- Cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única. La obtención de escaños debe ser proporcional al número de votos.
- Atención a los derechos básicos y fundamentales recogidos en la Constitución: a) derecho a una vivienda digna; b) sanidad pública, gratuita y universal; c) libre circulación de personas; d) refuerzo de una educación pública y laica.
- Abolición de las leyes y medidas discriminatorias e injustas: Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como Ley Sinde.
- Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones.
- Implantación de la Tasa Tobin, la cual grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales.
- Reforma de las condiciones laborales de la clase política para que se abolan sus sueldos vitalicios. Que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante.
- Rechazo y condena de la corrupción. Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas libres de imputados o condenados por corrupción.
- Medidas plurales con respeto a la banca y los mercados financieros en cumplimiento del artículo 128 de la Constitución, que determina que “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.
- Reducción del poder del FMI y del BCE.
- Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado.
- Endurecimiento de los controles sobre entidades y operaciones financieras para evitar posibles abusos en cualquiera de sus formas.
- Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado, como establece el artículo 16 de la Constitución.
- Democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa.
- Acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces.
- Verdadera regularización de las condiciones laborales y que se vigile su cumplimiento por parte de los poderes del Estado.
- Cierre de todas las centrales nucleares y la promoción de energías renovables y gratuitas.
- Recuperación de las empresas públicas privatizadas.
- Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
- Reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábricas de armas y un mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
- Recuperación de la Memoria Histórica y de los principios fundadores de la lucha por la Democracia en nuestro Estado.
- Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos como medida de contención de la corrupción política.
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¿Cuánto vale un infarto?
Hace años discutí con una persona sobre la conveniencia de pagar impuestos altos. Este hombre argumentaba que el gobierno le quitaba casi la mitad de lo que ganaba y que no quería que con su dinero se pagara, por ejemplo, los hospitales de inmigrantes. Decía que cada uno debe gestionar su dinero. Que quien quiera, ahorre para la jubilación y los malos tiempos y quien no, pues peor para él. Neoliberal de libro.
Por fortuna, sus ideas no se han puesto en práctica (tiempo al tienpo) y todavía tenemos Seguridad Social en España. Ahora el sistema de salud de Aragón nos informa del coste de cada actuación sanitaria: ingreso, estancia, paso por urgencias, intervención quirúrgica… Es un intento de controlar las visitas al médico, de que seamos conscientes de lo que cuesta enfermar. El primer o segundo paso hacia el copago. Aquí la lista.
Pocos pueden permitirse pagar estas cantidades.
De ahí la necesidad de un sistema justo de impuestos. Más justo que el actual, por cierto. El filósofo John Rawls expuso una interesante teoría sobre el asunto. Rawls buscaba la justicia perfecta, una utpoía. Pero en el camino encontró el velo de ignorancia y la posición original.
Esta posición es algo como el estado de naturaleza de Rousseau, un tiempo y un lugar imagiario y anterior a todo. Y el velo de ignorancia es el que nos impide ver nuestra situación real. Es decir, imagina que estás a punto de nacer: no sabes si serás rico o pobre, hombre o mujer, si tendrás piernas de caballo o brazos de cristal, si serás Einstein o Hawking… Ahora, decide qué sistema impositivo quieres.
Lo lógico sería pensar lo peor, ponernos en el lugar de alguien enfermo y pobre y pedir altos impuestos. Este dinero público quizá nos permita sobrevivir, ser curados y obtener una educación.
Necesitamos más impuestos. Bajarlos nuncas ha sido de izquierdas, como mucho de cobardes que temen a las urnas.
Revisen los precios de Sanidad. Cierren los ojos y piensen en el futuro. ¿Cuántos impuestos quieren pagar? Ahora recuerden qué partidos están de acuerdo con usted. Y voten en consecuencia
España, pasado mañana, será republicana
Comienzo aquí una serie de posts que englobaré en la categoría Programa electoral. No se preocupen, no tengo ningún interés en presentarme a unas elecciones. A menos, por el momento. Aquellos que me lean, estarán de acuerdo con algunas propuestas; otros, como me dijo un día un lector, es exiliarían si lograra aplicarlas.
