Más recortes y menos impuestos: mal negocio

1.-

Durante los últimos meses, el Gobierno de Castilla La Mancha ha puesto en marcha un severo programa de recortes que puede ser entendido como un anuncio de las medidas que Mariano Rajoy piensa implantar una vez instalado en La Moncloa. En el paquete Cospedal incluye aumento de la jornada laboral de los funcionarios, reducción de un 3% de su sueldo, implantación de la gestión privada de hospitales públicos, fomento de los colegios privados… Parecido puede pensarse de la reforma fiscal propuesta por el Gobierno de Aragón. No es descabellado augurar que recortes públicos y reducción de impuestos a las clases altas serán los dos pilares sobre los que se sustentará la política de Rajoy durante los próximos años. Dos pilares con los que no podría estar más en desacuerdo y que sólo conseguirán agrandar la brecha entre ricos y pobres.

El Gobierno de Aragón anunció ayer una importante reforma fiscal. Su consejero de Hacienda, Mario Garcés, califica las medidas de “incentivos fiscales”, una palabra muy bonita y elegante que oculta el verdadero sentido de la propuesta. Una vez implantada la reforma, Aragón dejará de ingresar 30 millones de euros. No es una novedad. Buena parte de las Comunidades Autónomas han reducido los impuestos en los últimos años. También lo ha hecho el Gobierno central. El propio Rubalcaba reconoció durante la campaña electoral que desde el año 2000 el Estado había dejado de ingresar 28 mil millones de euros al año. El entonces candidato reconoció que estas rebajas fiscales habían sido un error. Al parecer, hay quien persiste en él.

Es reseñable que siempre se bajen los mismos impuestos (sucesiones, patrimonio, impuestos ecológicos…). Y, por tanto, siempre se beneficien los mismos: las grandes empresas y las rentas más altas. El gobierno argumenta que estas rebajas fomentarán el empleo, pero no está tan claro. ¿De verdad una empresa decide contratar o no más trabajadores según los tipos impositivos?

Por otra parte, el consejero de Hacienda dijo hace unas semanas que “bajar los impuestos es una fórmula que funciona, porque da incentivos a mucha gente para entrar en el sistema tributario, está demostrado que los impuestos altos incentivan a la gente a salir, los países que los tienen también poseen las tasas más altas de fraude fiscal”. Una idea un tanto perversa. Nadie quiere pagar impuestos pero son necesarios para el buen funcionamiento de la sociedad. La solución no es quitarlos, sino asegurarse de que se pagan.

2.-

El Gobierno, la banca y los principales medios de comunicación llevan meses repitiendo que hay que equilibrar el presupuesto, que no se puede gastar más de lo que se gana. Esto no es cierto pero aunque lo fuera las medidas que pretenden implantan para lograr la ansiada estabilidad presupuestaria son erróneas. Mejor dicho, son medidas que lograrán este equilibrio a costa de reducir la clase media (que tanto ha costado consolidar) y dinamitar buena parte de los cimientos del Estado de Bienestar.

Existen 3 formas de equilibrar un presupuesto: recortar gastos, aumentar ingresos o combinar las dos estrategias. Hasta ahora la mayoría de las medidas han sido del primer tipo y las escasas propuestas de aumento de ingresos han repercutido en toda la sociedad, no en las rentas más altas. De poco sirve, por ejemplo aumentar el IVA. Es una medida que no sólo no afecta a todos por igual sino que perjudica a las rentas bajas, para quienes cualquier aumento de los precios supone un problema.

Existen numerosas formas de aumentar los ingresos de forma que los beneficios obtenidos sean mayores que el perjuicio causado a la población. Por ejemplo:

  • Revertir las privatizaciones de los últimos 20 años. Hoy, todo el dinero que da Telefónica, Repsol, Endesa o Seat (y el dinero que mañana dará Aena, Loterías o Renfe) va a parar a manos privadas. Cada vez que el Estado vende una empresa pública renuncia a poseer una herramienta económica. Los argumentos de la mala gestión pública no sirven: son excusas. Las empresas públicas pueden gestionarse de forma adecuada.
  • Verdadero control del fraude fiscal. Según un informe del Ministerio de Hacienda, en el año 2010 el Estado dejó de ingresar 60 mil millones de euros debido a este problema (por comparar, la deuda sanitaria asciende a 15 mil millones). Es urgente acabar con esta situación. ATTAC propone un decálogo que debería servir de punto de partida.
  • Reforma fiscal orientada a las rentas altas. Es decir, lo opuesto a las medidas del Gobierno de Aragón. Es necesario un paquete legal que incluya: nuevos tipos impositivos (hoy, lo máximo que se paga es el 43%), reforma de las SICAV y restablecimiento (cuando haya desaparecido) de los impuestos de patrimonio y sucesiones.

Lamentablemente, ninguna de estas medidas va a aplicarse en los próximos años. En su defecto, sólo veremos la película anunciada por Luisa Fernanda Rudi y María Dolores de Cospedal: menos impuestos y más recortes.

