Ni unos ni otros

En política, antes valían los hechos. Después fue la palabra. Ahora ni siquiera. Las acciones de nuestros gobernantes son aleatorias, contradictorias y perjudiciales para el grueso de la población. Desde mayo de 2010, con Zapatero en La Moncloa, la política española ha sido un disparate.

Ahora pretenden que sus palabras superen a los hechos. Rajoy dice que todo lo que publica El País es falso y tenemos que creerle. ¿Por qué íbamos a hacerlo? No sería la primera vez que miente.

Rubalcaba sale de su guarida 24 horas después y pide la dimisión de Rajoy. Pero sólo la pide. No impulsará una moción de censura, no denunciará a Rajoy o al PP ante los tribunales. Al igual que el millón de ciudadanos que firman en change.org, sólo son palabras.

Da la extraña impresión de que ninguno quiere estar en La Moncloa. De Rajoy ya lo pensé cuando ganó. Pero supongo que entonces era demasiado tarde para echarse atrás y ahora no quiere irse con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha.

Rubalcaba pide dimisión porque sus bases se lo piden. Porque es lo que toca si eres el líder de la oposición. Pero estoy convencido de que no quiere pisar La Moncloa ni de visita. Además, igual tampoco ganaba las elecciones.

A todo esto, El País y El Periódico publican hoy 2 encuestas de intención de voto. El bipartidismo se hunde y sube Rosa Díez. Suenan ecos de Italia y Berlusconi. Al menos, si gana, la lideresa magenta no se acostará con prostitutas.

Soraya Sáenz de Santamaría: ¿superwoman?

1.-

El nuevo Gobierno ha empezado su andadura de una forma muy ilustrativa: saltándose la ley. Como bien sabe casi todo el mundo, Soraya Sáenz de Santamaría dio luz el pasado 11 de noviembre en lena campaña electoral. Una semana después, volvió al trabajo. La ley obliga a la madre a tomarse 6 semanas de baja después del parto, por lo tanto, la nueva vicepresidenta violó la ley.

Esta violación, sin embargo, casi resulta anecdótica (¿qué político cumple con todas las leyes?) si la comparamos con el peligroso ejemplo que ofrece su decisión. Los derechos no los han regalado. Han costado muchos años, mucho esfuerzo conseguirlos. Muchas madres se han partido el lomo en las fábricas y oficinas, sin poder atender a su recién nacido, para que ahora venga una señora a tirar el derecho por la borda. Es muy fácil imaginar el argumento de cierto tipo de jefe: “Si la vicepresidenta puede ir al despacho una semana después de ser madre, tú también. Tu trabajo no es ni mucho menos tan difícil”.

El comportamiento de Sáenz de Santamaría me suscita varias reflexiones. ¿Es ésa la postura oficial del PP? Quizá volver a trabajar no sea tanto una decisión de la vicepresidenta como una imposición de su jefe, Mariano Rajoy. Tal vez el PP quiera recortar el derecho por maternidad y esta sea una forma original de lanzar un globo sonda (hace 2 años, el grupo popular del Parlamento Europeo ya se mostró en contra de aumentar el permiso). Si hay protestas, puede haber pensado el residente, significa que será difícil de suprimir. Si, por el contrario, aplauden a la madre, si la comparan con superwoman y los medios se fijan en su buen aspecto, eso significa que desmantelar el derecho de maternidad será pan comido.

La segunda hipótesis me preocupa más. Quizá la vicepresidenta no sea tonta, quizá sea muy consciente de lo difícil que lo tienen las mujeres en el mundo laboral. Tal vez intuyera que si el 20N no aparecía en el balcón de la victoria, sólo pisaría La Moncloa de visita. Por supuesto, la ley le amparaba; pero eso no iba a ser obstáculo para Rajoy. Así que tomó una decisión difícil: volver al trabajo a costa de no estar lo suficiente con su hijo.

¿Cuál de estas hipótesis será la correcta?

2.-

El pasado 17 de diciembre la revista Mujer Hoy publicó una entrevista a la vicepresidenta. La mayor parte de las preguntas se refieren a su vida personal, las dificultades que ha tenido por ser mujer y su maternidad. En esas páginas, Sáenz de Santamaría aparece como una mujer luchadora, que no quiere ni llorar delante de su marido. Parece que es la única opción. Las mujeres deben “convertirse” en hombres para poder ocupar los puestos de los hombres. Destaco algunas de sus respuestas:

Hay algo que la gente no sabe: las diputadas no tenemos permiso por maternidad. Este año, por impulso de muchas diputadas y diputados con enfermedades muy graves, hemos logrado que se empiece a estudiar –aunque el tema no está resuelto técnicamente– el votar desde casa. A un diputado no puede sustituirle nadie.

La pregunta es: ¿actúa como diputada o como miembro de la directiva del PP?

Es increíble que a las mujeres hasta los derechos se les acaban convirtiendo en obligaciones. El padre no puede coger las seis primeras semanas –si quiere, puede hacerlo para disfrutarlas–, la obligación es de la mujer. Nunca he visto que a ningún hombre le digan que no cumple con sus deberes.

