1.-
Aprovechando la visita del Papa, Jordi Évole viajó la semana pasada a La Habana para hacer un reportaje sobre la situación actual en Cuba. También The Economist ha publicado un especial bajo el nombre Revolución en retirada. El programa Salvados y el semanario británico se encuentran en las antípodas ideológicas, pero comparten un mismo diagnóstico: Cuba camina hacia el capitalismo.

Casi todos los ciudadanos entrevistados por Évole decían lo mismo: quieren tener dinero para comprar más cosas. Sólo eso. Medio siglo de dictadura, de presos políticos, de no poder salir de la isla, de leer cada mañana el Granma… y el mayor sueño de un joven es comprarse una moto. Triste pero real.
Da la impresión de que han confundido democracia con capitalismo. Gritan libertad pero quieren un iPhone. Piden prensa libre pero fantasean con un coche nuevo. No es cosa de los cubanos, que son unos materialistas. También los chinos pedían democracia y hoy están felices de ser capitalistas. ¿Para qué quieres separación de poderes si tienes dinero para irte de vacaciones? No es ironía.
Nos llenamos la boca con palabras como constitución, estado de derecho, igualdad, elecciones… pero olvidamos que Franco murió en la cama. Sí, había oposición al régimen; pero no la suficiente como para asaltar el Pardo. Y de todos los críticos ¿cuántos lo eran por razones puramente políticas? En el imaginario colectivo, la España franquista es un país gris, pobre e inculto. Había escasez de alimentos, las casas eran de baja calidad y los salarios no daban para mucho. Aquellos que pedían democracia, ¿querían elecciones libres o mejorar su calidad de vida?

El año pasado, una parte de la sociedad española también salió a la calle pidiendo más democracia; su lema era “no nos representan” y exigían una regeneración política. No son tan diferentes de los cubanos. De hecho, el 15M ha surgido en medio de una crisis económica atroz, tras la que los jóvenes vamos a vivir peor que nuestros padres. No es casualidad. De nuevo, las reivindicaciones son económicas. Queremos una mayor calidad de vida, así de simple. Las peticiones políticas son secundarias; ¿o acaso antes de la crisis los políticos sí nos representaban? No. La clase política, salvo excepciones, ha sido mediocre, inculta y corrupta desde la llegada de la democracia. Sólo que antes, cuando nadábamos en la abundancia y la construcción permitía comprarse un BMW a cualquier veinteañero sin estudios, no nos importaba.
Si la crisis hubiera pasado de largo, si siguiéramos levantando pisos como locos, si los mileuristas no fueran unos privilegiados… Si, en fin, todo fuera como en 2007, es muy probable que el 15M no existiese, que la clase política no fuera uno de los principales problemas de España y que a las huelgas cada vez fuera menos gente.
Mientras podamos comprar un iPhone, nunca haremos la revolución.
2.-
¿Hasta qué punto somos demócratas? ¿Utilizamos todas las herramientas de las que disponemos? ¿Qué haríamos por defender el estado de derecho?
Dicho de otra forma, si hubieran dicho a la ciudadanía de 1955: “Os ponemos un nivel de vida como en Francia o Estados Unidos, pero nada de democracia”, ¿que hubieran elegido? ¿Y hoy? ¿A qué renunciaríamos por llegar a fin de mes, poder pagar una casa y tener de sobra para unas buenas vacaciones? ¿Cuánto valoramos la libertad de prensa, de asociación…?

Muy pocos españoles se irían hoy a vivir a Cuba. ¿Porque es una dictadura? Me temo que no. Porque no hay “cosas”.
Sin embargo, Cuba tiene otros puntos a favor; al menos, los tenía hasta que decidió caminar hacia el capitalismo. Gracias a su sanidad gratuita y universal es el único país de América sin desnutrición infantil; también gozan de una esperanza de vida alta, mueren muchos menos niños al nacer que, por ejemplo en Estados Unidos. Del mismo modo, la educación permite a cualquiera convertirse en ingeniero, el Estado provee de una casa a todos los ciudadanos y los funerales (que en España cuestan 2.400 euros de media ) son gratis. También la tasa de criminalidad es ínfima comparada con los países de su entorno y existe una fuerte organización social (que viene muy bien en caso de huracanes).
Al escuchar y leer declaraciones de cubanos, me da la impresión de que no valoran lo que tienen. O sí lo hacen pero prefieren poder comprar la casa que ellos quieren, montar un negocio por su cuenta y veranear en Europa. Uno de los entrevistados en Salvados dice: “Ahora tu libertad ya no la determina el Estado, sino tu cartera”. No tengo claro si es un buen cambio.
3.-
Capitalismo y democracia han ido de la mano durante mucho tiempo, pero no son lo mismo. De hecho, cada vez estoy más inclinado a pensar que el verdadero capitalismo sólo puede existir en ausencia de democracia.

China es un buen ejemplo. El gigante ha abandonado el viejo comunismo por el moderno capitalismo de Estado. Es una dictadura capitalista. Y se podría decir que funciona. El país tiene cada vez más influencia mundial y a nivel interno hay muy pocas protestas. En realidad, según Loretta Naopleoni, la mayoría de los ciudadanos están satisfechos con la situación. Es cierto que no tienen libertad, que los derechos humanos no existen y que sólo hay un partido político, pero su calidad de vida ha aumentado en los últimos años. Y eso es suficiente.
En septiembre de 2011, Napoleoni respondía así a La Vanguardia:
La idea de que el Gobierno chino explota a su población es falsa. En China hay un contrato social entre la población y el Partido Comunista. Los chinos mantienen al partido en el poder si este garantiza el crecimiento económico y una vida social y económica mejor. Por tanto, no se puede hablar de explotación, sino de desarrollo. El objetivo final del Gobierno chino es mantener su poder con un consenso nacional hasta que el mercado chino se desarrolle totalmente. Cuando lleguen a ese nivel, China no necesitará a nadie más que a si misma. Hay 1.300.000 millones de chinos, un mercado tres veces más grande que el mercado americano y el europeo juntos.
Estuve en Cuba en el verano de 2008 (aquí pueden leerse los artículos que escribí a la vuelta) y me vine con la impresión de que era urgente un cambio político. Hoy no lo tengo tan claro. Me pregunto a mí mismo si renunciaría al voto a cambio de una casa, a los sindicatos a cambio de un trabajo fijo, a la pluralidad informativa a cambio de una verdadera asistencia social… y no sé qué responder.
¿Y tú?