridge un informe con recomendaciones para abordar la reconstrucción del país una vez finalizase la Segunda Guerra Mundial. En este documento, titulado Informe al Parlamento acerca de la seguridad social y de las prestaciones que de ella se derivan, Beveridge recomendó establecer un sistema de protección para los más desfavorecidos. Cubriría enfermedad, paro, jubilación… Les daría un cobijo, un estándar mínimo de vida “bajo el cual nadie debería caer”. Sugirió que fueran los propios trabajadores quienes sufragaran estas prestaciones, mediante una cuota semanal que se restaría a su sueldo. Por tanto, y aquí radica su principal defecto, para que el sistema funcionase de forma correcta, debía existir pleno empleo.

En consecuencia, en tiempos de alto desempleo lo primero que peligra es la protección social: sanidad pública, pensiones… Lo vemos cada día (y lo que nos queda).

Beveridge (que, por cierto, creía en la eugenesia y en la retirada de derechos civiles a aquellos con deficiencias físicas o psíquicas) ayudó a que generaciones enteras de europeos salieran de la miseria. Si el Estado cubría con ciertos gastos, podían invertir en educación, comida, higiene, mejores viviendas… Pero al ligar las prestaciones sociales a los salarios condenó el Estado de bienestar al fracaso… en los momentos más necesarios.

Me gustaría escribir una propuesta honesta, original y sólida para paliar este problema. Pero carezco de los los conocimientos necesarios. Sólo puedo reiterar mi tristeza por el próximo final de la mejor época posible para vivir.

Pienso en el año 2050 y no veo pensiones dignas ni hospitales públicos donde uno pueda curarse; las escuelas públicas que imagino se parecen a las que ahora vemos en las películas de Estados Unidos: lugares de marginación y violencia, no de cultura y civismo; todo lo bueno está en manos privadas, lo único público que de verdad funciona, la única posesión del Estado (es decir, la única posesión de todos los ciudadanos) de la que puede mostrarse orgulloso es el monopolio de la violencia. Ojalá me equivoque.

Fue necesaria una guerra devastadora para que los gobiernos sintieran la necesidad de proteger a sus ciudadanos. No importa que lo hicieran en parte para que no cayeran de nuevo en la tentación del fascismo; lo hicieron. Ahora somos testigos de una deformación de la realidad y el lenguaje: los derechos son llamados privilegios, lo necesario hace una década es hoy inasumible, lo común es gasto y lo privado inversión.

70 años en Europa. Mucho menos, gracias a Franco, en España. Es poco tiempo.

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3 respuestas a Réquiem por el Estado de bienestar

  1. narbona dijo:

    Suficientemente bien expuesto. Lo frustrante es la parsimonia, la sangre de horchata, la distracción reinante entre la gente, cuando hay motivos suficientes como para engrasar y sacar brillo a las guillotinas.

  2. Algorme dijo:

    Me ha recordado a “Requien por la soberania popular”,de Juan Francisco Martín Seco,un libro que no tuvo la publicidad que se merecía-como era de esperar-,en el que un Maquiavelo(Neoliberal) y un Rousseau(Socialdemocrata) tiene un dialogo-en el mas allá- muy instructivo y revelador.
    Hay quien se remonta a Bismark para ver los inicios de el Estado de el Bienestar,en sus modestas medidas para contener el malestar de la clase trabajadora;lo que me resulta bstante claro es que desde finales de la II GM en EE.UU y en la Europa con suerte-aquí sufriamos nuestro peculiar fascismo en versión castiza-un sistema fiscal progresivo;sindicatos que tenian el apoyo popular para hacerlo capaces de conseguir salarios altos-una demanda en condiciones,si ademas crece la productividad,hace mucho- y la amenaza de el comunismo lograron cotas de bienestar que se empezaron a ir al garete e involucionar desde la crisis (de el petroleo)de el 73-(hasta el 71,y si no equivoco,no hubo libertad de capitales,y para especular, como hoy la entedemos )-;Reagan,Tatcher y mandarines al uso-bajo etiqueta socialdemocrata en ocasiones-apoyados en “teoricos” como M.Friedman-empezaron a darle la vuelta a la tortilla(para mas inri,el “comunismo” totalitario empieza a implosionar en 89) y la gran mayoria “acomodada” carecia,por falta de costumbre, de agallas civicas-no para cambiar el mundo,sino hasta para conservar lo que otros lograron”-,en fin, de “esos lamentables polvos estos lodos”
    Tengo esperanzas en que la legitima “mala leche” de la gran mayoria se recupere,por aquello de el eterno retorno…aunque el resultado puede que lo disfruten mis nietos…un saludo…un articulo muy claro,pertinente y evocador.

  3. Yo dijo:

    Lo triste, en mi opinión, es que a la mayoría de la gente le va a parecer bien el final de los sistemas de prestaciones públicas… ya nos tienen el cerebro bien lavado… eso sí, los que después de aplaudir con las orejas la llegada del liberalismo salvaje y del “ándeme yo caliente y ríase la gente” se vean en el paro o con una enfermedad grave que su seguro no quiera cubrir… qué dirán…

    Mierda de mundo, menos mal que no nos quedamos para siempre…

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