Parece increíble que no entienda que, en este caso, no es lo mismo ser mujer que hombre. Tras el parto, el padre regala puros y la madre espera a que se curen sus heridas.

Como decía, el tono de la revista suelta un tufillo machista. El mismo que desprenden las portadas que se preocupan de resaltar los vestidos y el físico de las entrevistadas. ¿Acaso harían la misma fotografía a Mariano Rajoy o Emilio Botín? Por supuesto que no. Sin embargo, todos los medios caen en el cliché. Incluso en una agencia de noticias como Europa Press -un medio presuntamente objetivo, que se dedica a informar sin matices- podíamos leer ayer el siguiente titular: “Soraya Sáenz de Santamaría y su nuevo estilo de vicepresidenta. Aprendiendo a ser moderna”. También Rajoy ha cambiado el estilo de sus trajes y adelgazado desde 2008, pero eso no es noticia. No debe serlo. La cuestión clave es: si el físico no es relevante en el presidente ¿por qué sí lo es en la vicepresidenta?

Existe también otro indicio inquietante de que las mujeres todavía no están a la par que los hombres, una señal débil pero reveladora de la existencia de un machismo soterrado: la forma en que nos referimos a ellas. Es habitual oír hablar de Soraya, Mari Tere, Cristina, Hillary, Esperanza… A nadie extraña que se omita su apellido; pero sería muy raro que alguien se refiriese a José Luis, a Nicolás, a Vladimir, a Emilio… Normalmente, uno se refiere a alguien por el apellido en señal de respeto; ¿será entonces que no se respeta a las mujeres que participan en política?

Coda:

Antes de escribir esto, pensaba que el (mal) ejemplo de Sáenz de Santamaría no era el único, que Carme Chacón tampoco había respetado la ley. Pero me equivocaba. La ex ministra de Defensa estuvo de baja las 6 semanas obligatorias; después volvió al trabajo, ya que el resto del permiso lo cogió su marido.

Divide y vencerás

Durante las últimas semanas se han oído voces contra el actual sistema electoral, que favorece a los grandes partidos y castiga a los terceros. Una de las alternativas es la creación de una circunscripción única a nivel estatal. Así se mejoraría la proporcionalidad. Pues bien, el PP de Madrid quiere hacer justo lo contrario. Hoy ha propuesto crear 43 circunscripciones en la Comunidad.

Ninguna ley es inocente. Todas tienen consecuencias. Algunas a largo plazo, tanto que pueden pasar desapercibidas en un primer momento (George Lakoff las denomina iniciativas de pendiente resbaladiza). En esta categoría entra la propuesta del PP de Madrid.

Sus promotores aseguran que el objetivo de la iniciativa es “perfeccionar el sistema democrático de nuestra región y acercar los diputados de la Asamblea regional a los ciudadanos”. Sin embargo, lo que en realidad se conseguiría es transformar un sistema proporcional en mayoritario (aunque sobre el papel seguiría siendo proporcional).

Actualmente, la Asamblea de Madrid tiene 129 escaños. En las últimas elecciones se repartieron entre PP, PSOE, IU y UpyD. Como es normal, hubo votantes de cada formación en cada barrio, en cada pueblo. Al ser una sola circunscripción, se sumaron los votos de todos os pueblos y, a partir de ahí, se repartieron los escaños. ¿Pero qué pasaría si dividimos el territorio?

Imaginemos un distrito cualquiera: Móstoles. Hay un único escaño en juego. El pasado 20N el PP logró la mayoría de los votos, el 47%. el escaño sería para esta formación. ¿Qué ocurre son el 53% restante? A la basura. No cuentan. Y lo mismo sucedería en las demás circunscripciones.

En teoría, el sistema es proporcional. Pero a efectos prácticos se vuelve mayoritario. Un sistema que ofrece gobiernos fuertes pero fomenta el bipartidismo al anular las posibilidades de terceros partidos.

En los tiempos actuales, el PP ganaría en la mayoría de distritos. Muchos votos del PSOE y, especialmente de IU, no servirían para nada. Es lo mismo que ha sucedido con los votos a IU o Equo en muchas provincias. Al no lograr escaño, se pierden.

Al cabo de dos elecciones, el efecto psicológico influye. ¿Para qué votar a IU, Equo o UPyD si no van a lograr escaño? Mejor voto útil o quedarse en casa.

La técnica de rediseñar las circunscripciones para lograr resultados electorales no es invención de Esperanza Aguirre. Si acaso, lo que propone el PP madrileño es a versión castiza del gerrymandering. En el siglo XIX se redibujó  el territorio de Massachutsetts para juntar a los electores demóvcrata-republicanos en un mismo distrtito. Así se aseguraban el escaño. Ésa es una forma de manipular. La otra es dividir el territorio para dispersar a los votantes del partido contrario. Es lo que se haría en Madrid.

Es cierto que la propuesta sólo afecta a una parte de los escaños, 43. Pero de llevarla a cabo se aseguran que la mayoría sean suyos. Pongamos 38-40 para el PP. Mejor dicho, para el partido ganador. En cualquier caso estos 40 escaños nunca serán ara los partidos minoritarios. Ahí está el quid. Mucho se ha hablado del bipartidismo: ésta es una propuesta para afianzarlo.