Nadie sabe nada (de las razones de los mercados)

La labor del periodismo es dar sentido a la realidad. Un buen periodista recoge datos, hechos y declaraciones y los ordena. En cierto sentido, se parece a montar un puzzle. La realidad es confusa y el ciudadano abre el periódico, enciende la radio o se sienta delante del televisor con un deseo: que alguien le explique este tinglado.

El problema viene cuando este tinglado no tiene explicación.

Arcadi Espada desarrollaba esta tesis en una conferencia reciente y ponía como ejemplo los sucesos. Un hombre mata a compañero de piso y cocina su pene y el periodista le busca una causa. “Tuvo una infancia dura, no tenía dinero, el barrio era sórdido”. Pero ¿y si no hay causa? ¿Y si el asesinato estuviera en su ADN?

Salvando las distancias, sucede algo similar en la información económica. Desde hace meses, todos los informativos abren con la información de la bolsa y la prima de riesgo. Nada extraño. Lo curioso es que no nos limitamos a dar los datos concretos sino que les buscamos un sentido. No es raro escuchar: “Los mercados responden así a la inestabilidad en Grecia” o “Las dudas en torno al rescate español han disparado la prima de riesgo”.

Asociamos los vaivenes de la bolsa con la situación política, las medidas de los Gobiernos o incluso declaraciones de dirigentes. Pero olvidamos que los miles de inversores que conforman eso que llamamos “mercados” solo buscan una cosa: más dinero.

Caemos en la falacia post hoc ergo propter hoc. Un latinajo que viene a decir que lo que sucede después de algo, lo hace a consecuencia de ese algo. Y no. A veces sí hay relación causa-efecto, y otras son sucesos independientes.

Este lunes, los diarios digitales abrieron con la noticia de que la prima bajaba y la bolsa subía. Era, decían, la consecuencia de la victoria de los “buenos” en Grecia. Como la salida de Grecia parecía despejar las dudas sobre su permanencia en el euro y los mercados lo celebraban. Horas después, la prima se disparaba hasta los 590 puntos. ¿En qué quedamos?

¿”Pese al resultado griego”?

Ejemplos como éste los hay cada semana. Y eso me lleva a una conclusión: nadie sabe nada. Es imposible explicar las acciones de miles de personas y empresas que un día concreto deciden comprar (o no) nuestra deuda.

Correlación no es causalidad. A veces, los periodistas sólo podemos describir la realidad y que cada uno trate de montar su puzzle.

Sobre la deuda, los especuladores y los Bancos Centrales

Dicen que no hay alternativas a las actuaciones de los Gobiernos. Mienten.

ATTAC, Mesas Ciudadanas, Democracia Real ya y otras organizaciones proponen políticas económicas distintas; pero nadie escucha.

Tomo prestadas sus palabras sobre la subida de la prima de riesgo y los especuladores que juegan con ella a la ruleta.

1. Que el aumento en la prima de riesgo que encarece la financiación de la deuda pública española, y de otros países europeos, es exclusivamente el resultado de operaciones especulativas y que no responde a la situación objetiva de la economía española.

2. Que una gran parte de esas operaciones especulativas se llevan a cabo con dinero prestado a bajísimo interés por el Banco Central Europeo a los bancos privados con el fin de que éstos financien a las empresas y consumidores.Y todas ellas gracias a la falta de control y regulación de los mercados que consienten las autoridades europeas y nacionales.

3. Que esas operaciones proporcionan una gran rentabilidad a estos bancos y a los fondos que las llevan a cabo pero suponen un coste elevadísimo para nuestra economía. Y que éste recae sobre las clases trabajadoras y de modo muy particular sobre las mujeres, pues la reducción de gasto social y la pérdida de impulso de las políticas de igualdad les viene afectando especialmente.

4. Que esta especulación financiera es la causante de la crisis y la que hace que, en lugar de poder salir de ella, las economías europeas se encuentren cada vez más cerca del desastre.

5. Que es un imperativo ético acabar con estas operaciones especulativas que destrozan riqueza y condenan a los pueblos a sufrir daños innecesarios.

6. Que para acabar con el problema de la deuda que originalmente ha provocado la crisis generada por la banca internacional no es suficiente con que el Banco Central Europeo realice compras de deuda de vez en cuando, como viene haciendo, sino tomar otras medidas de mayor calado pero hoy día absolutamente imprescindibles como:

  • Establecer tasas disuasorias sobre esas transacciones financieras,
  • Auditar la deuda de los diferentes estados para rechazar el pago de la que se considere odiosa o ilegítima, reformar el mercado europeo de deuda para evitar la presencia de especuladores y poner en marcha un mecanismo permanente de financiación de los estados en las mismas condiciones en que se financió a los bancos que provocaron la crisis.
  • Y, si fuese necesario, imponer controles de capital para impedir que los especulativos pongan en peligro el proyecto europeo, la estabilidad económica y el bienestar social.

Reclamamos la puesta en marcha inmediata de este tipo de medidas y llamamos a la ciudadanía a manifestarse en contra de la pasividad y la complicidad de los gobiernos ante los especuladores financieros y a abrir un debate ciudadano, plural y democrático sobre las nuevas formas en que Europa puede liberarse de la tiranía de los mercados y del terrorismo financiero.

