Transhumanismo: los arquitectos del futuro

Cuenta la mitología que Ícaro fue uno de los primeros humanos en volar. Y lo hizo gracias a la habilidad de su padre: Dédalo construyó unas alas a base de plumas y cera para que ambos pudieran escapar de la torre de Creta en la que estaban presos. Esta historia demuestra que la tecnología ha estado unida a la humanidad desde hace milenios. Los seres humanos siempre han buscado ir más allá de sus posibilidades y para lograrlo han utilizado todos los medios a su alcance, modificando su entorno y, también, sus cuerpos.

Hoy ya no fabricamos alas pero sí trasplantamos órganos de otras personas, fecundamos a nuestros hijos fuera del útero o implantamos dispositivos para aliviar la sordera. Pero todavía no hemos llegado a nuestro límite, todavía podemos mejorar. Eso es lo que opinan los científicos, ingenieros y filósofos adscritos a una corriente de pensamiento llamada transhumanismo.

Participo con este artículo en el concurso Nikola Tesla de Amazings. Podéis leerlo completo aquí

Preámbulo a las instrucciones para cargar un iPhone

Piensa en esto: cuando te regalan un iPhone te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente el iPhone, que lo disfrutes y esperamos que te dure porque es de buena marca, fino y con pantalla grande; no te regalan solamente ese menudo procesador que pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo. Te regalan la necesidad de cargarlo todos los días, la obligación de cargarlo para que siga siendo un iPhone; te regalan la obsesión de atender a las notificaciones, a los mensajes, a las actualizaciones.

Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu iPhone con los demás móviles.

No te regalan un iPhone, tú eres el regalado.

Julio Cortázar