El camino hacia el desastre

Estos días se ha celebrado en Bruselas una cumbre entre la UE y países de Asia Oriental: China, Japón, Corea, India… Dirigentes de 48 países (todos los que importan, a excepción de Estados Unidos) sentados en torno a una mesa no para hablar de lo que amenaza a nuestro planeta (el cambio climático, la energía nuclear, el terrorismo) sino para fortalacer las relaciones comerciales.

Si bien en asuntos políticos y sociales la dinámica es más suave, más diplomática, a la hora de hablar de dinero sí se ejerce verdadera presión. Aquí no valen soberanías, independencias ni criterios. El camino es uno.

Hay que comprar más, hay que vender más; nada de fronteras (económicas, se entiende; de las otras…); que fluyan las materias primas, los productos, el dinero. Los dos bloques suman el 50% del PIB mundial y el 60% de las relaciones comerciales. Y sabe a poco.

Por eso Europa ha pedido a China y Japón que abandonen su proteccionismo bajo cuerda. Un proteccionismo que toma forma en la devaluación de sus monedas para primar los productos naciones frente a las importaciones. Europa quiere vender, no comprar. La misma Europa que mantiene su PAC, emblema del proteccionismo mundial, quiere que Asia levante sus barreras.

Haz lo que digo, no lo que hago.

En esta tendencia al pensamiento único en materia económica, no sorprende leer que Nick Clegg toma a los tigres asiáticos como ejemplo para salir de la crisis. Asegura que en los 90 lo hicieron muy bien, y que Europa debería adoptar las mismas medidas que ellos tomaron. Sin embargo, como explicó Naomi Klein, ése el camino hacia el desastre:

En Asia, la crisis financiera de 1997 y 1998 —de consecuencias comparables a la Depresión de 1929— bajó los humos de los denominados Tigres de Asia, abriendo sus mercados en lo que el New York Times describió como «la mayor liquidación por cierre del mundo».23 Muchos de estos países eran democráticos, pero las transformaciones radicales que crearon el «libre mercado» no se instauraron democráticamente. Más bien al contrario: tal y como lo entendía Friedman, la atmósfera de crisis a gran escala ofrecía los pretextos necesarios para desestimar los deseos expresados por los votantes y entregar las riendas del país a los «tecnócratas» económicos.

Quizá es que Europa, en su fuero interno, sueña con ser China. Un megaestado con millones de trabajadores solícitos y sumisos donde la política (entendida como participación de los asuntos colectivos) ya no importa. Si ésa es su intención, felicidades, van en la dirección correcta.

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Una respuesta a El camino hacia el desastre

  1. Yo dijo:

    ¡Qué paradoja!
    El sueño del liberal es el régimen del dictador comunista.

    En realidad este post tiene una cierta relación con el anterior. En párrafo de Klein que citas lo dice claramente. Entreguemos nuestros destinos a aquellos que saben lo que es mejor para nosotros.

    Ya lo dice el tango (no me resisto a poner la letra entera):
    Que el mundo fue y será una porquería
    ya lo sé…
    (¡En el quinientos seis
    y en el dos mil también!).
    Que siempre ha habido chorros,
    maquiavelos y estafaos,
    contentos y amargaos,
    valores y dublé…
    Pero que el siglo veinte
    es un despliegue
    de maldá insolente,
    ya no hay quien lo niegue.
    Vivimos revolcaos
    en un merengue
    y en un mismo lodo
    todos manoseaos…

    ¡Hoy resulta que es lo mismo
    ser derecho que traidor!…
    ¡Ignorante, sabio o chorro,
    generoso o estafador!
    ¡Todo es igual!
    ¡Nada es mejor!
    ¡Lo mismo un burro
    que un gran profesor!
    No hay aplazaos
    ni escalafón,
    los inmorales
    nos han igualao.
    Si uno vive en la impostura
    y otro roba en su ambición,
    ¡da lo mismo que sea cura,
    colchonero, rey de bastos,
    caradura o polizón!…

    ¡Qué falta de respeto, qué atropello
    a la razón!
    ¡Cualquiera es un señor!
    ¡Cualquiera es un ladrón!
    Mezclao con Stavisky va Don Bosco
    y “La Mignón”,
    Don Chicho y Napoleón,
    Carnera y San Martín…
    Igual que en la vidriera irrespetuosa
    de los cambalaches
    se ha mezclao la vida,
    y herida por un sable sin remaches
    ves llorar la Biblia
    contra un calefón…

    ¡Siglo veinte, cambalache
    problemático y febril!…
    El que no llora no mama
    y el que no afana es un gil!
    ¡Dale nomás!
    ¡Dale que va!
    ¡Que allá en el horno
    nos vamo a encontrar!
    ¡No pienses más,
    sentate a un lao,
    que a nadie importa
    si naciste honrao!
    Es lo mismo el que labura
    noche y día como un buey,
    que el que vive de los otros,
    que el que mata, que el que cura
    o está fuera de la ley…

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