La traición a la patria es un delito común en todas las naciones. Durante siglos, estaba relacionada con el ejército o el espionaje. La más usual era la que sucedía en tiempos de guerra, cuando un ciudadano ayudaba al país enemigo. El traidor era ejecutado o se lo mandaba al exilio. Traicionar a tu país, a tu gente en definitiva, era lo peor que se podía ser. Por unas monedas, por ciertos privilegios, el traidor se convertía en un apestado.
Hoy, las balas se han transformado en acciones, las trincheras son fondos de inversión domiciliados en paraísos fiscales y los soplos sobre una batalla se llaman información bursátil privilegiada. Hoy los traidores son los evasores de impuestos, los que huyen a otro país con tal de no entregar a la comunidad el dinero que corresponde.

Gerard Depardieu es el penúltimo traidor moderno. El presidente francés François Hollande trata de aumentar los impuestos a las rentas altas y a Depardieu no se le ocurre otra cosa que buscar refugio en Rusia. Allí todos los ciudadanos pagan el 13% de impuestos, sin importar la renta (no hay progresividad). Vladimir Putin, demócrata de toda la vida, le ha recibido con una amplia sonrisa y le ha ofrecido una dacha (una casa en el campo).
Hay algo que no se le puede reprochar a Depardieu: su sinceridad. Otros burlan la ley a escondidas. ¿Cuántos deportistas residen en Andorra? ¿Cuántos tributan en Londres? ¿Cuántos empresarios y políticos tienen cuentas en Suiza? Según el Observatorio de Responsabilidad Corporativa, el 80% de empresas del IBEX trabajan en paraísos fiscales.
En la situación actual, con 26’6% de paro, decrecimiento de la economía, problemas de financiación, recortes brutales en casi todos los sectores… llevarse el dinero a Suiza es, simple y llanamente, un acto de traición.
No pido que ejecutemos en la plaza mayor a Fernando Alonso, Alejandro Sanz o Emilio Botín. Pero estaría bien que nos acordemos de ellos y otros muchos en la próxima tanda de recortes. Cada vez que Montoro diga “no hay dinero suficiente”, piensen en un actor empadronándose en Andorra; cuando quiten la ayuda a la dependencia, conjuren en su mente a un señor con traje volando hacia Zúrich.
Y después, recuerden la amnistía fiscal.
