Equo: el día después

1.-

Cada vez son más las voces que critican el actual sistema electoral y piden uno más proporcional, más representativo. Más justo, en definitiva.

Durante la jornada electoral de ayer se escribieron centenares de tweets sobre este asunto. Algunos simplemente afirmaban que el reparto de escaños no es equitativo; otros sugerían fórmulas alternativas y mostraban cómo quedaría el Parlamento de seguir sus propuestas. Hace varios meses desarrollé en este post un argumentario similar.

Es bueno que aumente el número de personas conscientes de que el sistema no es perfecto; es positivo tengamos espíritu crítico, que vayamos más allá de la queja y el pataleo y realicemos propongamos un modelo diferente. Es sano pero ¿hasta qué punto es útil?

Quiero pensar que llegará el día en que se modifique esa frase de la Constitución (“la circunscripción electoral es la provincia”). Quiero pensar que los partidos reconocerán que el sistema se diseñó con el objetivo de lograr gobiernos fuertes y limitar la presencia de partidos de izquierda en el parlamento. Quiero pensar todo esto pero me temo que es una utopía.

Lo ideal sería jugar en igualdad de condiciones, pero no va a ser así. Hay que aprender a jugar con las cartas dadas. Aprender a “aprovecharse” del sistema. (La idea de este post me la ha dado Sergio Barrejón)

2.-

Para empezar: ¿quien se beneficia de la ley electoral? Las formaciones que se presentan en pocas circunscripciones. El PNV se ha presentado en 3 provincias; Amauir en 4 (las vascas más Navarra); CiU y ERC en 4; Coalición Canaria en 2. Todos estos partidos logran más escaños de los que les correspondería en un sistema justo. (Izquierda Unida de Aragón ha sido consciente de esta realidad y la ha aprovechado; se ha coaligado con Chunta y juntos han logrado un escaño por Zaragoza)

Así pues, una clave es presentarse en pocas circunscripciones. ¿De qué le sirve a Equo tener candidatos en casi cada provincia cuando las encuestas sólo le prometían Valencia (en coalición con Compromís) y, como mucho, Madrid? ¿No hubiera sido mejor centrar los recursos en esas dos plazas?

Si en las siguientes elecciones generales Equo se centrase en las provincias con verdaderas oportunidades, las posibilidades de lograr escaño aumentarían. Estas provincias (yo apostaría por elegir un máximo de 3, para empezar) recibirían todo le dinero del partido. También los días de campaña podrían repartirse mejor. Y al tener más tiempo en cada ciudad, es más fácil aparecer en los medios de comunicación de masas (TV en especial) y darse a conocer al gran público (el mayor obstáculo de los partidos minoritarios).

3.-

Nos guste o no, la política es cada vez más personalista. Se vota al candidato, no al programa. Equo tiene un programa sólido, concreto y atractivo para un cierto público pero sólo tiene dos candidatos con cierta proyección pública. Y los dos se han presentado por Madrid. A mi juicio, han desperdiciado una oportunidad.

Entiendo que el cabeza de partido se presente en la capital pero ¿el segundo? Hay que recordar que Llamazares se ha presentado por Asturias, y no ha pasado nada. Es más: tanto Cayo Lara como él han logrado escaño. Tal vez Inés Sabanés debiera haberse presentado por ejemplo por Sevilla (que, después de Madrid, es la provincia que más votos ha dado a Equo).

Un ejemplo de este tirón del candidato en detrimento del programa lo hemos visto en Málaga. Allí se presentaba el economista Alberto Garzón por Izquierda Unida. Garzón es conocido bloguero y tuitero, también ha participado en varias ediciones de 59 segundos. Conozco a unas cuantas personas que no son votantes de Izquierda Unida pero que hubieran apoyado Alberto Garzón si se hubiera presentado por Zaragoza.

4.-

En resumen: Equo ha tratado de presentarse en el mayor número de provincias posibles pero ¿ha sido un acierto? A mi juicio, no. Si hubieran dedicado el mismo esfuerzo y dinero a promover dos candidatos, es posible que hubieran logrado entrar en el Congreso. (A pesar de que su coalición con Compromís ha logrado un escaño, en realidad el diputado es miembro de Compromís; no es lo mismo)

Supongo que es el eterno debate: hace años se discutía entre extender revolución o llevarla a cabo hasta sus últimas consecuencias en un país y, sólo entonces, intentarlo en el país vecino. Ahora hay que pensar qué es mejor para el movimiento que representa Equo: pelear en toda España o centrarse en unas pocas provincias. Soy de la opinión que los debates y trabajos de estudio deben realizarse a nivel estatal pero que en las elecciones hay que saber elegir las batallas.

Hoy Equo escribía en Facebook que tenían “reunión para analizar la situación y ver próximos pasos”. Como el PSOE, también esta formación debe hacer autocrítica sobre lo sucedido. Espero que estas reflexiones puedan servirles de ayuda.

Derecho de admisión

Dos puntos de partida:

El 27 de marzo, Los Verdes ganaron las elecciones en Waden-Württenberg,  uno de los estados federales de Alemania. La amenaza de Fukushima y la gestión nuclear de Angela Merkel fueron claves para esta victoria. Aunque un político verde, Joschka Fischer, ya fue ministro de Exteriores de Alemania, es la primera vez que esta formación gobierna un estado federal.

Mañana, Perú celebra elecciones presidenciales. Los sondeos auguran la victoria de Ollanta Humala. Si no en la primera vuelta, sí en la segunda. Hace 5 años Humala era un radical alineado con Castro y Chávez. Hoy su discurso es mucho más moderado y ya no viste de rojo, sino de blanco. Según medios de comunicación, esta transición se ha realizado con la ayuda de Joao Santana, asesor de Lula Da Silva.

