Los hombres del traje

Un fantasma recorre Europa: el fantasma de los mercados. Nadie sabe quién los dirige, cómo se comportarán en el futuro, qué país atacarán mañana.

Pero hay que obedecerles. Debemos seguir al pie de la letra sus instrucciones; de lo contrario, todo será peor.

Esta es la triste situación actual. La Europa más fuerte y cohesionada de la historia se arrodilla ante un fantasma.

Pero no es un fantasma, sólo un puñado de hombres con traje, escondidos bajo un magma de siglas y números. Unos hombres que cada día me recuerdan más a los que asediaban a los ciudadanos en Momo.

Son ellos los que se enriquecen con las desgracias de los demás, los que siguen a rajatabla el consejo de Rothschild: “Cuando veas sangre en las calles, compra bienes inmuebles”. No se ha vertido sangre, como anunciaron los agoreros, pero sí muchas lágrimas.

Dicen los que creen saber economía que hay que “calmar a los mercados”. Ésas fueron las palabras de Elena Salgado ayer en el programa de Iñaki Gabilondo. Habló de Irlanda, de la Unión Europea, del FMI… Las mismas palabras vacías de siempre. Todavía me sorprende que alguien hable bien del FMI. Será que no ha leído a Naomi Klein.

Pero, como ya dije, la economía no es una ciencia, y hay otro modo de afrontar la situación. No rendirse, no obedecer, no humillarse ante quienes sólo buscan el lucro. Son terroristas. Y con ellos no se negocia.

Hay que perseguirlos, detenerlos, juzgarlos y encarcelarlos. Por atacar a la democracia, por arruinar empresas, por destruir el Estado del Bienestar, por erigirse en árbitro de la realidad.

Para eso hace falta valor. Algo de lo que nuestros políticos carecen.

Y esto es lo único que hacemos: escribir artículos que leen los de siempre, los que piensan igual que nosotros. Quizá, como decía Rafael Alberti, hacen falta algo más que palabras.

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas.
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras

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9 respuestas a Los hombres del traje

  1. Pocas veces se puede leer algo tan directo, tan crudo y a la vez tan estético. De verdad, enhorabuena por este (otro) pedazo de post.

  2. Yo dijo:

    Recomiendo encarecidamente la lectura del prólogo de “Memorias encontradas en una bañera” de Stanislaw Lem… viene muy al hilo de este post.

  3. Yo dijo:

    No puedo evitar pensar que este culto al “mercado” ese ente abstracto e informe ante el que todos debemos postrarnos y hacer nuestros sacrificios no es más que parte de un fenómeno más general.

    Hoy en día se rinde culto al “sistema” a la “organización”. En el caso de la economía son los “mercados”, para un investigador son las “revistas” y la “ANECA”, para un docente de secundaria son los “sindicatos” para el gobierno son las “encuestas”.

    Se sustituye lo realmente importante por algo que pretende representarlo, pero que en realidad no es más que un conjunto de personas con intereses propios y muy particulares que, gracias a esta especie de trasposición de intereses (aunque suene nietzscheano) han logrado que sus propios objetivos se conviertan en los objetivos que debe perseguir todo el mundo.

  4. MARTIN NAVARRO GARCIA dijo:

    SACAR EL DINERO DEL BANCO PUEDE SER INTERESANTE.

  5. Pingback: La codicia | Viajero a Itaca

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