La falacia de la deuda y el déficit

Hay reducir el déficit. No se puede gastar más de lo que se tiene. Un estado es como una familia. Durante meses, la mayoría de los políticos y los medios de comunicación han repetido estas frases y otras parecidas hasta lograr que la ciudadanía las asimile como verdades universales. Y, sin embargo, no son ciertas.

1. Déficit

La economía de un estado se puede dividir en ingresos (la mayor marte, vía impuestos) y gastos (pagar a los trabajadores públicos, invertir en infraestructuras, mantener servicios públicos…). Cuando un año se ingresa más de lo que se gasta, hay superávit; cuando se gasta más de lo que se ingresa hay déficit. Cada cifra de déficit se refiere al balance gastos/ingresos de un año determinado.

La intuición nos dice que lo ideal es tener superávit. Los ciudadanos estamos acostumbrados a lidiar con la economía doméstica. La comparación parece perfecta: si gasto más de lo que ingreso, estoy en problemas. Pero miremos los datos de Europa:

La zona euro en conjunto siempre ha tenido déficit. Alemania o Francia, también. España tuvo superávit durante la primera legislatura de Zapatero y el año 2011 lo cerró con un déficit del 8’5%.

Imaginen una familia que año tras año gastara más de lo que ingresa. Acabaría en la ruina. Sin embargo, Alemania o el Reino Unido funcionan perfectamente. Esto tiene un nombre: falacia de composición.

Consiste en creer que lo que es cierto para un individuo no tiene que serlo para toda la sociedad. Se nos dice que lo que vale para una familia, vale para el estado. Y no. Lo que es cierto para un individuo no tiene que serlo para toda la sociedad.

Durante años, los países tenían una poderosa herramienta para subsanar el déficit, para “tener más dinero”: fabricarlo. Cada país tenía su banco central y éste podía ordenar la creación de más dinero. La contrapartida era que la inflación aumentaba. En muchas ocasiones, merecía la pena. Pero ahora la situación ha cambiado. El Banco de España tiene menos poder que hace 20 años; es el Banco Central Europeo quien decide si imprimir o no más dinero. Y como el BCE es prácticamente alemán (y Alemania tiene fobia a la inflación), no imprime más dinero. La Reserva Federal de Estados Unidos tiene una política bien diferente. Ya lo dijo su anterior presidente, Alan Greenspan: “EEUU puede pagar cualquier deuda, porque la Reserva Federal puede imprimir dinero cuando quiera”.

2. Deuda

La deuda pública no es lo mismo que el déficit. La deuda se refiere a la cantidad total que un estado que un estado tiene que devolver porque en su día lo pidió prestado.

De nuevo, lo intuitivo es pensar que cuanto menor sea esta cantidad, mejor. Si una familia debe 300 mil euros por una hipoteca, por ejemplo, tratará de reducir esta cantidad es a mes hasta quedar a cero con el banco. Pero no sucede lo mismo con un país. Para empezar, una persona muere al cabo de varias décadas. Intentará no dejar deudas a sus hijos y vivir los últimos años con cierta tranquilidad económica. Un país, en teoría, no muere a las pocas décadas. Los tiempos son diferentes.

Además, un estado puede no pagar su deuda. No es lo usual, ni lo ideal, pero es perfectamente posible. Si un Gobierno estima que es imposible pagar lo que se debe, se declara en bancarrota y empieza de cero. Por supuesto, tendrá muchos problemas durante un tiempo para lograr préstamos pero se habrá quitado una pesada losa de encima.

España se ha declarado en quiebra 13 veces en los últimos 5 siglos. Y aquí seguimos. También Islandia, México, Dubai o el estado de California se han declarado en quiebra alguna vez en los últimos años. Pruebe usted a llamar a su banco y decir que no aga la hipoteca, a ver qué sucede.

