Las mejores lecturas de 2012

Este año he leído muy pocos libros. Cada diciembre digo lo mismo, pero esta vez es verdad. 20 libros, nada más. Además, ninguno ha recibido sobresaliente en mi particular registro de lecturas. Así que sólo destacaré 3.

Joseph Anton, de Salman Rushdie

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Durante muchos años, he despreciado a Rushdie. Intenté varias veces leer Hijos de la medianoche y Los versos satánicos; nunca pasé de la página 20. Me parecía que no era un buen escritor, que si no hubiera sido por la fatwa no hubiera oído hablar de él. He cambiado de opinión.

Sus memorias son una gozada. Un grito honesto en favor de la libertad de conciencia, de los derechos humanos, de la vida. En numerosas ocasiones, leía pasajes con un nudo en la garganta. Pocas veces sucede.

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Ahora tengo curiosidad por leer sus novelas, pero creo que Joseph Anton quedará como su obra maestra. Lástima que tuviera que pasar por un infierno para escribirla.

Los dragones del edén, de Carl Sagan

LOS DRAGONES DEL EDEN

Durante los últimos meses he tratado de llenar el vacío que tengo en ciencia. Yo fui uno de esos estudiantes de letras puras que no quería ni oír hablar de Einstein o Darwin. Quizá la mejor forma de adentrarse en el conocimiento científico es leer a Carl Sagan.

El divulgador es famoso por su serie Cosmos pero yo he disfrutado mucho más con este ensayo. En menos de 300 páginas, recorre la evolución de la humanidad y plantea hipótesis sobre su futuro y la posibilidad de vivir en otros planetas. Todo, por supuesto, con un lenguaje accesible que nunca cae en la simplicidad.

Un buen divulgador debe también conseguir que el lector se apasione por lo que explica hasta el punto de querer saber más. De profundizar en la materia a través de otros textos más complejos. Carl Sagan lo consigue. Transmite su pasión por el conocimiento.

Escrito en los años 70, hay párrafos que se han quedado viejos. Casi nace una sonrisa piadosa cuando habla de los ordenadores. Pero no importa. Sagan escribe muy bien, a la manera británica (pese a ser de NY): elegancia+humor. Uno de los mejores capítulos es el dedicado al lenguaje de los monos. Apasionante.

Dice Carl Sagan en este libro: Nuestro destino es el conocimiento. Comparto su filosofía.

Las naciones oscuras, de Vijay Prashad

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El Tercer Mundo no fue un lugar. Fue un proyecto. Con estas palabras se inicia un recorrido por la historia reciente de un grupo de países que trataron juntos de librarse de sus cadenas. La independencia, las reformas económicas, las tensiones internas, las presiones de Estados Unidos, Europa y el bloque soviéticos, las matanzas, los golpes de estado, la represión, la invasión del FMI, la crisis de deuda…

A menudo pensamos en el Tercer Mundo como un lugar sucio, pobre y peligroso lleno de personas incapaces de salir de esa miseria. Pero detrás de esa situación hay muchas razones.

Prashad explica este relativo fracaso de una forma clara, amena y sugerente. En lugar de trazar un recorrido cronológico, presenta una estructura temática: las independencias, los golpes de estado, las crisis económicas… Facilita así la comprensión de las relaciones entre los países, las fuerzas económicas, los intereses cruzados y la influencia de los líderes en los asuntos de países extranjeros.

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Los capítulos sobre la deuda externa y el veneno inyectado por el FMI y el Banco Mundial impactan por su cercanía. No parece hablar de Singapur o Taiwán en los 80, sino de España en 2012.

Civilización: Occidente y el resto

El punto de partida promete. En el siglo XIV, alguien que hubiera podido viajar por Europa y Asia jamás habría apostado por el éxito de Inglaterra, Escandinavia o Alemania. Sin embargo, durante los siguientes 500 años, Europa y sus “hijos” han florecido hasta dominar el mundo y los antaño gigantes asiáticos como China, India o el Imperio Otomano se someten hoy a las políticas, economías y aun modas de lo que se suele denominar “Occidente”. ¿Qué ocurrió?

El historiador neoliberal Niall Fergusson sostiene que los factores que llevaron a Europa al éxito son 6: competencia entre países, desarrollo de la ciencia, sentido de la propiedad privada, evolución de la medicina, consumo privado y ética del trabajo. Después de una interesante introducción en la que radiografía el mundo hacía 1400 -es de agradecer el recordatorio de la corta esperanza de vida-, dedica un capítulo a cada factor. El esquema es siempre el mismo: situación del factor en su momento, declive en Oriente y auge en Occidente.

El problema es que la balanza está descompensada. Las páginas dedicadas a explicar el fracaso de China, Turquía o Japón en la ciencia, los viajes o la propiedad privada son fascinantes. También queda muy claro cómo en las últimas décadas estos países tratan de imitar a Occidente para alcanzar el nivel de vida de Estados Unidos y Europa (el ejemplo de la vestimenta japonesa es apasionante). No sucede lo mismo al hablar del auge de Occidente. En demasiadas ocasiones dilapida páginas y páginas en asuntos que sólo deberían ser un paréntesis en su argumentación. Me viene a la cabeza el capítulo dedicado a la medicina, donde en lugar de escribir sobre virus y vacunas el lector sufre 40 páginas sobre el colonialismo (y sus bondades).

