El gobierno contra el Estado

Durante las últimas semanas hemos asistido al desmantelamiento del ya herido estado de bienestar. Cuando Rajoy abandone La Moncloa, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió.

Antes de las elecciones escribí que con el PP la brecha entre pobres y ricos no hará más que aumentar, mientras que la clase media contará cada vez con menos miembros. Subestimé las intenciones del Partido Popular. Como dice el PSOE en una campaña, #vanaportodo.

El catedrático de Ciencias Políticas Ramón Cotarelo ha escrito un artículo en el que resume la ofensiva del PP. Copio y pego aquí unos extractos.

El Consejo de ministros de ayer fue un aquelarre, un consejo de guerra contra el Estado social y democrático de derecho que consagra la Constitución. El Estado social ha recibido dos tremendos golpes en su pilar de la sanidad y en el de la educación. El Estado democrático de derecho en la libertad de expresión y el derecho a la información por medio del decreto-ley que modifica la vigente Ley de Radio Televisión de 2006 en cuanto a la forma de elección del presidente del Consejo de Administración. El Estado a secas, en el principio general de justicia con ese indulto a los dos últimos condenados en el caso del Yak 42 por no otra razón sino porque es el caso específico del PP, siendo Trillo ministro de Defensa, actualmente premiado con la embajada en Londres.

En realidad todo esto pasa porque el PP actúa en la convicción de que, para llegar al poder, vale todo, incluso la mentira. Ni uno solo de los solemnes compromisos de Rajoy durante la campaña electoral del 20-N ha quedado de pie en cinco meses de acción de gobierno: no iba a subir los impuestos y los subió; no iba a tocar las pensiones y las tocó y dos veces; no iba a meter la tijera en sanidad y educación y les ha asestado dos tajos mortales.

Mentira tras mentira se llega a adquirir oficio y, en efecto, Rajoy dice siempre lo que cree que le conviene sin preocuparse si tiene sentido o no, entre otras cosas porque no comparece nunca a dar cuentas y, si lo hace, no admite preguntas. Admira ver con qué tranquilidad el presidente dice una cosa, hace la contraria y no presta atención alguna a las críticas ni, por supuesto, las responde. Para eso tiene a sus ministros que comparecen y muestran que son lo que son: Ana Mato está empeñada en cargarse la sanidad pública por muy diversas vías y José Ignacio Wert en terminar con la educación pública básicamente por dos: reduciendo becas y aumentando tasas.

Se comprende que, teniendo que atentar tan gravemente contra el Estado del bienestar, el gobierno recurra al decreto-ley. Pero la base de este no es que aquel se vea en apuros sino que haya causas objetivas de urgencia y necesidad. De todas formas da igual ya que el gobierno tiene asegurada la mayoría parlamentaria de sobra para convalidar los decretos-leyes más agresivos que quepa imaginar contra el Estado social y democrático de derecho.

No es de extrañar que la oposición, singularmente el PSOE, hable de “golpe de Estado”. Pues sí, es una especie de golpe de Estado al modo de hoy. Ya no se sacan los tanques a la calle entre otras cosas porque no hace falta. Al fin y al cabo, la función principal de los tanques era siempre tomar los centros de comunicaciones: telefónica, radios, la televisión. Ahora eso se hace directamente, por la vía civil. Telefónica es una empresa privada a las órdenes del gobierno conservador y con el decreto-ley el gobierno se garantiza imponer unilateralmente el presidente del Consejo de Administración de la Corporación de Radio Televisión.

Este episodio que, como vemos, pone fin a un modelo de Radio Televisión autónoma e independiente es el producto de la táctica de la mentira más descarnada, tan reveladora de un modo de entender la política. Correspondió a Dolores de Cospedal la tarea de atacar RTVE acusándola de parcial y sectaria contra toda evidencia. La elección es buena pues Cospedal carece de escrúpulos en cuanto a los medios que deban emplearse para conseguir el objetivo. Si hay que mentir, se miente. Con ese mismo desparpajo puede la dirigente popular criticar la supuesta falta de imparcialidad de RTVE sin mencionar siquiera los casos de TeleMadrid y Canal Nou, dos canales públicos literalmente al servicio del PP. No del poder, sino del poder del PP.