La diferencia es que, como dice el refrán, “si debes un millón al banco, tienes un problema; si debes mil millones, es problema es del banco”. Así, es más fácil dejar caer a una familia qe a un país. La primera vez que España se declaró en quiebra, la banca del alemán Jakob Fugger también se fue a la ruina. Ahora, los principales acreedores de la deuda griega son el BCE y ciertos bancos franceses y alemanes; por eso hay “hombres de negro” en Atenas.

Y por eso se ha rescatado a la banca española.  Alemania es dueña de casi el 20% del dinero que se debe a los bancos internacionales. Francia se queda en el 15%. En ambos casos, la deuda es, principalmente, de bancos, empresas del Estado y los particulares.

Durante los últimos meses los políticos y los medios se han referido a la deuda de España (aquello de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”). Pero veamos datos concretos. En estos momentos, la deuda de España ronda el 80% del PIB.

(Actualización: El Banco de España cifra la deuda en 775 mil millones, el 72% del PIB. El Gobierno espera llegar al 80% en diciembre.)

¿Parece mucho? A primera vista, sí. Pero en realidad estamos por debajo de la media europea (83%); también nos supera Bélgica (98,0%), Francia (85,8%), el Reino Unido (85,7%) o Alemania (81,2%).

El rescate, como explica el economista Eduardo Garzón, repercutirá en la deuda española pero no en el déficit. Los 100 mil millones de euros irán a la casilla del “debe”; en algún momento habrá que pagarlos. Pero a la hora de incluirlos en el balance de 2012, no se puede encajar el dinero en ingresos ni en gastos. Quedan en una suerte de limbo, así que es difícil que repercuta en el déficit. Otra cosa son los intereses:

Si la economía española finalmente usa los 100.000 millones de euros que puede emplear, y el tipo de interés del préstamo es del 3% (como parece que será finalmente), el estado tendrá que devolver los 100.000 millones de euros en un futuro pero además tendrá que pagar 3.000 millones de euros extra por haber pedido el préstamo. Los 3.000 millones de euros de intereses no se añadirían a la deuda pública, sino que quedarían contabilizados como gastos del estado. Y este aumento de gastos obviamente repercutiría negativamente sobre el déficit público del estado.

Al otro lado del charco, Estados Unidos tiene una deuda del 101%; buena parte de este dinero lo ha prestado China. Y, claro, quiere cobrar. El pasado agosto una agencia de noticias de Pekín publicó. “China, el mayor tenedor de deuda de la única superpotencia mundial, tiene ahora todo el derecho de exigir que Estados Unidos aborde sus problemas estructurales de deuda y garantice la seguridad de los activos en dólares de China”. Y animaba a Washington a recortar servicios públicos para ir reduciendo el déficit. ¿Les suena?

Es muy importante señalar que la mayor parte de la deuda española es privada (familias y empresas).  Desde 2001 a 2008, esta deuda pasó del 100% al 200% del PIB. Este hecho demuestra que el motor del crecimiento económico en España estuvo basado en la industria del crédito. Es cierto que el estado ha derrochado millones de euros en aeropuertos vacíos y centros culturales estériles; pero el greso de la deuda es consecuencia de la avaricia de los bancos, que daban créditos sin control.

Ahora se quiere  reducir el déficit y la deuda mediante el recorte de inversión pública. Los economistas críticos Alberto Garzón y Juan Torres-López explican por qué no es buena idea:

El gasto público es un estimulante del crecimiento económico. Aunque bajemos el gasto público, lo que conseguiremos será deprimir la economía (que entrará en recesión) y por lo tanto también los ingresos públicos, lo que significa que la relación ingresos-gastos se mantendrá igual. O, lo que es lo mismo, tendremos los mismos problemas de deuda que antes de comenzar a rebajar el gasto pero, además de ello a una población que en conjunto será más pobre (porque verá cómo los servicios públicos se deterioran y se pierden puestos de trabajo y caen los salarios).

Se puede vivir con déficit y con deuda, siempre que éstos sean estables. De hecho, el sistema se basa en el crédito bancario. Quien trate de vender como ciencia la reducción del déficit, en realidad está vendiendo ideología.

