Propuestas concretas de Equo

Selecciono las respuestas más interesantes que ha dado hoy el promotor de Equo, Juan José López de Uralde, en el chat del diario Público.

'Juantxo', en la redacción de Público.es

La ecología política está dando respuestas reales a la crisis económica. Es muy importante que la gente entienda que estamos haciendo propuestas concretas para crear empleo, para controlar los mercados y para regenerar la democracia.

EQUO propone el cierre de las centrales progresivo de las centrales nucleares, con el apagón final en el año 2020. Para ello proponemos un cambio en nuestro modelo energético, impulsando de manera decidida las energías renovables para llegar a un escenario 100% renovable en el año 2030. Estamos convencidos que es posible llegar ahí porque tenemos la tecnología, los profesionales y las empresas que pueden hacerlo.

Nuestro partido no tiene sólo un carácter ecologista. Basa su propuesta electoral en tres ejes: equidad social; sostenibilidad y regeneración democrática. Tenemos que salir al mismo tiempo de la crisis económica y ecológica. Es más creo, que no es posible una cosa sin la otra.

La lucha contra el paro es un elemento clave en nuestro programa. Abogaríamos por impulsar los sectores de la economía verde en los que hay un yacimiento de 2,7 millones de empleos; además recuperaríamos el crédito para las pymes; impulsaríamos un nuevo modelo de vida laboral en el que se trabajasen menos horas y cambiaríamos la política fiscal para promover nuevas tasas capaces de generar financiación a esos sectores. Un ejemplo: introducir un impuesto de 1 céntimo en la gasolina con el objetivo final de desarrollar las energías renovables, y reducir la dependencia del petróleo.

Somos favorables a que haya una banca pública que garantice, por ejemplo, la recuperación del crédito a las pymes y autónomos.

EQUO nace antes del 15M, pero compartimos con este movimiento el diagnóstico de la situación. Sobre todo en lo referido al alejamiento de los ciudadanos de la política y la necesidad de regenerar la democracia. Muchas de sus demandas están incluidas en nuestro programa.

EQUO ha decido no pedir ningún crédito para financiar la campaña. Lo hemos hecho porque pensamos que en la actual situación económica, las campañas electorales deben ser mucho más austeras.

El sistema político está diseñado para perpetuar en el poder al bipartidismo. Por eso es muy importante que el 20N se vote a los pequeños. Aprovecho para decir que el voto en blanco todavía nos lo pone más difícil ya que eleva el listón de los votos necesarios para obtener representación para los pequeños. Para luchar contra el bipartidismo, el voto a EQUO es una buena opción.

Nosotros defendemos la reforma del Senado para darle una verdadera naturaleza de Cámara territorial. En cuanto a las Diputaciones somos partidarios de su eliminación, asegurando que se cubren todas sus competencias por otras instituciones.

Somos totalmente partidarios del software libre; promoveríamos su uso en las administraciones públicas.

Obviedades (no tan obvias) del sistema electoral

1.-

La mayoría de los ciudadanos no vamos a votar ni a Rubalcaba ni a Rajoy. Tampoco a Cayo Lara o Rosa Díez o Juantxo López de Uralde. ¿Por qué? Porque la mayoría de los ciudadanos reside fuera de la comunidad de Madrid.

Es una obviedad pero, como tantas otras, es necesario recordarlo. Hace unos días Jorge Romance escribía en su blog que los candidatos en realidad no son candidatos. Muy cierto. Alfredo Pérez Rubalcaba es el cabeza de la lista del PSOE por Madrid. Nada más. Y Mariano Rajoy es el cabeza de la lista del PP por Madrid. Esto significa que si el PSOE o el PP de Madrid lograra un único escaño, éste sería para Rubalcaba o Rajoy.

La sociedad ha asumido que estos cabezas de lista de la capital son los aspirantes a presidente del Gobierno. Y no tiene por qué. La Constitución dice que el Rey consultará con los grupos parlamentarios surgidos de las elecciones y propondrá un candidato. Esta persona debe cumplir dos requisitos: ser español y ser mayor de edad. Rubalcaba, Rajoy y millones de ciudadanos los cumplen.

Lo común es que los grupos parlamentarios propongan a sus líderes, es un pacto tácito. Pero podría no ser así. De hecho, el PP podría sugerir al rey el nombre de José María Aznar y, gracias a la probable mayoría absoluta, este señor podría volver a ser presidente.

