Los pequeños partidos

1.-

Uno de los nuevos blogs que el diario El País ha abierto hoy de cara a las elecciones va a centrarse exclusivamente en los partidos “pequeños”. Lleva por nombre Tercera fila y su autora, Vera Gutiérrez Calvo, lo ha inaugurado con un post que lleva por nombre Los Otros.

Esto me ha hecho pensar que es posible la dirección de El País crea que aumentan los ciudadanos que no se identifican con el PP ni con el PSOE (ni con los partidos “nacionalistas”). Y, recordando aquella vieja identificación entre el país y El País, quizá sea síntoma de que realmente cada vez somos más los que buscamos algo diferente.

Rosa Díez ya fundó su partido con esta premisa, para ser una alternativa a los “de siempre”. Luego se le cayó la máscara y quedó la descubierto el verdadero carácter de UPyD pero no deja de ser revelador que muchos de sus votantes creyeran de verdad en su leit motiv y le votaran en busca de esa alternativa a los grandes partidos.

2.-

Lo cierto es que la mayoría de escaños del Congreso está copada por diputados del PP, del PSOE o de los partidos mal llamados nacionalistas (¿acaso el PP no es nacionalista? Quizá sea mejor definirlos como nacionalistas periféricos). Gracias a la ley electoral vigente, los partidos que se presentan en toda España tienen menos posibilidades de conseguir un escaño que los que lo hacen en una sola Comunidad Autónoma.

No es casualidad. El sistema está diseñado para que el número de partidos en el Congreso sea reducido. Hay muchos que piensan que cuantos menos partidos haya en un parlamento, mejor. Así es más fácil gobernar, cierto. Pero esta situación también facilita ejecutar políticas no deseadas por la población e ignorar las preferencias de un buen porcentaje de ciudadanos.

Es complicado hacerse rico pero una vez logrado todo lo demás es sencillo. Pasa igual en el Congreso. Hay muchas trabas para entrar, es difícil formar un grupo propio… pero cuando se consiguen los votos suficientes todas las puertas se abren. Los bancos facilitan crédito, los medios hacen publicidad gratuita… Al empezar, cuando de verdad se necesita una ayuda, es entonces cuando se niega.

El último ejemplo de esta particular “ley de vida” política (ha habido otros) lo hemos conocido esta tarde. Los medios públicos tienen la obligación de ceder espacios gratuitos a los partidos que concurran a las elecciones; el reparto de este tiempo se realiza según los escaños obtenidos en anteriores convocatorias. Es decir, quienes más votos obtuvieron, más espacio tienen. Por supuesto, son los que menos publicidad necesitan, pues salen casi cada día en los informativos; pero eso no se tiene en cuenta.

Aquellos partidos sin representación territorial también tienen derecho a publicitarse en medios públicos… siempre que se presenten en “más del 75% de las circunscripciones comprendidas en el ámbito de  difusión del medio correspondiente.” Se da el caso de que EQUO se presenta en varias provincias en coalición; por tanto, no llega a este 75% y no va a disfrutar de esta publicidad.

3.-

Al margen de mis preferencias políticas, creo que un aumento de formaciones con representación estatal en el Congreso es beneficioso. Por ahora están IU y UPyD; en breve es posible que esté EQUO. Pero no es suficiente. Llevamos años sufriendo los partidos escoba, partidos más interesados en ganar dinero y poder que en satisfacer las demandas de sus votantes.

Sería interesante ver, por ejemplo, a otro partido de derecha, uno que rivalizase con el PP; también sería positivo que los católicos fundaran un partido ad hoc y lograran un escaño. En realidad lo ideal sería que cada nicho político tuviera su formación y que cada partido pudiera acceder al Congreso en igualdad de condiciones.

Pero para eso necesitamos cambiar una frase de la Constitución. Y, ya se sabe, no hay que abrir el melón.

El tsunami del bipartidismo, 2ª parte

¿Cómo podemos librarnos del bipartidismo del que hablaba en el anterior post? Es fácil: sólo hay que cambiar la primera frase del párrafo segundo del artículo 68 de la Constitución. Dice lo siguiente:

La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla  estarán representadas cada una de ellas por un Diputado. La ley distribuirá el  número total de Diputados, asignando una representación mínima inicial a cada  circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población

Me explico. (A partir de ahora hablaré de Elecciones Generales).

Los sistemas electorales constan de 3 elementos: circunscripción, fórmula y barrera mínima. En España la barrera se sitúa en el 3% y la fórmula para traducir votos en escaños es la representación proprocional, a la que se añade la d’Hont. A menudo se ha argumentado que esta fórmula es la causa de la desviación de los votos. Esto es falso.

Siempre que se utilice el sistema proporcional y no el mayoritario (que sí se adopta para las elecciones al Senado), la fórmula y la barrera no son relevantes. La clave está en la circunscripción. Veamos un ejemplo.

A la provincia de Huesca le corresponden 3 escaños: dos vienen de serie (lo dicta la Constitución), y el tercero viene dado por su población. Es decir, los votantes de Huesca envían 3 personas al Congreso de los Diputados. En las elecciones de 2008, los resultados fueron:

  • PSOE – 47’43% de los votos – 2 escaños.
  • PP – 37’80% de los votos – 1 escaño.

Así pues, los 3 escaños con los que cuenta Huesca se repartieron entre el PP y el PSOE. Y sólo fue utilizados el 85% de los votos. ¿Adónde fue a parar el 15% restante? A la basura.

Y lo mismo sucede en el resto de provincias.

El resultado global es que los partidos que se presentan en todas las provincias pero no ganan en cada una de ellas, pierden escaños en el reparto. Y aquellos que sólo se presentan en una comunidad autónoma suelen tener más escaños que los que realmente merecen. Por eso Izquierda Unida tiene menos escaños que PNV o CiU.

Éste es el caso más paradigmático. Pero sucederá lo mismo con UPyD y Equo en 2012. El sistema está diseñado para los ganadores.

El BNG propuso que la circunscripción fuera la Comunidad Autónoma. Pero es dejar el problema a medias. La solución está en utilizar una circunscripción única. Al fin y al cabo, son Elecciones Generales. Este sistema no se un invento mío: se usa en Holanda, en Israel y en las elecciones al Parlamento Europeo.

¿Qué sucedería entonces? ¿Cómo sería el reparto final de escaños si sólo hubiera una circunscripción, que abarcara todo el territorio español?

Si la circunscripción fuese única, entonces la mayoría de esos votos que se quedan ahora en el tintero contarían. La proporcionalidad sería más real. Habría menos desviación entre votos y escaños. Y más democracia.

En las elecciones de 2008 IU sacó un 3’8% de los votos, pero obtuvo 2 escaños. Con una circunscripción única ahora tendríamos a 13 diputados de IU en el Congreso.

A esto hay que añadir el factor esperanza. Hoy por hoy, miles de votantes se resignan a que su papeleta no sirva para nada. Pero ¿cuántas personas no votan a Izquierda Unida porque saben que es un gesto inútil? Si todos los votos contasen igual, si supieran que tienen las mismas posibilidades que un votante del PP o del PSOE, ¿cuántos se animarían?

¿Cuántas recortes se hubieran aprobado con la oposición de 13 diputados de IU? ¿Dónde estaría la Ley Sinde?

Muchas veces se habla de reformas, pero se olvida la principal. Cambiemos la circunscripción y cambiaremos España.