Tampoco me llega a convencer su conclusión. Para Fergusson, la decadencia de Occidente se acerca y la única forma de evitarla es retomar la ética protestante de la que hablé hace unos meses. Coincido con el autor en que el calvinismo tuvo su importancia en el auge del capitalismo, pero de ahí a decir que China crece porque hay muchos cristianos y que Europa se arruina porque las iglesias están vacías hay un trecho muy grande.

Finalmente, Civilización es muy fácil de leer… quizá demasiado. Un libro destinado al público en general no tiene por qué caer en la sucesión de anécdotas. Me sobran ejemplos más o menos curiosos y me falta una argumentación vertebrada. Hay historiadores como Tony Judt que llegan al gran público sin perder el rigor. A su lado, Fergusson palidece.

Nota: 6/10

El libro tiene futuro

En los anteriores posts, me he referido a la situación del libro electrónico en España y a los posibles riesgos de dejar todo el negocio en manos de Amazon y Apple. En esta última entrega, quiero ofrecer algunas ideas para salir de este cruce de caminos. ¿Es posible sobrevivir a Amazon? ¿Tiene sentido escribir un libro y venderlo en tu propia web? ¿Desaparecerán las pequeñas librerías?

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Es muy tentador caer en el discurso apocalíptico. Es muy sencillo lamentarse y tratar de detener el tiempo para mantener el status quo. Pero los tiempos siempre cambian y quien no se adapta, desaparece. La clave está en descubrir la adaptación correcta. Y eso no es fácil.

En el mundo de los libros, hay 3 agentes que hoy interactúan para poner un texto determinado en las manos de un lector: escritores, editoriales y librerías. Todos ellos habrán de cambiar su forma de trabajar.

Escritores

Hasta hace muy poco, todo escritor necesitaba de una editorial para que su obra llegara al público. Ya fuera una novela escrita por placer o un ensayo encargado, la figura del editor (y aun del agente) era imprescindible. La autoedición era marginal, una forma de colmar el orgullo del autor más que de vender ejemplares. Hoy es mucho más usual encontrar a un autor que edita su propio texto y lo vende en su web.

Sin embargo, tengo la impresión de que la mayoría de estos autores no pasan de ser diletantes (al menos aquellos que escriben ficción; los periodistas que venden reportajes largos en formato ebook han acertado de lleno). Los mismos que hace 15 años no encontraban editor hoy parecen modernos. El tiempo decantará la calidad. ¿Saldrá un García Márquez o un Dickens de allí? Ojalá me equivoque, pero lo dudo.

Al hablar de escritores me refiero a aquellos que escriben ficción; los periodistas que venden reportajes largos en formato ebook han acertado de lleno. Ese es uno de los caminos. Personas de talento como Íñigo Sáenz de Ugarte, Ángeles Espinosa o Jordi Pérez Colomé venden textos largos a través del servicio de publicación de Amazon (una vez más, el gigante ha sabido aprovechar la ocasión). Otros, como Fernando García Mongay, se han lanzado a montar una editorial dedicada a este subgénero.

Decía aoller en los comentarios al anterior post que la figura del escritor profesional tenderá a desaparecer. Argumentaba que quien quiera seguirá escribiendo por placer pero que pocos vivirán de eso. En realidad, el escritor profesional ya ha desaparecido (si es que alguna vez existió).

El suplemento El Cultural preguntó a varios escritores españoles: ¿vive usted de la literatura? Nadie lo hace. Los escritores viven de las actividades relacionadas con la literatura: prólogos, presentaciones, artículos… Parece como si escribir una novela fuera el peaje necesario para acceder a esa vida. Una vez se demuestra que sabes escribir y logras un mínimo público, es más fácil escribir en periódicos, hablar en radios, moderar congresos, ser jurado de concursos… No es una crítica; es una descripción de la realidad. Antonio Orejudo llega a decir. “Para ganar dinero conviene no escribir demasiados libros. Los libros quitan mucho tiempo a los bolos, que es la actividad verdaderamente lucrativa”. En este sentido, no importa si el escritor vende ebooks o pergaminos.

En el imaginario colectivo asociamos al escritor con el artista, un tipo que se deja la sangre en cada palabra y que busca la inmortalidad en sus obras. El Romanticismo ha hecho mucho daño. Lo cierto es que la mayoría de los escritores lo son por encargo. No todos los libros son novelas, y no todas las novelas son literatura. George Orwell escribía en 1984 sobre las canciones creadas por el gobierno con el único fin de hacer olvidar a a gente lo malo que estaba el café. La situación actual no es muy diferente. ¿Cuántas novelas de amor, de espías o de códigos secretos hay? Eso no es literatura. Es consumo. Igual que hay música y cine prefabricados, hay libros escritos así. Y no son la excepción.

