Julio Anguita: verdades como puños

Selecciono algunas frases de una entrevista publicada en eldiario.es. Si este señor estuviera en La Moncloa, a (casi) todos nos iría mejor.

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Para sacar a los ciudadanos de esa situación de ensimismamiento negativo hacen falta cosas concretas. Salario mínimo, pensión mínima, nacionalización de sectores estratégicos de la economía.. entonces surgirá el tema de la educación. Por una razón: la escuela nunca ha cambiado el mundo; el mundo tiene la escuela que él quiere. Por ejemplo, la República: su Institución Libre de Enseñanza y su gran política de enseñanza primaria fueron creadas por la República.

El sistema educativo franquista era provocado, buscado; esto es producto de la inutilidad. Esto es producto de la incompetencia total y absoluta, de que no tienen ni idea ni de economía, ni de política. Yo conozco a muchos de ellos: no leen. O sea, van a conseguir lo que Franco persiguió sabiendo lo que quería.

El miedo a pensar, ¡un país que tiene miedo a pensar! Este es un país en el que se pone un hombre delante de un toro, pero póngale un libro y sale huyendo.

No entiendo que un señor salga de una universidad, de una escuela técnica, o de un instituto y no sepa cómo se elige al alcalde, cómo es el presidente de la diputación, qué es la ONU, qué es la OTAN, qué son los derechos humanos… Estamos ante analfabetos con título universitario. Yo creo que es obligatorio que con el título que dan las instituciones salga un ciudadano, le guste o no le guste. No vive solo, él vive con los demás y él está con su actitud pasiva o activa sustentando un modelo de sociedad. Esto se llama formación ciudadana.

En Italia el Partido Comunista entró triunfante con las armas. Aquí nos legalizaron. Entraron vencedores y acabaron con el fascismo. Aquí se están cargando la educación y la gente no responde, se están cargando la sanidad y no responde, ¿por qué? Porque en el fondo no han luchado por ello.

En Francia y en Inglaterra… Todo país que no ha ajusticiado un rey tiene una parte negativa.

Por las bravas a veces hay que defender la democracia; por las bravas, en los momentos extremos hay que utilizar la fuerza. Pero eso es con cuentagotas, en momentos extremos.

Cuando alguien dice que gana no sé cuántos millones, es que es inmoral. Es que usted no los gana, porque no y punto. Hay cosas que no se pueden discutir.

Primeramente saquear los mercados, porque para poder saquear lo otro hay que comer. Primum vivere deinde philosophari. Y yo he defendido a Sánchez Gordillo porque sobre todo ha marcado una señal cuando la televisión, precisamente, había puesto unos días antes cómo la gente se peleaba en las puertas falsas de los supermercados por coger los restos. Eso no escandaliza a nadie, parece ser.

Yo cuando me fui dije dos cosas. Voy a estar dos años callado y lo estuve, y cambio de trinchera pero no de guerra. Continué. Pero han sido diez años de conferencias en universidades, en asociaciones de vecinos, y ha funcionado internet. Y yo no he tenido nunca ascendiente en El País, pero en internet sí.

Es que yo creo que el poder de cambiar es como el agua mansa que va lamiendo la corteza. Tiempo. La política es un arte agrario.

Cuando yo voy dando las conferencias, hago una cosa como buen maestro de escuela que fui, le voy descubriendo a la gente que ella sabe lo que yo voy diciendo pero que se lo estoy colocando en orden.

Junto a Marx y Lenin, pongo a Sócrates.

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Anguita ha fundado Frente Cívico. Éstas son sus reivindicaciones. Salvo la última, que matizaría, las comparto todas.

  1. Salario mínimo interprofesional de 1.000 euros al mes. Esta cantidad corresponde al 72% de la media de los seis países de la UE que lo tienen más alto
  2. Ninguna pensión por debajo del SMI.
  3. Extensión y ampliación de la prestación por desempleo.
  4. Reforma fiscal: progresividad y persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las SICAV. Dotar de infraestructuras de todo tipo a la inspección fiscal de la Hacienda Pública.
  5. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros.
  6. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Ley sobre la obsolescencia programada.
  7. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar (que hace referencia a que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho) y VII (sobre economía y hacienda) de la Constitución.
  8. Control y democratización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores.
  9. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado.
  10. Reforma del sistema electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las autonomías como circunscripción y un colegio nacional de restos.

