Soraya Sáenz de Santamaría: ¿superwoman?

1.-

El nuevo Gobierno ha empezado su andadura de una forma muy ilustrativa: saltándose la ley. Como bien sabe casi todo el mundo, Soraya Sáenz de Santamaría dio luz el pasado 11 de noviembre en lena campaña electoral. Una semana después, volvió al trabajo. La ley obliga a la madre a tomarse 6 semanas de baja después del parto, por lo tanto, la nueva vicepresidenta violó la ley.

Esta violación, sin embargo, casi resulta anecdótica (¿qué político cumple con todas las leyes?) si la comparamos con el peligroso ejemplo que ofrece su decisión. Los derechos no los han regalado. Han costado muchos años, mucho esfuerzo conseguirlos. Muchas madres se han partido el lomo en las fábricas y oficinas, sin poder atender a su recién nacido, para que ahora venga una señora a tirar el derecho por la borda. Es muy fácil imaginar el argumento de cierto tipo de jefe: “Si la vicepresidenta puede ir al despacho una semana después de ser madre, tú también. Tu trabajo no es ni mucho menos tan difícil”.

El comportamiento de Sáenz de Santamaría me suscita varias reflexiones. ¿Es ésa la postura oficial del PP? Quizá volver a trabajar no sea tanto una decisión de la vicepresidenta como una imposición de su jefe, Mariano Rajoy. Tal vez el PP quiera recortar el derecho por maternidad y esta sea una forma original de lanzar un globo sonda (hace 2 años, el grupo popular del Parlamento Europeo ya se mostró en contra de aumentar el permiso). Si hay protestas, puede haber pensado el residente, significa que será difícil de suprimir. Si, por el contrario, aplauden a la madre, si la comparan con superwoman y los medios se fijan en su buen aspecto, eso significa que desmantelar el derecho de maternidad será pan comido.

La segunda hipótesis me preocupa más. Quizá la vicepresidenta no sea tonta, quizá sea muy consciente de lo difícil que lo tienen las mujeres en el mundo laboral. Tal vez intuyera que si el 20N no aparecía en el balcón de la victoria, sólo pisaría La Moncloa de visita. Por supuesto, la ley le amparaba; pero eso no iba a ser obstáculo para Rajoy. Así que tomó una decisión difícil: volver al trabajo a costa de no estar lo suficiente con su hijo.

¿Cuál de estas hipótesis será la correcta?

2.-

El pasado 17 de diciembre la revista Mujer Hoy publicó una entrevista a la vicepresidenta. La mayor parte de las preguntas se refieren a su vida personal, las dificultades que ha tenido por ser mujer y su maternidad. En esas páginas, Sáenz de Santamaría aparece como una mujer luchadora, que no quiere ni llorar delante de su marido. Parece que es la única opción. Las mujeres deben “convertirse” en hombres para poder ocupar los puestos de los hombres. Destaco algunas de sus respuestas:

Hay algo que la gente no sabe: las diputadas no tenemos permiso por maternidad. Este año, por impulso de muchas diputadas y diputados con enfermedades muy graves, hemos logrado que se empiece a estudiar –aunque el tema no está resuelto técnicamente– el votar desde casa. A un diputado no puede sustituirle nadie.

La pregunta es: ¿actúa como diputada o como miembro de la directiva del PP?

Es increíble que a las mujeres hasta los derechos se les acaban convirtiendo en obligaciones. El padre no puede coger las seis primeras semanas –si quiere, puede hacerlo para disfrutarlas–, la obligación es de la mujer. Nunca he visto que a ningún hombre le digan que no cumple con sus deberes.

Parece increíble que no entienda que, en este caso, no es lo mismo ser mujer que hombre. Tras el parto, el padre regala puros y la madre espera a que se curen sus heridas.

Como decía, el tono de la revista suelta un tufillo machista. El mismo que desprenden las portadas que se preocupan de resaltar los vestidos y el físico de las entrevistadas. ¿Acaso harían la misma fotografía a Mariano Rajoy o Emilio Botín? Por supuesto que no. Sin embargo, todos los medios caen en el cliché. Incluso en una agencia de noticias como Europa Press -un medio presuntamente objetivo, que se dedica a informar sin matices- podíamos leer ayer el siguiente titular: “Soraya Sáenz de Santamaría y su nuevo estilo de vicepresidenta. Aprendiendo a ser moderna”. También Rajoy ha cambiado el estilo de sus trajes y adelgazado desde 2008, pero eso no es noticia. No debe serlo. La cuestión clave es: si el físico no es relevante en el presidente ¿por qué sí lo es en la vicepresidenta?