El rescate en 4 claves

1. Quién cobra, quién paga

Cien mil millones de euros. El 10% del PIB español. El 40% del PIB de Grecia. Esa es la cantidad que España va a pedir a la Unión Europea para sanear la banca. No es una intervención. El dinero va a destinarse exclusivamente a los bancos.

El 70% del sector está en buen estado, según el informe del Fondo Monetario Internacional. El restante 30% tiene problemas. A ese 30% va dirigido el préstamo. El Gobierno calcula que no se necesitarán los 100 mil millones de euros para sanearlo, pero pide más por si acaso. Quizá también porque algunos bancos sanos se sumarán al carro y pedirán dinero.

El préstamo, por supuesto, habrá que devolverlo. En teoría, serán los propios bancos quienes, una vez recuperados, paguen los 100 mil millones de euros a un interés ventajoso (Guindos dixit). Pero en teoría funciona hasta el comunismo. La clave de este asunto es que el Estado actúa como aval de los bancos. Es decir que si los bancos no pueden devolverlo, será España quien tenga que hacerlo.

Todas las reticencias de Alemania venían por ahí. Angela Merkel no quería inyectar dinero europeo directamente a los bancos porque sabía que quizá no lo recuperase. Un banco puede desaparecer y luego vete a buscar a los responsables… En cambio, si un país se responsabiliza del dinero… eso es otra cosa.

Por eso los 100 mil millones de euros irán a parar al FROB, al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria. La institución creada por el gobierno de Zapatero para emprender la reforma de las cajas de ahorro será la intermediaria entre Europa y los bancos con problemas.

El FROB es del Estado. El dinero del rescate va al FROB. Por tanto, el dinero va al Estado. Lo dejó bien claro ayer Luis de Guindos: el dinero del préstamo será deuda nacional. Y la deuda nacional la paga el Estado. Es decir, cobran los bancos, pagamos todos.

Uno de los problemas de los países del tercer mundo es, precisamente su deuda externa. Es tan grande que los asfixia. Pesa como una losa durante décadas. Los sucesivos gobiernos piden préstamos para pagar la deuda… No hay dinero para escuelas ni hospitales. Lo importante es saldar la deuda (y sus intereses).

El anterior gobierno introdujo en la Constitución Española un artículo que establece un techo de gasto. El artículo 135 dice: Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Es decir, que primero hay que saldar la deuda externa, y luego invertir en el resto de asuntos.

El Gobierno insiste en que la sociedad no tendrá que pagar la deuda. Ojalá tenga razón. De verdad. Porque si no, serán nuestros tataranietos quienes acaben pagando los excesos de un puñado de banqueros.

 2. Condiciones

El gobierno ha asegurado que el rescate no está condicionado a más recortes. Junto con el dinero, no encontrarán una nota con peticiones. En parte, está en lo cierto. Sólo en parte.

En mayo de 2010, la Unión Europea advirtió a Zapatero: o empiezas a implantar drásticas medidas de austeridad o intervenimos España. Así que aquel 10 de mayo, Zapatero subió a la tribuna del Congreso y… el resto es historia.

En realidad, llevamos recortando desde entonces. Han sido 2 años de malas noticias. Congelación de salarios, recorte de sueldo de trabajadores públicos, rebajas fiscales beneficiosas para las clases altas, reformas laborales perjudiciales para el trabajador, reducción de prestaciones sociales, reducción de presupuestos en sanidad, educación e investigación, despido o no contratación de interinos, congelación pensiones… Es muy posible que tengan razón quienes dicen que de no haber sido por estas medidas hubiéramos sido intervenidos antes. Cuando la Troika intervino Grecia, envió a un puñado de funcionarios a poner en marcha todas estas medidas (y alguna otra). Ahora mismo, en el ministerio de economía griego no está dirigido por griegos, sino por personas venidas desde Bruselas y Washington. Esto no va a suceder en España.