2.-

También es común pensar que los diputados deben cumplir los deseos de la ciudadanía. Y no es así. Veamos por qué.

La Constitución reza:

Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo.

El mandato imperativo es una figura jurídica de los primeros tiempos del parlamentarismo. Este mandato obligaba a los representantes a seguir la voluntad de aquellos que les eligieron. Fue suprimido en la Revolución Francesa bajo el argumento de que los diputados representaban a la Nación, y la Nación no debe obedecer a nadie. En su momento fue una buena idea: así los diputados tenían libertad para legislar (algo que en aquellos años escaseaba). La pregunta es: ¿y ahora?

En la España actual rige el mandato representativo. En teoría los diputados son libres, pueden votar según su conciencia y nadie puede presionarlos o sancionarlos por votar en uno u otro sentido. Pero ya se sabe: en teoría funciona hasta el comunismo.

Bromas aparte, lo cierto es que hoy rige un peculiar mandato imperativo: el de las directivas de los partidos políticos. El diputado del PSOE por Zaragoza es, en principio, libre de apoyar o no las iniciativas de su grupo parlamentario. Pero en la práctica debe obedecer la disciplina de voto. Y quien no lo hace es castigado con una multa.

También existe un soterrado mandato imperativo cuando los diputados “barren para casa”, cuando quieren apoyar a sus ciudades, Comunidades Autónomas… Olvidan que representan a todos los ciudadanos, no sólo a los de su ciudad, no sólo a los de su comunidad, y no sólo a quienes les votaron.

Por estas razones, las listas abiertas son inútiles. Ya existen para el Senado y no cambian nada. ¿Quién conoce al diputado de su provincia? Y aun conociéndolo ¿de qué sirve, si va a votar lo que diga su partido?

3.-

La pregunta que surge al unir estas dos realidades (las listas y la disciplina de voto) es: ¿tiene sentido que existan tantos diputados? ¿Para qué queremos 150 diputados de un mismo partido si todos van a opinar igual? ¿No sería mejor que hubiera un diputado por partido y que su voto valiera más o menos según el apoyo recibido en las elecciones?

La contraargumentación es que los diputados son necesarios ya que constituyen la asamblea legislativa, de ellos nacen las leyes. De nuevo, en teoría sí. En teoría hay separación de poderes: las Cortes legislan y el Gobierno ejecuta estas leyes. Pero ¿se cumple? Da la impresión de que es el gobierno quien impulsa las leyes que luego son aprobadas por los diputados (que, claro está, deben votar siempre según las órdenes de su jefe). Eso, cuando no gobierna a golpe de decreto ley, sin pasar por las Cortes.

Por supuesto, no sugiero reducir a 5 o 6 el número de diputados. Es una exageración, pura retórica. No quiero diezmar el Congreso, pero sí sería bueno pararse a pensar en la contradicción entre ciertas costumbres y la ley.

Sólo entendiendo la divergencia entre teoría y realidad, comprendiendo cómo funciona el sistema de representación política podemos empezar a cambiarlo.

4.-

El 20 de noviembre sería bueno fijarse en los nombres que figuran en la papeleta que elijamos, para seguirles el rastro durante los próximos 4 años. No sea que en la fiesta de la democracia nos den garrafón.

Esto no es un debate

El mejor debate político que he visto nunca existió en la realidad. Fue escrito por Aaron Sorkin para la serie de televisión El Ala Oeste. En ese capítulo, los espectadores pudimos ver cómo dos candidatos a la Casa Blanca (Matt Santos y Arnold Vinick) renunciaban a los límites y corsés que sugerían sus asesores para promover un verdadero debate. Una vez en el escenario -libres de cadenas de tiempos, gestos y planos de cámara- dedicaron una hora a presentar propuestas políticas, a razonas sus programas y sí, a atacar al contrario, pero con inteligencia y respeto. Como digo, estos debates sólo suceden en la ficción.

Lo que hemos presenciado esta noche es el reverso oscuro de ese debate entre Santos y Vinick. Lo que hemos presenciado no llega a la categoría de debate. Ha sido un simulacro, un espectáculo si gracia, una farsa.

La Real academia define debate como “contienda, lucha, combate”. Exacto. Esta noche hemos sido testigo de una lucha a muerte, de un combate feroz. El problema es que los ciudadanos no queremos ver un combate de boxeo, sino un debate político.