El ebook no va a destruir la literatura. Siempre habrá que escriban obras de arte pero serán, como lo han sido hasta ahora, la minoría. El resto de escritores se dedicará a fabricar hamburguesas (según la definición de Stephen King).

Editoriales

Tampoco desaparecerán. Hay quien argumenta que son meras intermediarias y que precisamente internet va a acabar con los intermediarios (como ha hecho con agencias de viaje). Lo dudo. Un buen editor es más que un intermediario; es un filtro. Cuando un libro forma parte del catálogo de una editorial, los lectores presuponemos que ha pasado una criba. Ya sólo encontrar el libro en ésa y no otra editorial revela muchas pistas del contenido. No es lo mismo publicar en Acantilado que en Planeta.

Una persona puede escribir un libro y colgarlo en su web, pero sin el apoyo de una editorial es difícil que se convierta en un bestseller.

¿Qué debe hacer una editorial para no sucumbir ante Amazon? Sencillo: debe editar. La función de un editor es descubrir talento (no sólo artístico; escribir novelas románticas también requiere una habilidad), pulir el texto y lograr su mayor difusión. Y eso, de nuevo, se puede hacer en papel o en digital. Si las editoriales no realizan este trabajo, otros lo harán.

Librerías

Como regla general, el éxito de una empresa se fundamenta en la calidad del producto y en la atención al cliente. Hace 20 años los directivos podían permitirse descuidar estos factores, en muchos casos la calidad no era óptima y el cliente nunca tenía la razón pero éste no tenía muchas opciones. Hoy si no nos gusta un servicio nos vamos a otra compañía. Internet ha ampliado el abanico de elección.

En el caso de los libros, el producto no cambia. Un ebook de Javier Marías es igual de bueno en Amazon, en Fnac o, si existiera, en su propia web. ¿Por qué elegir uno u otro sitio? La calidad del servicio es crucial.

Compro todos los libros en Portadores de Sueños. Antes lo hacía en Cálamo, hasta que despidieron a David Mayor. Era un lujo tenerlo de librero. Yo entraba, le decía “recomiéndame dos libros de cuentos” y aceptaba su sugerencia sin rechistar. No solía fallar. La última vez que entré a Portadores le pedí a Félix dos libros de ensayo político/económico. Me puso 3 en la mesa y me llevé dos. De nuevo, acertó. Eso no tiene precio.

Es muy posible que dentro de 5 años, si el Gobierno elimina el precio fijo y liberaliza los horarios comerciales, sea más caro comprar en Portadores que en Amazon. Pero, si el bolsillo me lo permite, seguiré fiel a las pequeñas librerías.

¿Pueden estos negocios hacer algo más que atender bien al cliente para sobrevivir? Por supuesto. En unos años las librerías que sobrevivan a Amazon serán algo más que librerías. Centros sociales, lugares de presentación de libros, clubes de libro, cafeterías… La única forma de resistir es ofrecer algo que Amazon, Fnac o Casa del Libro no pueden ofrecer. Cercanía, asesoramiento, conversación, un café… Quizá en 2015 vaya a Portadores, me sugieran un libro y lo descargue en mi Kindle en la misma tienda. Para ello tendrían que vender ebooks a través de un portal; algo que, según me han dicho, no es fácil.

En el fondo, todo se reduce a lo mismo. Autores, editores y libreros no tienen que cambiar de estrategia. Tienen que profundizar en ella. En este oficio pasa algo parecido a lo que le ocurre al periodismo; han bajado la guardia, han dado demasiadas cosas por sentadas. ¿Qué periódico no está en crisis? The Economist; uno de los pocos que sigue fiel a su esencia.

Hay que escribir bien, hay que editar bien y hay que tratar bien al cliente. Nada más. Como dicen los británicos, “haz lo correcto, y que los cielos se abran”.

Coda: Usuarios

Como lector, a la hora de comprar un ebook (ya sea en la web de una editorial, de un escritor o de una librería) busco las siguientes características; algunas pueden parecer obvias pero hay grandes empresas no las cumplen:

  • Web limpia, sencilla y bien estructurada. Comparad la apariencia de Casa del Libro (legal) y epubgratis.me (ilegal). ¿Cuál es más agradable?
  • Debe ser muy sencillo encontrar lo que buscas. Cualquiera puede entrar a una librería y preguntar por un libro; comprar un ebook no debe ser exclusivo de geeks
  • Limitar los obstáculos para pagar. En Amazon, te registras una sola vez; en las siguientes visitas el servidor recuerda tus datos
  • Menú de secciones, novedades y, en el caso de librerías, sugerencias de los dueños
  • Opción de leer las primeras páginas de los libros
  • Posibilidad de escribir reseñas o de puntuar un libro (incluso si no lo has comprado)
  • Algunas editoriales, como Acantilado, incluyen enlaces a reseñas de prensa de sus libros. Sería bueno encontrar algo así en las librerías (en la medida de lo posible, pues son muchos más los libros)
  • Sin horario. Las puertas de la librería física se cierran, las de la web no. En España, la página de la Casa del Libro cierra cada domingo por la noche. Es de locos
  • Servicio de atención por Facebook, twitter o email

Y vosotros ¿qué pedís a una librería digital?