Un análisis:

El realizado por el semanario The Economist. Este periódico, que se define como liberal, considera que la victoria de los Verdes no es buena para Alemania y que, en cualquier caso, este partido deberá “normalizarse” para gobernar.

No es un análisis nuevo. La democracia formal no evita que pensemos (quizá de forma inconsciente) que unos partidos, unas personas, son más capaces para el ejercicio del poder que otras. En ocasiones, sin importar su ideología. Son demasiado radicales, demasiado ilusos, visten demasiado informal.

Ollanta Humala no podía ganar vestido de rojo; los verdes tienen que suavizar su discurso para gobernar. El primero necesita parecer “normal” y busca a un estratega para que le ayude, para que le asemeje a Lula, un político de izquierdas que no lo aparenta. Puede seguir en sintonía con Chávez con Castro, pero es mejor hacer creer que no.

Ollanta Humala en 2011

 

Ollanta Humala en 2006

 

 

 

 

 

 

 

Los verdes “deben ser más pragmáticos”, su oposición a la energía nuclear es “irracional”. Si no cambian de postura, su paso por el poder será malo para Alemania. Así, para gobernar deben abandonar ciertas posiciones, deben desideologizarse, deben dejar de ser Verdes y empezar a ser como el resto.

Los Verdes celebran su victoria

Este sentimiento es universal. En España también hay una percepción extraña entre la izquierda: que Izquierda Unida debería gobernar pero son demasiado idealistas. Si IU fuera más “normal”, tendría muchos más votos.

Hay que ser serios. El Gobierno es un asunto muy importante y no debe dejarse a los que son diferentes. No importa dárselo al centro izquierda o centro derecha: ellos son normales. No hay nada que temer.

Este pensamiento, que no sólo afecta a a política (de ahí esa obsesión en todos los ámbitos por ser normal y gustar a todos), impide que se produzcan cambios reales en la sociedad. Pensando únicamente en España, ¿de qué sirve votar a Equo o a Izquierda Unida si, una vez en el poder, van a actuar como sus predecesores?

Es un pensamiento peligroso.

El tsunami del bipartidismo, 2ª parte

¿Cómo podemos librarnos del bipartidismo del que hablaba en el anterior post? Es fácil: sólo hay que cambiar la primera frase del párrafo segundo del artículo 68 de la Constitución. Dice lo siguiente:

La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla  estarán representadas cada una de ellas por un Diputado. La ley distribuirá el  número total de Diputados, asignando una representación mínima inicial a cada  circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población

Me explico. (A partir de ahora hablaré de Elecciones Generales).

Los sistemas electorales constan de 3 elementos: circunscripción, fórmula y barrera mínima. En España la barrera se sitúa en el 3% y la fórmula para traducir votos en escaños es la representación proprocional, a la que se añade la d’Hont. A menudo se ha argumentado que esta fórmula es la causa de la desviación de los votos. Esto es falso.

Siempre que se utilice el sistema proporcional y no el mayoritario (que sí se adopta para las elecciones al Senado), la fórmula y la barrera no son relevantes. La clave está en la circunscripción. Veamos un ejemplo.

A la provincia de Huesca le corresponden 3 escaños: dos vienen de serie (lo dicta la Constitución), y el tercero viene dado por su población. Es decir, los votantes de Huesca envían 3 personas al Congreso de los Diputados. En las elecciones de 2008, los resultados fueron:

  • PSOE – 47’43% de los votos – 2 escaños.
  • PP – 37’80% de los votos – 1 escaño.

Así pues, los 3 escaños con los que cuenta Huesca se repartieron entre el PP y el PSOE. Y sólo fue utilizados el 85% de los votos. ¿Adónde fue a parar el 15% restante? A la basura.

Y lo mismo sucede en el resto de provincias.

El resultado global es que los partidos que se presentan en todas las provincias pero no ganan en cada una de ellas, pierden escaños en el reparto. Y aquellos que sólo se presentan en una comunidad autónoma suelen tener más escaños que los que realmente merecen. Por eso Izquierda Unida tiene menos escaños que PNV o CiU.

Éste es el caso más paradigmático. Pero sucederá lo mismo con UPyD y Equo en 2012. El sistema está diseñado para los ganadores.

El BNG propuso que la circunscripción fuera la Comunidad Autónoma. Pero es dejar el problema a medias. La solución está en utilizar una circunscripción única. Al fin y al cabo, son Elecciones Generales. Este sistema no se un invento mío: se usa en Holanda, en Israel y en las elecciones al Parlamento Europeo.

¿Qué sucedería entonces? ¿Cómo sería el reparto final de escaños si sólo hubiera una circunscripción, que abarcara todo el territorio español?

Si la circunscripción fuese única, entonces la mayoría de esos votos que se quedan ahora en el tintero contarían. La proporcionalidad sería más real. Habría menos desviación entre votos y escaños. Y más democracia.

En las elecciones de 2008 IU sacó un 3’8% de los votos, pero obtuvo 2 escaños. Con una circunscripción única ahora tendríamos a 13 diputados de IU en el Congreso.

A esto hay que añadir el factor esperanza. Hoy por hoy, miles de votantes se resignan a que su papeleta no sirva para nada. Pero ¿cuántas personas no votan a Izquierda Unida porque saben que es un gesto inútil? Si todos los votos contasen igual, si supieran que tienen las mismas posibilidades que un votante del PP o del PSOE, ¿cuántos se animarían?

¿Cuántas recortes se hubieran aprobado con la oposición de 13 diputados de IU? ¿Dónde estaría la Ley Sinde?

Muchas veces se habla de reformas, pero se olvida la principal. Cambiemos la circunscripción y cambiaremos España.