Las religiones deben morir para que la humanidad sobreviva. No podemos darnos el lujo de permitir que la gente religiosa tome las decisiones clave. Son irracionales, dirigen el barco del estado no con una brújula, sino con el equivalente de interpretar las tripas de una gallina.
La fe es el culto a no pensar. No es como para presumir.
La religión es peligrosa porque permite a los seres humanos que no tienen todas las respuestas creer que sí las tienen. La única actitud apropiada en cuanto a los grandes interrogantes no es la certeza arrogante que ha sido el sello de la religión, sino la duda. La duda es humilde.
Por esto mismo la gente racional, los anti-religiosos, deben dejar su timidez de lado, salir del armario y hacerse valer.

Son las últimas palabras de Bill Maher en su documental Religulous. Allí, el humorista estadounidense recorre el mundo para mostrar lo ridículas que son todas las religiones (de ahí el título, mezcla de religion y ridiculous).
En EEUU conocemos a un ex gay casado con una ex lesbiana que ofrece la salvación de Jesús para volver a la heterosexualidad, a un pastor millonario que asegura que Cristo hoy vestiría con trajes de 2000 dólares y a un latino que asegura ser el descendiente del hijo de Dios; también visitamos un Disneyworld del cristianismo y escuchamos las sandeces de un senador que asegura que los científicos no confirman la teoría de la evolución.
Bill Maher nos acerca a Jerusalén para mostrarnos las banalidades por las que discuten las 3 grandes religiones, habla con un rabino judío que no cree en el Holocausto y con un rapero musulmán que se considera disidente pero justifica la fatwa contra Salman Rushdie…
La película termina con varios de los entrevistados asegurando que el Armageddon sucederá durante los próximos años, que serán testigos del fin del mundo y la segunda venida de Cristo. Alguno incluso lo desea; así podrá descansar al lado de Dios toda la eternidad.
No hay nada más eficaz para desenmascarar un delirio que dejar hablar al loco. Porque, no nos engañemos, la fe es un desorden neurológico. Una persona que cree en seres de los que no hay prueba alguna de su existencia, que escucha la voz de Dios en su cabeza, que desea un holocausto nuclear para ser escogido por el ser supremo, y desprecia a quienes no piensan como él… esa persona está como un cencerro.
Lo decía Christopher Hitchens en su libro sobre la religión: discutir con un creyente si Dios es uno o trino es muy parecido a discutir la estrategia seguida en Austerlitz con un tipo que se cree Napoleón.
El problema llega cuando los locos gobiernan el mundo.
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El documental puede verse íntegro aquí