Lo que va a suceder es mucho más sutil. El gobierno no va a obedecer a Bruselas: va a seguir sus recomendaciones. Tampoco estará formalmente sometido al FMI: pero aplicará buena parte de las high priority recomendations que publicaba en su informe sobre la banca española.

Juncker bromea con Luis de Guindos este lunes en el Eurogruopo. | Reuters

El comunicado del Eurogrupo sobre el rescate a España deja bien claro cuál es nuestro futuro:

El Eurogrupo valora que España ya haya implementado significativas medidas para el ajuste fiscal, para la reforma laboral y para fortalecer el capital de los bancos españoles. El Eurogrupo está convencido de que España va a cumplir sus compromisos sobre el excesivo déficit y con las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas será vigilado muy de cerca y regularmente revisado en paralelo con la asistencia financiera.

Es decir, los funcionarios de Bruselas seguirán en Bruselas pero leerán cada documento, revisarán cada presupuesto y tendrán el teléfono cerca para dar un toque de atención. No nos marcan el camino, pero nos censurarán si nos desviamos. Como decía Ford: cualquier cliente puede tener el coche del color que quiera, siempre y cuando sea negro.

3. Imagen

“El ritual exige que el líder se haga presente cuando la nación se vea amenazada. El presidente se dirigirá consternado a su país y le emplazará a superar las dificultades con unidad y fuerza”. Son palabras de Luis Arroyo en su libro El poder político en escena. Al parecer, nadie en Moncloa lo ha leído. Si no, no se entienden los dos errores de imagen cometidos este fin de semana por el gobierno.

El primero es que Mariano Rajoy debería haber comparecido ayer ante los medios. Él es el presidente. Los ciudadanos lo votaron a él, no a Luis de Guindos. No me malinterpreten. Estoy de acuerdo en que lo importante debería ser el qué y no el cómo. Pero este no es un mundo perfecto, y en política a veces vale más la forma que el contenido.

Quizá lo correcto hubiera sido una rueda de prensa conjunta entre Rajoy y Guindos. El primero da una explicación política y el segundo se centra en los detalles técnicos. En su lugar, el ministro de Economía leyó un comunicado y respondió a las preguntas de los periodistas (no todas) con un tono muy poco adecuado. Cuando le preguntaron por la ausencia de Rajoy zanjó el asunto con la siguiente frase: Vamos a ver, pues por una cuestión muy simple, porque yo soy miembro del Eurogrupo y no el presidente del gobierno, y la reunión ha sido del Eurogrupo. Siguiente cuestión.

Tampoco ayudó que Guindos eligiese utilizar un lenguaje técnico, más apto para economistas que para ciudadanos. A ello se unió que no quiso dar la cifra del préstamo ni los intereses que conlleva (por cortesía al Eurogrupo, dijo). Pero Guindos quizá olvidó que los periodistas tenemos internet en el móvil, y en mitad de la rueda de prensa ya circulaba en twitter el documento del Eurogrupo. En resumen, una rueda de prensa que merecerá ser estudiada por los políticos y gabinetes de comunicación del futuro.

Parece, sin embargo, que el gabinete de comunicación de Moncloa se ha dado cuenta de que la ausencia del presidente no era una buena idea y esta mañana Mariano Rajoy ha dado su segunda rueda de prensa en solitario desde noviembre de 2011. Ha sido en el Salón de Tapices, el lugar reservado por los gobiernos de España para las cuestiones importantes.

Es justo reconocer que el Ejecutivo ha tratado de enmendar su primer error pero, a mi juicio, no ha subsanado el segundo: la asistencia de Mariano Rajoy al partido de fútbol entre Italia y España. En una situación normal, es lógico y hasta beneficioso que un presidente apoye a la selección nacional de fútbol. Pero éste no es un momento normal.