El futuro que nos espera (de la mano del PP)

Una de las claves del actual Partido Popular es, como escribe hoy Carlos E. Cué, no dar titulares. No lanzar mensajes claros, no decir nada que no pueda ser rechazado una semana después. No mojarse.

Esta delirante estrategia parece que les dará buenos resultados (aunque más por culpa del PSOE que por ser, en efecto, una buena línea de acción) y, en consecuencia, su programa electoral es un ejemplo de imprecisión.

Cualquier escolar que tuviera que escribir una redacción con el tema “Si yo fuera presidente del Gobierno” pariría un texto similar. El programa del PP es un programa de buenos deseos que, claro, compartimos el 90 por ciento de los ciudadanos. Les ha faltado decir: “Impulsaremos el canto de los pájaros al amanecer y la sonrisa de los niños en la calle”.

Sin embargo, entre tanto buenismo hay algunas medidas reales. Me parece oportuno resaltarlas aquí.

1.-

Presentaremos un plan completo y coherente de reformas estructurales para la estabilidad presupuestaria, el saneamiento del sector financiero, la liberalización de la economía, la reforma laboral y el impulso de la competitividad.

De la estabilidad financiera ya hablé aquí. Es muy peligrosa.

La liberalización de la economía también suena muy bien pero es igual de perjudicial. Veamos un ejemplo: En España el precio de los libros está fijado. Las librerías pueden hacer un 5% de descuento a quien desee. A primera vista puede perjudicar al cliente, pues está obligado a pagar casi lo mismo en cualquier tienda. Pero es la única forma de que las librerías pequeñas sobrevivan. En el año 1997 Inglaterra “liberalizó” este sector. Ahora apenas hay librerías pequeñas.

Sucede parecido en otros sectores. Si se “liberalizan” horarios comerciales se permite que El Corte Inglés abra 365 al año. ¿Qué pequeña tienda puede competir con estas cadenas?

La “liberalización” es una medida que beneficia al grande y perjudica al pequeño.

2.-

Simplificaremos la tipología de contratos laborales para reducir la temporalidad y dar expectativas de estabilidad, flexibilidad y seguridad a todos los trabajadores y empresas. 

Nueva reforma laboral en el horizonte. Y, pueden estar seguros, no favorecerá a los trabajadores. El contrato único es, de nuevo, una propuesta neoliberal que maquillan para que parezca lógica y necesaria. Hace 2 años lo proponía la CEOE; y, ya se sabe, si lo quiere la patronal ¿a quién beneficiará?

Ayer la propuesta venía del Nobel de Economía Christopher Pissarides. Se supone que un Nobel da prestigio y garantiza amplios conocimientos. Es decir: su palabra más que la mía. Pero la Economía no es una ciencia, es ideología; ¿y qué ideología tiene este señor Pissarides? En la entrevista dice: “A finales de los años setenta y a los años ochenta, se dio a los trabajadores unos poderes y privilegios que la economía no podía permitirse”. Más claro, agua.

3.-

Modernizaremos el impuesto sobre la renta con el objetivo de favorecer el ahorro, la inversión y el empleo. Fomentaremos fiscalmente el ahorro a largo plazo mediante la creación de una nueva deducción en el IRPF por el incremento anual del ahorro, que incluya la adquisición de vivienda habitual.

Vuelta a premiar al ladrillo. ¿No hemos aprendido nada desde 2008?

4.-

En el impuesto de sociedades generalizaremos la aplicación a las empresas de reducida dimensión el tipo impositivo del 20 por ciento; extenderemos el ámbito de aplicación del tipo del 25 por ciento. Simplificaremos el sistema de deducciones.

Reducir impuestos es un regalo para ciertos oídos. Pero ya vimos lo bien que funcionaba en Irlanda el reducido Impuesto de Sociedades. Ya es muy bajo en España (9’9 el tipo medio real). Bajarlo más es un error.

En general, bajar impuestos es un error. Hoy El País publica un reportaje sobre Noruega. Allí se pagan impuestos muy altos pero también se reciben muchas prestaciones. A la larga, compensa.

5.-

Impulsaremos el mecenazgo para que tanto particulares como empresas se involucren en la financiación y promoción de la cultura, sustituyendo progresivamente el actual modelo basado en subvenciones

Es curioso que la derecha quiera que el Estado se desprenda siempre de ciertos sectores. El primero, la cultura. Bajo la acusación de ser “caldo de subvenciones”, abogan por quitarle todo el apoyo estatal. Pero cuanto más apoyo tenga, mejor para el país. Francia, por ejemplo, defiende su cine con uñas y dientes; también Estados Unidos utiliza Hollywood como embajador mundial. Y nadie acusa a sus gobernantes de favorecer a “tiririteros”.

Durante los próximos meses iremos conociendo más medidas del PP. Sin embargo, con este avance ya nos podemos hacer una idea del modelo de España que quieren.

Arriesgo una predicción: dentro de 4 años, las clases altas serán más ricas que hoy; las bajas tendrás más problemas para llegar a fin de mes; y la clase media será mucho más delgada. Ojalá me equivoque.