Organizar las ideas políticas que uno tiene es de utilidad. En cualquier caso, es hora de pasar de las críticas a las propuestas. Como dice Matt Santos, “es muy fácil tirar piedras contra un edificio, pero es diferente ayudar a construirlo”
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Empecemos por lo básico. España debe ser una República. La Constitución otorga a la Monarquía muchos poderes: representación, moderación, jefatura de la fuerzas armadas… Y ninguna obligación: la figura del Rey es intocable (y más en la práctica que en la teoría). Esto no se puede consentir.
Los argumentos para eliminar su figura son bien conocido: atenta contra la igualdad de los ciudadanos, es un gasto innecesario, no fue elegido por el pueblo… Estas razones son compartidas por buena parte de los republicanos y por muchos ciudadanos a los que, sin gustarles la Monarquía, afirman que “no molesta” o que “es útil”.
Este grupo, a mi juicio, es la verdadera base de la Monarquía en España. Monárquicos puros no hay tantos, republicanos de verdad, tampoco. Pero el ancho grupo que está en el “centro”, el que ocupa la campana de Gauss de la que ayer hablaba Rosa María Artal, es el que impide un cambio (en éste y otros muchos asuntos, por cierto). Si tan indiferente les resulta la Monarquía, ¿por qué no apoyan su final?
La alternativa que se suele proponer a este sistema de gobierno es una república bicéfala: presidente del Gobierno y jefe de Estado. Es el vigente en las Repúblicas Europeas: Francia, Alemania, Italia, Portugal… Incluso varias ex repúblicas soviéticas adoptaron esta curiosa forma de gobierno. Cada país, eso sí, ajusta el balance de poderes de manera distinta. En Francia, el que gobierna de verdad es el Presidente de la República, mientras que en Italia es el de gobierno. Si bien, formalmente, las atribuciones del jefe de Estado son similares a las del rey, en la práctica no tienen nada que ver.
Supongo que será una reminiscencia medieval. Algún licenciado en Historia lo sabrá mejor que y) pero es una tradición inútil y costosa. Ningún país América (a excepción de Canadá, miembro de la Commonwealth) tiene jefe de Estado y de gobierno. Son repúblicas presidencialistas. Ese es el objetivo al que debemos aspirar. Varios partidos se presentan a las elecciones, uno de ellos gana y gobierna. Punto.
Buscando información sobre este tema, he topado con una web en la que se puede leer lo siguiente:
Nadie discrepará conmigo en que es de cualquier modo preferible una Jefatura del Estado ostentada por un Rey legítimo -figura histórica en nuestra antiquísima Nación-, militar cabeza de los Ejércitos y conservador por su título de un cierto halo o recuerdo de tiempos mejores que un Presidente de República elegido por el ignorante y manejable pueblo.
Esto lo dice un fascista pero hay mucha gente que piensa parecido. Es preocupante la falta de confianza en una democracia que todos dicen respetar y defender.
La cuestión es cómo librarnos de la Monarquía. Descartada la guillotina, la guerra civil y otras violencias, lo mejor es reformar la Constitución. Este librito merece una profunda revisión, en cualquier caso. El Título Preliminar dice ahora: “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. Lo ideal es que pudiera leerse: “La forma política del Estado español es la República xxx” (los adjetivos: federalista, socialista, unitaria… los dejo para otra ocasión). El Título II, claro está, no existiría.
El momento de emprender esta reforma en particular, para mí, está claro. El mismo día en que fallezca el actual monarca. No deseo su muerte, pero creo que falta poco. Su hijo subiría al trono, pero por un tiempo determinado. Tras la reforma, tendría que buscarse un trabajo digno.
El cambio de Monarquía a República, para muchos un gesto innecesario, es para mí un paso más hacia la verdadera Democracia.