El punto de partida promete. En el siglo XIV, alguien que hubiera podido viajar por Europa y Asia jamás habría apostado por el éxito de Inglaterra, Escandinavia o Alemania. Sin embargo, durante los siguientes 500 años, Europa y sus “hijos” han florecido hasta dominar el mundo y los antaño gigantes asiáticos como China, India o el Imperio Otomano se someten hoy a las políticas, economías y aun modas de lo que se suele denominar “Occidente”. ¿Qué ocurrió?

El historiador neoliberal Niall Fergusson sostiene que los factores que llevaron a Europa al éxito son 6: competencia entre países, desarrollo de la ciencia, sentido de la propiedad privada, evolución de la medicina, consumo privado y ética del trabajo. Después de una interesante introducción en la que radiografía el mundo hacía 1400 -es de agradecer el recordatorio de la corta esperanza de vida-, dedica un capítulo a cada factor. El esquema es siempre el mismo: situación del factor en su momento, declive en Oriente y auge en Occidente.
El problema es que la balanza está descompensada. Las páginas dedicadas a explicar el fracaso de China, Turquía o Japón en la ciencia, los viajes o la propiedad privada son fascinantes. También queda muy claro cómo en las últimas décadas estos países tratan de imitar a Occidente para alcanzar el nivel de vida de Estados Unidos y Europa (el ejemplo de la vestimenta japonesa es apasionante). No sucede lo mismo al hablar del auge de Occidente. En demasiadas ocasiones dilapida páginas y páginas en asuntos que sólo deberían ser un paréntesis en su argumentación. Me viene a la cabeza el capítulo dedicado a la medicina, donde en lugar de escribir sobre virus y vacunas el lector sufre 40 páginas sobre el colonialismo (y sus bondades).
Tampoco me llega a convencer su conclusión. Para Fergusson, la decadencia de Occidente se acerca y la única forma de evitarla es retomar la ética protestante de la que hablé hace unos meses. Coincido con el autor en que el calvinismo tuvo su importancia en el auge del capitalismo, pero de ahí a decir que China crece porque hay muchos cristianos y que Europa se arruina porque las iglesias están vacías hay un trecho muy grande.

Finalmente, Civilización es muy fácil de leer… quizá demasiado. Un libro destinado al público en general no tiene por qué caer en la sucesión de anécdotas. Me sobran ejemplos más o menos curiosos y me falta una argumentación vertebrada. Hay historiadores como Tony Judt que llegan al gran público sin perder el rigor. A su lado, Fergusson palidece.
Nota: 6/10