Por encima de las posibilidades ¿de quién?

Hace ya 7 años, Carolina Alguacil acuñó el término “mileurista” en una carta enviada al diario El País. Sus palabras sintetizaron una situación injusta y sacaron a la luz la realidad de la España que “iba bien”. Hoy, cuando muchos quisieran ser mileuristas, Francisco Pastor resume la rabia de muchos ciudadanos en otra carta al director. Comparto todas sus palabras.

Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, nos pide a los españoles “un esfuerzo más”. Alberto Fabra Part, presidente de la Generalitat Valenciana, dice que los valencianos “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”.

Trabajo desde hace 14 años en I+D y desde hace 10 años lo compatibilizo con unas horas semanales de profesor en la universidad. Me esforcé de niño y adolescente en intentar aprender, sacar buenas notas y pasarlo bien. Me esforcé en la universidad para sacar la carrera y pasarlo bien. Me esforcé luego dando clases particulares y continúo ahora esforzándome en mis dos trabajos. Hace 10 años, junto a mi pareja, compramos un piso que entraba dentro de nuestras posibilidades. Ahora, tras 10 años de esfuerzo, hemos ahorrado el dinero suficiente para pagar lo que nos queda de hipoteca.

Llevo años esforzándome y nunca he vivido por encima de mis posibilidades. Podía permitirme coches más caros pero no los he comprado, nunca he pedido un crédito para irme de vacaciones, reformé mi piso cuando tuve dinero para hacerlo. Me esfuerzo en educar a mis hijos lo mejor posible, los llevo a la escuela pública y me esfuerzo en la asociación de padres para ayudar a mejorarla. Cuando mis hijos enferman los llevo a la sanidad pública y si me queda jarabe en casa le digo al médico que no me haga una receta que no necesito.

Ahora estoy a punto de quedarme sin trabajo gracias a los que han vivido “por encima de nuestras posibilidades”. Ahora me piden “un esfuerzo más”. Yo siempre he pagado puntualmente la hipoteca y lo sigo haciendo así que no he hundido a la banca. Yo no he hecho bajar la Bolsa, no he hundido los mercados, no he inflado la economía, no he especulado con la vivienda, no he organizado carreras de coches en mi ciudad, no necesito un aeropuerto sin aviones, no tengo yate para ver la salida de la Copa América, no he ido nunca a ver la ópera en el Palau de les Arts. Yo no he deteriorado la escuela ni la sanidad públicas, no he tenido becas ni subvenciones, no he cobrado nunca el paro ni he provocado déficit al Estado, la autonomía ni la Seguridad Social. Yo no conozco a Moody’s, Fitch ni Standard & Poor’s pero sí conozco a los que vivieron por encima de mis posibilidades. Yo no les voté, a mí no me representan.

Soraya, el esfuerzo se lo pides a ellos.

Soraya Sáenz de Santamaría: ¿superwoman?

1.-

El nuevo Gobierno ha empezado su andadura de una forma muy ilustrativa: saltándose la ley. Como bien sabe casi todo el mundo, Soraya Sáenz de Santamaría dio luz el pasado 11 de noviembre en lena campaña electoral. Una semana después, volvió al trabajo. La ley obliga a la madre a tomarse 6 semanas de baja después del parto, por lo tanto, la nueva vicepresidenta violó la ley.

Esta violación, sin embargo, casi resulta anecdótica (¿qué político cumple con todas las leyes?) si la comparamos con el peligroso ejemplo que ofrece su decisión. Los derechos no los han regalado. Han costado muchos años, mucho esfuerzo conseguirlos. Muchas madres se han partido el lomo en las fábricas y oficinas, sin poder atender a su recién nacido, para que ahora venga una señora a tirar el derecho por la borda. Es muy fácil imaginar el argumento de cierto tipo de jefe: “Si la vicepresidenta puede ir al despacho una semana después de ser madre, tú también. Tu trabajo no es ni mucho menos tan difícil”.