Terrorismo financiero

Pensaba escribir un post sobre el ataque de los terroristas financieros pero no lo voy a hacer. Juan Torres López, Carlos Martínez García y Francisco Jurado han escrito un artículo que expresa mucho mejor lo que quería decir. Aquí está:

La extraordinaria subida de la prima de riesgo española y de otros países aún más cercanos al corazón de la vieja Europa nos pone al borde del límite de lo que la ciudadanía no debería consentir.

Nada ha cambiado en España en los últimos días –salvo la celebración de nuevas subastas de deuda pública, claro está– que haya podido dar a entender a “los mercados” que la situación de nuestra economía es peor que hace unas semanas y que, por tanto, justifique una subida en el tipo de interés que debamos que pagar para financiarnos. Se trata, tan solo, de nuevas operaciones de casino que apuestan sobre seguro, provocando ellas mismas los resultados que más les convienen a inversores que, por supuesto, no albergan ninguna preocupación acerca de lo que suceda en la economía real, en la vida de la gente, sino en cómo mejorar sus posiciones de apuesta para ganar más dinero.

Cuando los bancos que habían provocado la crisis que estamos viviendo necesitaron financiación, los gobiernos y el Banco Central Europeo no dudaron en acudir en su auxilio, en una ocasiones, porque decían que eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y, en otras, porque había que “salvar al sistema financiero”. En ello se gastaron varios billones de euros; más de 800.000 millones sólo en Alemania y Francia.

Sin embargo, cuando fueron los estados los que necesitaron financiación, fundamentalmente como efecto de la crisis que habían provocado los bancos, aunque en mucha menor medida, en lugar de recibirla en las generosas condiciones en que lo obtuvo la banca, tuvieron que ponerse en manos de esta. Y, gracias a ello, los bancos no sólo levantaron de nuevo cabeza, prestando a tipos cinco o seis veces más altos el dinero que recibían al 1% del Banco Central Europeo, sino que así pudieron poner contra las cuerdas a los gobiernos y exigirles nuevas reformas liberalizadoras como condición imprescindible para salir de la crisis, cuando, en realidad, fue la generalización de ese tipo de medidas lo que la provocó.

Los gobiernos, y en concreto el español, vienen diciendo a la ciudadanía que para acabar con esta situación hay que contentar a los mercados y que para ello es inevitable llevar a cabo las reformas que se les exigen y que, en gran parte, ya se han aplicado: del mercado de trabajo y de las pensiones, privatizaciones de empresas públicas y, pronto, de servicios públicos esenciales. Pero estas recetas se han revelado como una gran mentira, como evidencia el que ni estén produciendo los efectos beneficiosos sobre la economía con que se justifican, ni logren detener los ataques especulativos contra nuestra deuda.

Tratar de hacer frente a una situación que el propio presidente de la Junta de Andalucía calificó de “terrorismo financiero” cediendo a la extorsión, como está haciendo el Gobierno socialista, es algo peor que una simple ingenuidad. Las reformas que ha llevado a cabo sólo han servido para debilitar aún más la capacidad de generación de empleo e ingreso de nuestra economía y, al frenar la recuperación y el crecimiento de la actividad, terminarán encareciendo aún más la deuda pública a medio y largo plazo, convirtiéndose esta dinámica en un círculo vicioso que lleve a la ruina a los propios estados, a sus servicios públicos esenciales y, por ende, a toda la ciudadanía.

Al terrorismo financiero que está destrozando economías enteras no se le puede combatir con sometimiento, sino con firmeza y decisión, defendiendo la economía que crea empleo, riqueza y bienestar y cortando las alas de los capitales especulativos.

Europa tiene medios para lograrlo.

Debe garantizar que los estados dispongan de financiación adecuada a través del Banco Central Europeo, negociando para ello las condiciones que le permitan generar ingresos y no destruir sus fuentes, como ha venido sucediendo. Es una ignominia inaceptable que se preste al 1% a bancos irresponsables y que se obligue a que los pueblos tengan que hacerlo incluso al 10%, como está ocurriendo en algunos casos.

Además, Europa debe establecer impuestos y tasas sobre las transacciones financieras especulativas que las desincentiven en la mayor medida posible.

Y Europa tiene también la obligación moral de establecer controles de capital para impedir que financieros sin escrúpulos sigan poniendo en juego el futuro de la Unión Monetaria, la estabilidad económica y social y el bienestar de sus ciudadanos.

Pero ni España ni el resto de países europeos pueden esperar a que todo se resuelva en Bruselas. Se equivocarán una vez más este Gobierno y los partidos políticos que lo apoyen si vuelven a recortar derechos sociales creyendo que así disminuirá la voracidad de los mercados. Volveremos a ir todos a peor, salvo la banca y las grandes empresas.

En una democracia real, las personas son las verdaderas depositarias de la soberanía nacional y, por tanto, deben constituirse en protagonistas de las decisiones políticas que se toman, como actores y como beneficiarios principales. Si viviésemos en esa democracia real, y los ciudadanos supieran de verdad lo que está pasando, no consentirían el tipo de terrorismo que se está practicando, ni la complicidad de los gobiernos. Y por eso creemos que es fundamental que los movimientos sociales y las organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas de todo tipo hagan el máximo esfuerzo para informar, concienciar y movilizar a todas las personas que, con independencia de ideologías o de posiciones políticas, simplemente se indignen y reaccionen ante la injusticia y la irracionalidad que se nos está imponiendo.