Ley Sinde: entre dos aguas

Copio y pego un post que escribí hace casi un año en mi anterior blog. Ahora que está a punto de aprobarse la “ley Sinde”, no quiero repetirme: sigo pensando lo mismo.

1.-

Parece que hoy día todo el mundo tiene las ideas muy claras respecto a las descargas, los derechos de autor, las medidas del gobierno y todo eso que se ha agrupado en twitter bajo la etiqueta de #manifiesto. O eres un pirata, un tipo que maneja el ratón como si fuera un revólver y roba el trabajo de otros, o eres un reaccionario apegado a tu dinero que pretende vivir de rentas por los siglos de los siglos. No hay término medio. Y, sin embargo, al igual que otros, yo me encuentro en él.

Como todo joven español con acceso a Internet, he descargado contenidos protegidos por derechos de autor. Muchos. He bajado música y películas de Kazaa, de eMule, de Soulseek, de Megaupload y de Rapidshare. Tengo un disco duro lleno de películas por las que no he pagado, de discos por los que no he soltado un euro y en breve, espero tener una carpeta llamada e-books con libros por los que no pasaré por caja. No me arrepiento.

Por otro lado, como casi todo el mundo, trabajo por dinero. Actualmente ejerzo de periodista en una televisión autonómica, pero he escrito una novela y, de aquí a un tiempo, espero poder rodar una película. Cuando lo haga, habré pasado muchos meses trabajando en ella. Y, por mucho que me guste compartir y regalar, no me haría ninguna gracia que la gente se la descargara en lugar de ir a verla al cine.

Llamadme egoísta, antiguo, avaro. No me doy por aludido. Si acaso, puedo ser contradictorio. O, en palabras duras, hipócrita.

Pero creo sinceramente que la mayoría de los que firmamos el manifiesto lo somos.

2.-

Primero vinieron a por los enlaces, y yo no dije nada, porque no enlazaba. Así comienza una variación del famoso poema. El gobierno español, precedido por otros y, seguro, seguido por muchos más, está a punto de deslizarse por una peligrosa colina. La que va de la protección de derechos de autor a la censura. Por algo la imagen de China bloqueando Internet a los activistas nos viene a todos a la cabeza.

Este gobierno se ha equivocado en la forma y en el fondo. De la primera ya hablé hace un tiempo. Hay quien no aprende. Respecto al fondo, no podría estar más errado.

¿Será por la edad? ¿Por la brecha generacional? ¿Por el miedo a perder el control? ¿Por el pánico a una hipotética e improbable revolución a la iraní (pero vean cómo ha terminado, si es que alguna vez comenzó)?

¿Por pura incompetencia?

No importa. Se equivocan de estrategia, de táctica y de método. La solución no es cerrar webs. Ni amenazar con hacerlo. Ni tratar de delincuentes a los ciudadanos.

La solución es mucho más creativa que todo eso. Pero por algo han sido elegidos. Para dar respuesta a los problemas. Y, a ser posible, que sea proporcionada y adecuada.

3.-

Quizá ningún miembro del gobierno utilice Spotify. Es posible que ninguno de sus cientos de asesores conozcan su existencia. Improbable, pero posible. ¿Tampoco los presidentes de comunidades? ¿ Y los alcaldes? No sólo los de las grandes ciudades, también los jóvenes de los pueblos. Quiero creer que alguien con poder en España sabe que existe un programa inventado por un par de suecos que permite escuchan miles de canciones sin pagar un euro y sin violar derechos de autor.

Si no es así, deberían mirárselo.

Spotify puede ser la solución. Así de sencillo. Una plataforma de contenidos con diferentes tipos de cuenta. Si no quieres pagar, escuchas publicidad. Si no quieres publicidad, pagas.

¿Cuánto estaría una persona dispuesta a pagar por tener acceso a toda la música y películas que se pueda imaginar? Yo recuerdo que me gastaba una pasta en el videoclub (cuando todavía eran almacenes y no escaparates). Cada mes me dejo unos 150 euros en las librerías de mi ciudad. Y tengo una colección de unos 1000 CD’s originales. Sumen.

Hoy un libro cuesta 18 euros de media; parecido sucede con los discos. El cine, cada día más caro, ronda en Zaragoza a los 7 euros.

¿Cuánto pagaría yo por tener acceso a esta cultura sin moverme de mi silla? Veamos, así a bote pronto. Por un libro, menos de 6 euros; por una película, quizá 3; por un disco 5.

Al mes, leo 4 libros, veo una decena de películas y puedo comprar un máximo de 5 CD’s.

Suman un total de 24 euros para la plataforma de libros, 30 para la de películas y 25 para la música.

Pero el error sería cobrar por cada artículo consumido. La solución está en el buffet libre. Pagas por tener la posibilidad de consumir todo lo que quieras. Un mes te pasarás, otro no llegarás. Y al final, entre todos equilibramos las cuentas.

La suscripción a Spotify cuesta 9’95€ al mes. Hagan números.

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Una respuesta a Ley Sinde: entre dos aguas

  1. Yo dijo:

    Todo esto, en el fondo, lleva a la pregunta de siempre. ¿Por qué y para qué lleva a cabo el “artisa” su obra?

    ¿Es para ganarse el sustento? Entonces la piratería esta impidiendo ese fin.
    ¿Es únicamente para realizarse como creador? Entonces la piratería ha de ser deseable por el artista.
    ¿Son las dos cosas? Lamentablemente ambos fines creo que son incompatibles.

    Si no existieran derechos de autor y un artista de la clase que fuera cobrara una única vez por su creación (por ejemplo, un cineasta cobra por hacer su película una vez que la termina y nunca más), no existiría esta discusión… una vez vendida la película qué más dan quién, cómo y cuándo la vea. Sin embargo no es el caso y los beneficios del creador van en función de cuántas personas acceden a su obra “legalmente”. En el fondo creo que esto constituye una cierta preversión del acto creativo y demuestra, hasta cierto punto, la avaricia existente en la sociedad: vender más, que me lean más, que me vean más, ganar más…

    A tí, que ya has hablado de los escritores de verdad y de los vende-libros (la terminología es mía) no debería preocuparte este tema. Como futuro escritor de verdad y cineasta de verdad, no debería caer en mundanas consideraciones relacionadas con el vil metal… eso déjalo para los demás.

    P.S.: Si puedo considerarme creador, que no artista, en algún sentido (si es que aceptamos que pueda crearse conocimiento y que lo que yo creo lo sea) lo cierto es que no querría que lo que hago fuera accesible sólo previo pago. Considero que cualquiera debe poder acceder a mis ideas… aunque seguramente pienso así porque mis ideas no son realmente valiosas…

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