El comportamiento de Sáenz de Santamaría me suscita varias reflexiones. ¿Es ésa la postura oficial del PP? Quizá volver a trabajar no sea tanto una decisión de la vicepresidenta como una imposición de su jefe, Mariano Rajoy. Tal vez el PP quiera recortar el derecho por maternidad y esta sea una forma original de lanzar un globo sonda (hace 2 años, el grupo popular del Parlamento Europeo ya se mostró en contra de aumentar el permiso). Si hay protestas, puede haber pensado el residente, significa que será difícil de suprimir. Si, por el contrario, aplauden a la madre, si la comparan con superwoman y los medios se fijan en su buen aspecto, eso significa que desmantelar el derecho de maternidad será pan comido.

La segunda hipótesis me preocupa más. Quizá la vicepresidenta no sea tonta, quizá sea muy consciente de lo difícil que lo tienen las mujeres en el mundo laboral. Tal vez intuyera que si el 20N no aparecía en el balcón de la victoria, sólo pisaría La Moncloa de visita. Por supuesto, la ley le amparaba; pero eso no iba a ser obstáculo para Rajoy. Así que tomó una decisión difícil: volver al trabajo a costa de no estar lo suficiente con su hijo.

¿Cuál de estas hipótesis será la correcta?

2.-

El pasado 17 de diciembre la revista Mujer Hoy publicó una entrevista a la vicepresidenta. La mayor parte de las preguntas se refieren a su vida personal, las dificultades que ha tenido por ser mujer y su maternidad. En esas páginas, Sáenz de Santamaría aparece como una mujer luchadora, que no quiere ni llorar delante de su marido. Parece que es la única opción. Las mujeres deben “convertirse” en hombres para poder ocupar los puestos de los hombres. Destaco algunas de sus respuestas:

Hay algo que la gente no sabe: las diputadas no tenemos permiso por maternidad. Este año, por impulso de muchas diputadas y diputados con enfermedades muy graves, hemos logrado que se empiece a estudiar –aunque el tema no está resuelto técnicamente– el votar desde casa. A un diputado no puede sustituirle nadie.

La pregunta es: ¿actúa como diputada o como miembro de la directiva del PP?

Es increíble que a las mujeres hasta los derechos se les acaban convirtiendo en obligaciones. El padre no puede coger las seis primeras semanas –si quiere, puede hacerlo para disfrutarlas–, la obligación es de la mujer. Nunca he visto que a ningún hombre le digan que no cumple con sus deberes.

Parece increíble que no entienda que, en este caso, no es lo mismo ser mujer que hombre. Tras el parto, el padre regala puros y la madre espera a que se curen sus heridas.

Como decía, el tono de la revista suelta un tufillo machista. El mismo que desprenden las portadas que se preocupan de resaltar los vestidos y el físico de las entrevistadas. ¿Acaso harían la misma fotografía a Mariano Rajoy o Emilio Botín? Por supuesto que no. Sin embargo, todos los medios caen en el cliché. Incluso en una agencia de noticias como Europa Press -un medio presuntamente objetivo, que se dedica a informar sin matices- podíamos leer ayer el siguiente titular: “Soraya Sáenz de Santamaría y su nuevo estilo de vicepresidenta. Aprendiendo a ser moderna”. También Rajoy ha cambiado el estilo de sus trajes y adelgazado desde 2008, pero eso no es noticia. No debe serlo. La cuestión clave es: si el físico no es relevante en el presidente ¿por qué sí lo es en la vicepresidenta?

Existe también otro indicio inquietante de que las mujeres todavía no están a la par que los hombres, una señal débil pero reveladora de la existencia de un machismo soterrado: la forma en que nos referimos a ellas. Es habitual oír hablar de Soraya, Mari Tere, Cristina, Hillary, Esperanza… A nadie extraña que se omita su apellido; pero sería muy raro que alguien se refiriese a José Luis, a Nicolás, a Vladimir, a Emilio… Normalmente, uno se refiere a alguien por el apellido en señal de respeto; ¿será entonces que no se respeta a las mujeres que participan en política?

Coda:

Antes de escribir esto, pensaba que el (mal) ejemplo de Sáenz de Santamaría no era el único, que Carme Chacón tampoco había respetado la ley. Pero me equivocaba. La ex ministra de Defensa estuvo de baja las 6 semanas obligatorias; después volvió al trabajo, ya que el resto del permiso lo cogió su marido.