El capitalismo es un caballo salvaje

1.-

Primero, un chiste: Hay dos peces jóvenes nadando y se encuentran con un pez más viejo que viene en sentido contrario. Éste les saluda con la cabeza y dice “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno de ellos se vuelve hacia el otro y dice “¿Qué diablos es el agua?”. Parecido podría decirse del capitalismo.

Es el sistema económico imperante y, sin embargo, pasa desapercibido. Es lo “normal”. Cuando alguien habla de ideología o de sistemas económicos siempre se refiere a otros sistemas, a otras formas de entender el mundo. Es un modo muy efectivo de apuntalarlo.

Parece que el capitalismo siempre ha existido, que siempre existirá. El Fin de la Historia y todo eso, ¿recuerdan? Sin embargo, el capitalismo sólo tiene 400 años. Aunque antes existían actividades que pueden encasillarse en él, comenzó a fortalecerse con la Reforma, como señala Max Weber. 400 años. Un suspiro. ¿Hasta cuando durará? No se sabe. Pero seguro que se extingue, que muta, que es sustituido por otro sistema. ¿Mejor o peor? Esperemos que lo primero.

Otro chiste: Dice un estudiante a un amigo: “Mi tesis trata sobre la supervivencia del sistema de clases en Estados Unidos”. El amigo se sorprende: “No sabía que hubiera sistema de clases en Estados Unidos”. “Nadie lo sabe”, responde el estudiante. “Precisamente es así como sobrevive”.

El diputado de IU Alberto Garzón ha resumido esta idea en el siguiente tweet: “Todo el mundo tiene ideología. Y quien cree que no tiene… se engaña, pues ha interiorizado la ideología del poder económico.”

Pero para cambiar algo lo primero es reconocer su existencia. El capitalismo ha utilizado el viejo truco del diablo, y parece que funciona.

2.-

El capitalismo es incompatible con la democracia. No lo digo yo, lo dice JA Schumpeter, un economista nada sospechoso de ser izquierdista: “El capitalismo, si permanece estable económicamente, e incluso si mejora en estabilidad, crea una mentalidad y un estilo de vida incompatibles con sus propias condiciones fundamentales, con sus motivaciones profundas y con las instituciones sociales necesarias para su supervivencia”.

El capitalismo es un caballo salvaje. Lucha por zafarse de su amo, de la política. Si el jinete no sujeta bien fuerte las riendas, se lanza al galope hasta derribarlo. El caballo, ahora libre, huirá pero terminará por morir. Pues no es nada sin su dueño.

Parece que en China lo ha logrado, allí el capitalismo sin democracia da unos resultados (económicos) asombrosos. Pero ¿hasta cuándo es viable esa situación? Por otra parte, que no haya democracia no quiere decir que no haya política. Al contrario. China gasta más en seguridad interna que en su ejército exterior. Quizá porque, como dice Eduardo Galeano, para que el dinero circule libremente hay que encarcelar a las personas.

Hace unos años se hizo un experimento con ratones para estudiar la adicción a la cocaína. En su jaula, tenían dos opciones: recibir una dosis de droga o comer. Si elegían una, no podían elegir la otra hasta horas después. Pues bien, su adicción era tan poderosa que preferían morir de hambre a privarse de una dosis de cocaína. Esto sucede con el sistema capitalista.

Los “mercados” son voraces, incansables, insaciables. Los especuladores son capaces de destruir el sistema antes que renunciar a los desorbitados beneficios. Piensan a corto lazo. La película Margin call es un buen ejemplo de este comportamiento. Aquellos ejecutivos, que ganaban millones al año, sabían que sus acciones iban a causar un severo daño a la economía mundial. Y aun así… bueno, ya sabemos lo que pasó.

3.-

No me considero anticapitalista. Primero porque prefiero definirme pro algo que contrario a algo. Así, me considero demócrata, partidario del estado de bienestar, de las empresas públicas, de los impuestos altos… Y segundo porque hoy todavía no existe una alternativa viable. Todavía no ha aparecido el Karl Marx del siglo XXI. Hasta que lo haga, sólo podemos sujetar con determinación las riendas. Domar al capitalismo. Que no se escape. Que no nos derribe.