Existe también otro indicio inquietante de que las mujeres todavía no están a la par que los hombres, una señal débil pero reveladora de la existencia de un machismo soterrado: la forma en que nos referimos a ellas. Es habitual oír hablar de Soraya, Mari Tere, Cristina, Hillary, Esperanza… A nadie extraña que se omita su apellido; pero sería muy raro que alguien se refiriese a José Luis, a Nicolás, a Vladimir, a Emilio… Normalmente, uno se refiere a alguien por el apellido en señal de respeto; ¿será entonces que no se respeta a las mujeres que participan en política?

Coda:

Antes de escribir esto, pensaba que el (mal) ejemplo de Sáenz de Santamaría no era el único, que Carme Chacón tampoco había respetado la ley. Pero me equivocaba. La ex ministra de Defensa estuvo de baja las 6 semanas obligatorias; después volvió al trabajo, ya que el resto del permiso lo cogió su marido.

Cumplir con la ley (y con su espíritu)

El refrán “hecha la ley, hecha la trampa” dice mucho de la cultura política (y no política) que hay por estos lares. Aquí parece que quien sigue la norma es un pringado, que sólo los cobardes esperan a que el semáforo se ponga en verde para cruzar y que pagar impuestos es cosa de pobres.

Quizá una de las normas más burladas en Aragón sea la Ley 3/1997 de promoción de la accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas, urbanísticas, de transportes y de comunicación. Estoy seguro de muchas Comunidades Autónomas tienen leyes similares; y estoy convencido de que tampoco se cumplen. Veamos dos ejemplos.

Los cines Aragonia se construyeron en Zaragoza en el año 2009. Cuentan con 16 salas y exhiben películas en versión original. Como es normal, las salas están diseñadas como un anfiteatro: filas de asientos unas más altas que otras, para llegar al asiento hay que subir escaleras. La ley dice: La construcción, ampliación y reforma de los edificios de titularidad pública o privada destinados a uso público (entre ellos salas de cine) se efectuará de forma que resulten accesibles para personas con limitaciones. ¿Qué ha hecho la empresa propietaria de Aragonia? Ha dejado varios espacios para sillas de ruedas en la primera fila.

Cumplen con la ley, pero no con su espíritu. Salvan la multa pero se ríen de los motivos que tuvo el legislador al redactar la norma. Un ciudadano con problemas de movilidad que quiera ver una película en los Aragonia está obligado a verla en primera fila, a costa de sus ojos y su cuello. La otra opción es ir acompañado y que le ayuden a subir hasta su fila. Pero eso no es accesibilidad.

Segundo ejemplo. Hace unos días fui a una oficina de la Seguridad Social por un tema de baja laboral. Al llegar al edificio, descubrí que tenía un puñado de escalones. Antes de empezar a jurar en arameo también descubrí a existencia de un timbre con el icono de silla de ruedas. Llamé y salieron dos funcionarios a preguntarme qué quería. Cuando les expliqué la gestión que iba a hacer, me dijeron que entrase. Sacaron una rampa metálica y la colocaron en los escalones. El problema era que la rampa quedaba demasiado empinada. Tanto que no me atreví a subir.

De nuevo,  ponen los medios para cumplir la ley pero en realidad la están burlando. Mal que lo haga un cine pero todavía más grave es que el edificio sea público.

Como éstos, hay centenares de ejemplos. Y no sólo en el tema de la accesibilidad. La ley antitabaco provocó casos similares. ¿Qué incita a los ciudadanos a burlar la ley? Asumimos que toda ley es represiva y que, por tanto, merece ser violada. Pero como somos demasiado cobardes preferimos burlarla, aparentar que cumplimos con ella. Casi prefiero que un cine ponga un cartel que diga “Aquí no pueden entrar sillas de ruedas” a que me intenten convencer de ver Origen o Tintín en primera fila.

Suelo decir que esto se arregla el día en que haya una silla de ruedas en el Consejo de Ministros. Pero ¿cómo subirá las escaleras de La Moncloa?