Es muy posible que, como ha dicho, Rajoy, el asunto ya esté solucionado y, por tanto, su presencia en Madrid no sea imprescindible. Pero, de nuevo, la imagen importa. Los ministros de defensa no disparan a talibanes pero viajan a Afganistán a apoyar a las tropas; tampoco los presidentes de comunidades autónomas ponen ladrillos pero hemos visto a algunos con casco y pala. Es cierto que un Gobierno delega en el equipo económico los detalles de su política, que con internet y móvil se puede trabajar desde Polonia igual que desde Madrid (de hecho, el Eurogrupo se reunió ayer por videoconferencia)… Pero no es cuestión de eficacia política. Es cuestión de imagen.

Los gobiernos españoles no suelen ser buenos en esto. El próximo aspìrante a la Moncloa quizá debería ponerse a leer el libro de Luis Arroyo o, como mínimo, visionar con atención El Ala Oeste de la Casa Blanca. 

4. El futuro que nos espera

Durante los últimos años, hemos leído cientos de predicciones de economistas. Muchas no se han cumplido. Quizá tampoco mis predicciones lo hagan, pero me gustaría exponer cuál creo que va a ser el futuro de España. La verdad, ojalá me equivoque.

  • Adelgazamiento del Estado. España seguirá la senda marcada por los economistas neoliberales, que buscan reducir el tamaño y las competencias del estado. Se privatizarán todas las empresas públicas posibles. La escuela y la sanidad pública serán el refugio de la clase baja y los inmigrantes. La calidad será mucho peor. Los que puedan, irán a la privada, donde la relación calidad-precio será muy desigual: el precio será astronómico pero la calidad no será mayor que la actual (pero sí que la de las escuelas públicas del futuro).
  • Subida del IVA: Será una de las primeras medidas. No sólo el IVA normal pasará del 18% al 21% o 23%, también productos por los que hoy pagamos un IVA reducido pasarán a la categoría ordinaria.
  • Aumento impuestos especiales (alcohol , tabaco, gasolina…)
  • Nueva reforma laboral
  • Reducción prestación por desempleo: No tanto la cantidad como la duración. El máximo de 2 años se quedará en 9 meses.
  • Reducción prestaciones sociales, como la ley de dependencia.
  • Eliminación de deducciones fiscales.
  • Aumento del paro como consecuencia de las privatizaciones y reducción de inversión pública

5. Enlaces

  • Portadas diarios españoles 10 de junio – Ver
  • Informe FMI – Ver
  • Documento Eurogrupo - Ver
  • Diferencias entre el rescate griego y el español, según The Financial Times – Ver
  • Resumen de prensa extranjera - Ver
  • Deuda Tercer mundo – Ver
  • El rescate en 8 claves (muy bien explicado) – Ver
  • Casi todo lo que nunca quiso saber sobre el rescate – Ver

Capitalismo de estado: ¿un sistema deseable?

1.-

La semana pasada, The Econonomist publicaba un especial de veinte de páginas al sistema económico en alza: el capitalismo de estado. El semanario se define como “liberal” y al inicio del especial ya avisa que se opone a cualquier intervención de los gobiernos en el llamado mercado libre. Durante los últimos años he considerado que el capitalismo de estado no era un sistema deseable, aunque lo hacía por razones diferentes a las de The Economist. Sin embargo, a medida que leía el especial me han surgido algunas dudas. ¿Es posible que este sistema tenga más beneficios que desventajas? ¿Es preferible al libre mercado?

Veamos antes de qué hablamos cuando nos referirnos al capitalismo de estado. En el imaginario liberal, las empresas de un país trabajan en competitividad pura, sin intervención positiva o negativa del gobierno. Se rigen exclusivamente por la ley de la oferta y la demanda; cada empresa busca el máximo beneficio y, al hacerlo, toda la sociedad se beneficia. Esta situación, sin embargo, es utópica. Los gobiernos intervienen siempre; la única diferencia es el grado y el modo. Ya desde el inicio del capitalismo, la corona británica impulsó la actividad de la Compañía de las Indias Orientales (otorgándole permiso exclusivo para ejercer el comercio en esta región durante 15 años); y hace muy poco que el actual símbolo del liberalismo ayudó a General Motors.