Una tarea difícil. Los economistas de la ortodoxia (la ortodoxia capitalista, se entiende) son contrarios a poner coto a sus desmanes. Prefieren la “libertad de mercado” y la “desregularización”, dejar trabajar a la famosa mano invisible. Estas palabras tienen para mí otro significado: la ley de la selva. Karl Liebknecht lo expresó muy bien: “La ley básica del capitalismo es tú o yo, no tú y yo”.

Y los políticos son cada vez más débiles, cada día disminuye su poder de decisión. Dejan paso a los “expertos”, los tecnócratas. Pero un tecnócrata no es un informático. Un tecnócrata tiene ideología y, normalmente, suele ser neoliberal. ¿Qué freno van a poner los Draghi y Taguas del mundo? Ninguno.

¿Hay esperanza? Quiero pensar que sí. Pero está en el fondo de la caja, oculta bajo los demonios que nos saltan a la cara.

Que vienen los rojos

En menos de 24 horas he recibido informaciones muy diferentes sobre el miedo a los comunistas. Primero a través del blog de Pascual Serrano. El periodista transcribe unas declaraciones de una congresista de Estados Unidos: “¿De dónde proviene esta idea de que todo el mundo merece una educación gratuita, atención médica gratuita, libre de lo que sea? Viene de Moscú, de Rusia. Viene directamente de la boca del infierno”.

Estamos en 2011, por si alguien lo ha olvidado. El muro de Berlín ha caído, las políticas marxistas se refieren a Groucho y las ideas del alemán sólo sobreviven a duras penas en una isla calurosa. Y, aún así, hay quien utiliza el comunismo para atemorizar, ahuyentar la tentación de alcanzar o mantener el estado de bienestar y llenarse los bolsillos (pues si no hay educación pública, es privada; y ya sabemos quién se beneficia de estas cosas)

También desde la ficción me llegan ecos del odio al comunismo. En 1989, Costa Gavras rodó La caja de música, una película en la que se acusa a un anciano de haber pertenecido a las SS húngaras durante la Segunda Guerra Mundial, antes de emigrar a Estados Unidos. Sus supuestos crímenes son atroces. Como testigos, el fiscal hace subir al estrado a supervivientes de sus cacerías. Y la clave de la abogada para descalificarlos es, pura y simplemente, insinuar que simpatizan con el gobierno comunista de Hungría.

Eran otros tiempos, sí. Pero no deja de resultarme extraño que se considerase peor abogar y luchar por un mundo sin clases sociales que por un mundo sin judíos, gitanos, homosexuales y discapacitados (y seguro que me dejo algún colectivo por el camino). Fallaron en el intento, sí. Pero, como dice el chiste, ni el comunismo era tan malo ni el capitalismo tan bueno.

Hoy ya no se dice que los comunistas se comen a los niños pero sigue sin verse bien ciertas ideas. Hace una semana el dictador de Túnez huyó del país. Como bien recordó, una vez más, Pascual Serrano, sólo entonces los medios le llamaron dictador (y no todos, y no tantas veces). Los dictadores son los otros. Castro, Chávez, Evo Morales… En cambio, todos esos países del norte dde África tan bonitos y exóticos son democracias ejemplares ¿O no?

No seré yo quien defienda a capa y espada el sistema cubano (ya hablé una vez de su extraño funcionamiento) pero sí lo haré frente a otros modelos. El racista de Israel, el clasista de Estados Unidos, la cleptocracia de Rusia, la teocracia de Irán…

De nuevo, recurro al velo de ignorancia. Si naces pobre, con serios problemas médicos y no te educan en la religión oficial, ¿en qué país de los citados prefieres vivir?

He escrito este post para tratar de responder a una pregunta: ¿por qué se sigue temiendo y odiando al comunismo? No he logrado mi propósito.

 

Actualización 31-01-2011

Gracias a un tweet de Raúl Sensato encuentro una posible respuesta a la pregunta anterior. La da el filósofo Slavoj Zizek. En este artículo dice:

¿De dónde brota la fuerza de esta resurrección del anticomunismo? ¿Por qué resucitan los viejos fantasmas en países donde buena parte de la juventud ni siquiera recuerda los tiempos del comunismo? El nuevo anticomunismo da una respuesta sencilla a la pregunta: “Si el capitalismo es realmente tanto mejor que el socialismo, ¿por qué entonces llevamos una vida tan miserable?”