Cómo hacer crac

Cada mañana te despierta la sensación

De que hay alguien gritando a tu lado,

Pero estás solo en la habitación.

Y desayunas leyendo la prensa

Para saber lo que hay que pensar.

Lees tu horóscopo; eres Capricornio.

Te entra el pánico y bajas al bar.

Y hay una camarera colombiana,

Pero ella nunca ha reparado en ti.

No lo intentes; regresa a casa.

Tal vez te sientas seguro allí.

Pero en la tele dan la muerte violenta

De alguien molesto para la sociedad.

Y el presentador hace una mueca,

Abre la boca y solo suena un crac.

Abre la boca y solo suena un crac.

Y cae la tarde, y te atreves a volver a salir.

Compras pan de Bimbo y dos yogures

En el mercadona de Pumarín.

Y oyes voces justo al otro lado;

Es una fiesta que hay en un café.

Te informan de que han desarticulado

A la cúpula de la CEOE,

Y de que solo habrá un nuevo principio

Una vez consumado el fin.

Y una niña susurra a tu oído

Que han desahuciado a la familia Botín

Y que han cambiado el significado

De algunos verbos como disfrutar.

Y en la calle se hace un gran silencio,

Pero si escuchas bien oirás un crac.

En toda España solo suena un crac.

En occidente solo se oye un crac.

Y si esto no es el fin,

Si esto no, no, no es el fin,

Si esto no, no, no es un final

Entonces es la bomba que va a estallar

Es una bomba y va a estallar

Es la bomba que va a estallar

Y en la tele dan la muerte lenta

De algún experto en el mundo global,

Y oyes el timbre y al abrir la puerta

Hay a una multitud haciendo crac.

Una multitud haciendo crac.

Reflexiones sobre la violencia

El idioma alemán tiene una sola palabra para decir “violencia”, “poder” y “autoridad”: Gewalt. Quizá porque sus hablantes entendieron antes que nadie que el monopolio de la violencia reside en la autoridad; después, Max Weber sistematizaría esta definición. En consecuencia, toda violencia ejercida por alguien ajeno al Estado es delito.

Me ha venido a la cabeza esta palabra tras leer varios artículos sobre los sucedido ayer en el Parlament: uno de Purnas, otro de Rosa María Artal y otro de Isaac Rosa.

Todavía no sé qué pensar del asunto. Por eso no puedo definirlo con palabras; depende de mi posición elegiré unas u otras. Si hablo del “sitio al Parlament” se entiende que estoy en contra; si digo hablo de “episodio aislado de violencia” se entiende que estoy a favor. He escuchado y leído demasiados análisis y argumentos en uno y otro sentido. Parece que en este como en tantos asuntos -como escribió Javier Marías- todo el mundo tiene clara su postura. ¿Seré el único indeciso?

Supongo que la clave está en establecer el límite, la línea de divide lo admisible y lo inadmisible. Pero cada uno la coloca en un sitio diferente. ¿Es admisible ocupar una plaza pública para fines políticos? ¿Y para celebrar la victoria de la selección española de fútbol? ¿Es admisible ocupar las gradas de un parlamento y gritar contra los diputados? ¿Es más admisible si lo hace un grupo de afiliados a un partido político que un grupo de ciudadanos? ¿Es admisible impedir la entrada al Parlament a un diputado elegido por los ciudadanos? ¿Es similar a las actividades de un piquete que bloquea el paso de un camión?

También puede preguntarse: ¿son admisibles las medidas económicas impuestas por el Gobierno, unas medidas que cuentan con el rechazo de la mayoría de la población? Si la respuesta es “no”, entonces puede argumentarse que lo sucedido ayer es la lógica y necesaria reacción ante una política que va en contra del bienestar de los ciudadanos. ¿O no?

Por otra parte, es inútil atacar a los políticos. Más bien demuestra que hay muchos que todavía no han entendido quién detenta el poder. Quizá sea bueno recordar que, aunque formalmente reside en el Parlamento, la realidad es que estamos sometidos a los poderes financieros, los famosos mercados. Cuando se me hincha la vena de ira y rabia pienso que deberíamos empezar a quemar bancos; ése sería un buen inicio de revolución. Luego me calmo, recuerdo en estos tiempos queda mal ser violento y que no tengo fuerza ni para tirar una piedra a un cristal.

Günther Anders no lo tenía tan claro. Al final de su vida escribió un librito (Estado de necesidad y legítima defensa) en el que abogaba por el uso de la violencia contra aquellos que pueden destruirnos. Argumentaba que puede ser necesaria y legítima como defensa propia. Es una reflexión a tomar en cuenta. ¿Hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia? ¿Como estaremos en 20 años si continúa esta ofensiva neoliberal? ¿Nos asemejaremos a China, donde el capitalismo de Estado resulta sumamente eficaz? ¿Cuándo diremos basta? ¿Y cómo?

Aunque, siendo realistas, lo más probable es que nunca lo hagamos. Que a lo sumo protestemos un poco, pero sin pasarnos, que una cosa es una cosa y lo demás es inadmisible; que dentro de las instituciones todo cabe, pero fuera nada está permitido (¿pero no estábamos precisamente en contra de las instituciones?); que hay que respetar, aunque no nos respeten.

Termino. Todavía dudo.