En oposición a este mito se encuentran aquellos estados que intervienen de forma clara en la marcha de las empresas. Hoy por hoy, Rusia y China encabezan la lista. En este último país el 80% de la capitalización de las empresas pertenece al estado; en Rusia la cifra supera el 60%. No es que el Kremlin eche un cable a empresas con problemas, es que posee y administra estas empresas.

De acuerdo con The Economist, el actual capitalismo de estado tuvo un triple origen.

a) En Singapur, Lee Kuan Yew impulsó durante los 40 años de mandato una mezcla entre capitalismo y valores asiáticos (familia y autoritarismo); así convirtió a su país en uno de los más competitivos del mundo (Deng Xiaoping imitaría este modelo en China).

b) Por otra parte, la crisis del petróleo de 1973 demostró que la energía podía utilizarse como un arma en las relaciones internacionales; su control iba a ser prioritario para muchos países.

c) Finalmente, la caída de la URSS y su posterior “ley de la selva” dejó en evidencia no los fallos del comunismo, sino los de ultraliberalismo (los oligarcas saquearon Rusia y la esperanza de vida descendió 6 puntos en un lustro); Vladimir Putin decidió que ciertos sectores debían estar en manos del Kremlin y trató de atar corto a los oligarcas (algunos, como Jodorkovsky, acabarían en la cárcel).

Con estos inicios, no es de extrañar que el capitalismo de estado suscite recelos. Rusia, China o la OPEP no son precisamente ejemplos a seguir en materias políticas, laborales o de derechos humanos. Sin embargo, no son los únicos que poseen y dirigen empresas esenciales. Francia posee el 85% de EDF, una compañía energética; Japón posee el 50% de Japan Tobacco, la tercera empresa tabaquera del mundo; un tercio de Deutsche Telekom es propiedad del Alemania; y Noruega, la filial del paraíso en la tierra, es dueña del 67% de la compañía de energía Sukoil. Hace unos meses, El País dedicaba un reportaje a este modelo:

El objetivo del Estado noruego ha sido obtener el máximo valor económico del sector en su conjunto en comparación con lo que podría obtener por la simple venta del gas y el petróleo. Nada más descubrir crudo, el Gobierno noruego redactó los diez mandamientos del sector, que decían que el petróleo era propiedad de los noruegos; que el Gobierno tendría el control y la gestión de las operaciones; que el país necesitaba crear una industria propia; que el sector debía ser respetuoso con el medio ambiente y que ese descubrimiento debía proporcionar a Noruega un papel eminente en política exterior. Los mandamientos se han cumplido.

La antítesis de Rusia es Brasil. En los 80 existían más de 500 empresas públicas; en los 90, sus dirigentes iniciaron una oleada de privatizaciones; Lula revirtió el proceso y hoy el estado controla el 38% de la capitalización de sus empresas. El capitalismo de estado brasileño se diferencia del ruso o chino en varios aspectos. El Estado no controla directamente las empresas, sino que lo hace a través de Banco Nacional de Desarrollo; tampoco posee la totalidad o la mayoría de las acciones, sino sólo una parte, la necesaria. Esto último presenta la ventaja de que limita la tentación de clientelismo y evita el uso de la empresa como arma o como estrategia de poder al tiempo que deja abierta la puerta a la ayuda estatal. Brasil también es uno de los pocos países que tiene una banca pública fuerte; gracias a ella, están saliendo de la crisis más rápido y con menos cicatrices que muchos países de Europa.

