La sinrazón de las víctimas

En el informativo de TVE de este domingo hemos podido escuchar una frase cien veces repetida y cien veces falsa. Una frase paternalista y demagógica al mismo tiempo. Una frase que lleva a la anulación de la reflexión y conversación de igual a igual antes de su inicio.

La ha pronunciado Javier Arenas, pero no es el único que la ha pronunciado en los últimos 20 años. La frase en cuestión es ésta: “Las víctimas siempre tienen razón”.

Las víctimas (se entiende del terrorismo; pero sólo del de ETA, al parecer) son personas, y como tales unas veces tienen razón y otras no. La infalibilidad no existe.

Los padres de niños pequeños suelen darles la razón como si fueran tontos. También a muchos ancianos se les dice “Sí, sí”. Más por hacerlos callar que por estar de acuerdo con lo que dicen.

Quizá con ella pretendan ganar votos, pero serán sólo los de las víctimas. El resto, ¿no tenemos razón?

Si una parte de la ciudadanía, si las víctimas (pero sólo las de ETA, insisto; y me atrevería a decir que no todas) están en posesión de la verdad, ¿cómo se puede llegar a ningún acuerdo? ¿Cómo tratar de convencerles de que, a largo plazo, un “alto el fuego general y permanente”, es mejor que 40 mil personas sin derecho a voto ni representación? ¿Cómo empezar a explicar que Sortu no es ETA, que Egunkaria no es ETA, que el propio euskera no es propiedad de ETA?

Cuando los políticos y la caverna mediática dan un altavoz tan grande como el de ayer (y otras muchas veces) a las víctimas, no sólo dejan que expresen su dolor y sus deseos. También las manipulan, las usan, las pervierten.

Es muy peligroso hacer caso a las víctimas. Suena duro, pero no están en condiciones de hablar ni escuchar. Su dolor se lo impide. Hay que compadecerlas (esto es: compartir su dolor; no tiene sentido peyorativo), pero nada más.

Si mañana ETA matara a un familiar o un amigo, lo único que querría es que ese terrorista se pudriera en la cárcel. Literalmente. O quizá que me dejaran a solas con él/ella en una celda; él/ella atado de pies y manos y yo armado de un arsenal de tortura.

Por eso, porque mi rabia me encegaría, mi opinión no sería válida. Podría tenerse en cuenta, podría pasarse por alto ciertas salidas de tono y extralimitaciones; pero no se me debería dar la razón. La paz o como se le quiera llamar, debe ser lograda por las víctimas, pero también a su pesar. Al pesar de algunas, al menos. Sí, la vida es injusta.

(La idea de este post la desarrolló, con mucho más estilo, el fallecido Javier Ortiz:

Las víctimas del terrorismo -no podía ser menos- suscitan una enorme simpatía en la inmensa mayoría de la población. Pero eso no quiere decir que sus opciones políticas sean siempre acertadas, ni autoriza a nadie a parapetarse detrás de ellas para no tener que justificar sus propias ideas y sus propios actos.

Siempre es bueno recordarle)