Imagen de Uly Martín para El País

Rubalcaba se ha mostrado agresivo en exceso, como un animal herido que da su último zarpazo. Sabe que tiene escasas posibilidades de llegar a La Moncloa, que sus propuestas tienen un regusto de hipocresía y que su única baza es movilizar a los desencantados que el 20N se van a quedar en casa. Su táctica ha sido criticar bloque por bloque el programa electoral del PP. Todo un acierto. Como escribí hace unos días, el folleto es un cúmulo de vaguedades en el que se puede atisbar un sesgo neoliberal importante.

Mariano Rajoy ha tenido por tanto que trabajar a la defensiva durante la mayor parte del debate. En su contra jugaba el programa que él mismo autorizó, un documento que es vago a propósito: si deja que Rubalcaba descubra sus verdaderas intenciones puede perder votos. Tampoco ha ayudado a Rajoy estar leyendo continuamente los papeles que tenía en la mesa, eludir preguntas incómodas (en especial la referida a los matrimonios homosexuales), repetir constantemente “ehhh”, pronunciar mal ciertas palabras (“Estao”, “congelao”) y un cierto titubeo en la mirada. Hay que admitirlo: Rajoy no es telegénico y no sabe debatir. Es un hombre que gana muchos puntos en un mitin (yo lo he comprobado) y, por lo que han dicho algunos periodistas, también gana mucho en el tú a tú. Quizá por eso ha recorrido buena parte de los pueblos y pequeñas ciudades de España: es allí donde reside su fuerza.

Quiero destacar una frase muy repetida por Mariano Rajoy a la que quizá no se preste la suficiente atención. En este debate, como en sus intervenciones de los últimos meses, ha dicho una y otra vez que él no es experto en economía y que va a actuar con sentido común. Grave error. Deseo con todas mis fuerzas que el presidente sea experto en economía y que no actúe guiado por el menos común de los sentidos. Por mucho que insista, un país no se gobierna con sentido común y un sistema económico no se pone en práctica con sentido común. Al contrario, en muchas ocasiones (como en la reiterada y equivocada comparación entre los gastos de un Estado y de una vivienda) el sentido común se opone a la realidad. Cuando el señor Rajoy apela al sentido común practica en realidad un populismo barato con el que trata de ganarse a los ciudadanos humildes, sin estudios. Quizá logre sus votos pero ninguna mayoría absoluta le dará los conocimientos que necesita. (Por cierto que Zapatero también carecía de ellos; ¿es necesario recordar las “dos tardes” que le iba a dedicar Jordi Sevilla?)

Imagen de Reuters

En este cara a cara, todo estaba medido, ajustado, definido… todo menos el contenido. Ninguno de los documentos que firmaron los asesores de Rajoy y Rubalcaba les obligaba a hablar con educación, a realizar propuestas concretas, a explicar, a no abrumar con cifras. Y, como no estaban obligados, no se han dirigido al contrario con educación, apenas han realizado propuestas concretas (en el caso de Rajoy es de entender: su estrategia de campaña reside precisamente en no realizar propuestas concretas), han vendido humo y nos han avasallado con cifras inconexas y gráficos con escalas manipuladas.

Mención aparte merecen los rifirrafes entre los candidatos. Como es costumbre por estos lares, el argumento político más utilizado es “tú más”, seguido de “sí, pero tú antes”. Nivel de preescolar. A medida que avanzaba el tiempo se calentaban sus nervios y los ataques eran constantes. Pero no se confundan: no se insultaban entre ellos. En realidad, insultaban a los espectadores.

Rubalcaba ha insultado la inteligencia de los ciudadanos al decir que su Gobierno jamás había dado dinero a los bancos. Rajoy también lo ha hecho al asegurar que su partido no estaba privatizando la sanidad. Y, en fin, ambos se han reído de nosotros al no hablar del 15M, de las presiones de los mercados financieros o del ruinoso estado de la cultura.

Salvo los votantes acérrimos del PSOE y los votantes acérrimos del PP, creo que todos nos hemos sentido un poco engañados con el debate. Defraudados. Yo, que cada vez espero menos de la política, esperaba un poco más de altura. Como escribe Chema Morais en su blog de Heraldo, el debate se ha acercado demasiado a los programas de cotilleos de Tele5.

Los verdaderos ganadores del debate son los partidos minoritarios. Estoy seguro de que Izquierda Unida, UpYD o Equo habrán conseguido más de un nuevo votante. Me alegro. Tal y como han tratado a los ciudadanos los dos principales partidos políticos, no se merecen otra cosa.