2.-

Según The Ecomonist, el capitalismo de estado es bueno para el estado pero malo para el libre comercio. A esto hay que responder que, en realidad, el libre comercio no existe. El propio semanario recuerda que el primer secretario del Tesoro de EEUU, Alexander Hamilton, puso en marcha un plan para impulsar la industria nacional, haciendo caso omiso de las prescripciones de Adam Smith. Hamilton comparaba a los países jóvenes con un niño; igual que se alimenta y protege a los hijos hasta que crecen, las economías en desarrollo necesitan protección y sustento para fortalecerse; sólo entonces pueden competir en los mercados mundiales. La actitud del incipiente estados unidos no es una excepción, sino la norma. El economista alemán Friedrich List afirmaba que los países ricos, una vez alcanzada la prosperidad gracias a la escalera del proteccionismo, le dan una patada a la escalera para que nadie más pueda alcanzarlos.

También se suele argumentar que el capitalismo de estado toma lo peor del capitalismo (explotación, conversión de las personas en trabajadores o consumidores) y lo peor del estado (corrupción, ineficacia, lentitud a la hora de innovar). Pero no es necesario que sea así. ¿Acaso no puede tomar lo mejor del capitalismo (producción masiva, innovación) y lo mejor del estado (preocupación por los ciudadanos y por el medio ambiente, respeto de derechos laborales, redistribución de beneficios…)? Hasta ahora los ejemplos del capitalismo de estado han sido Rusia y China. ¿Por qué no imitar a Noruega o Brasil?

Es cuestión de voluntad política. Uno de los sectores más propensos a ser administrados por el estado es la energía, seguido de las telecomunicaciones. Un estado puede utilizar el gas o del petróleo como arma (caso de Rusia con Gazprom), como herramienta de poder (las amenazas de la OPEP) o puede gestionar la empresa energética de forma que satisfaga las necesidades de sus habitantes por un precio más barato que el que ofrecerá una empresa privada (modelo noruego).

Parecido sucede con las telecomunicaciones. España decidió en su día vender Telefónica (por cierto, a un amigo del entonces presidente de Gobierno; ¿no quedamos en que el clientelismo era un mal exclusivo de la cosa pública?) y hoy miles de personas sufren sus servicios (no por nada se la suele llamar “Timofónica”). ¿Podría el estado ofrecer llamadas y datos a mejor precio que las operadoras tradicionales? Podría. ¿Perdería dinero? No.

Aquellos que duden de estas afirmaciones pueden acercarse a Mequinenza, donde el ayuntamiento se ha constituido en Operadora Móvil Virtual. A partir de este mes, quien quiera podrá contratar una línea con el ayuntamiento a precios más reducidos que los ofrecidos por el resto de compañías. Además, la intención del consistorio es alquilar la infraestructura municipal -repetidores, etc.- a otras compañías; con ello, esperan obtener un 15% de beneficio por la facturación de llamadas. ¿Imaginan un plan similar a escala nacional?

The Economist también dice que las empresas públicas son menos productivas. A este argumento se puede responder de dos formas:

a) A la cabeza de empresas hay que poner a profesionales, no a amigos de políticos (que, por otra parte, son quienes controlan muchas empresas privadas). China está aprendiendo a colocar al frente de sus empresas a personas que han estudiado en escuelas occidentales, no a comisarios políticos. Aquí podrían hacer lo mismo (aunque para eso tendría que cambiar la mentalidad política, y eso sí es mucho pedir).

c) ¿Qué más da si no son productivas? El objetivo de una empresa pública no es únicamente ganar dinero, el servicio que proporciona ya es un beneficio. Además, el (presunto) poco beneficio que reportase la empresa pública, iría a parar a las arcas del estado, no a manos privadas.

En definitiva, que el capitalismo de estado no tiene por qué ser un mal sistema. Depende de la calidad del estado que lo ponga en marcha y del uso que quiera dar a la empresa pública. Pero si algo podemos aprender de Vladimir Putin o Hu Jintao es que los países que controlan las actividades estratégicas (energía, comunicaciones, sistema financiero) son más poderosos. Si no se quiere nacionalizar Endesa o Telefónica por ideología, al menos debería hacerse por patriotismo.